CERRAR

La Capital - Logo

× El País El Mundo La Zona Cultura Tecnología Gastronomía Salud Interés General La Ciudad Deportes Arte y Espectáculos Policiales Cartelera Fotos de Familia Clasificados Fúnebres
Cultura 8 de octubre de 2023

Melina Torres: “Me gustan los artistas con una obra maravillosa que se retiran del mundo”

Zona Liberada es la novedad editorial del grupo Penguin que trae nuevamente a la entrañable detective Silvana Aguirre. En este policial que transcurre entre Rosario y Entre Ríos, con el Paraná como nexo, Melina Torres, sorprende vinculando la muerte dudosa de un artista, el narcotráfico, la militancia ambiental y lavado de dinero. En esta charla con LA CAPITAL, la autora nos abre una puerta al mundo que hay detrás de la ficción.

Foto: Lucrecia Ricciardi.

Por Dante Galdona

Melina Torres es una escritora y periodista rosarina que le dio vida al personaje de la detective Silvana Aguirre en Pobres Corazones y que ahora nos ofrece otro atrapante policial en Zona Liberada. Confiesa que lo único que la une con el personaje, “que salió de un plumazo durante un taller literario”, es la menopausia. Afirma que en verano en Rosario lo “único que se puede hacer es escribir”, y que su ciudad, a pesar de estar atravesada por la violencia y el narcotráfico es un ciudad “amable”, de la que nunca se iría. Con cierta ironía, dice que ella es “como dios pero al revés, primero creé a la mujer (Aguirre) y luego al hombre que la sostenga en sus pensamientos (Herrera)”. Melina Torres y una entretenida conversación con LA CAPITAL.

-Quiero empezar esta nota con una súplica: que Aguirre se enamore de la nueva informática.

-(Risas). Me encanta esa súplica. Ojalá. No sé si se enamora pero ya entra ese personaje que es muy diferente a los personajes anteriores. Es la primera vez que pongo una feminista que se llama feminista, lo del pañuelo verde es algo simbólico y especial para que entre en la novela. Aguirre es feminista pero no leyó a Judith Butler…

-Es muy interesante cuando empezás a describir la oficina y el detalle del pañuelo verde que te abre todo el panorama del personaje con un detalle, está muy bien trabajado.

-Es un lindo personaje para que arranque, me gustó que durante la novela se hablaba de ella pero nunca aparecía, me gustó jugar con eso.

-Contame un poquito de Aguirre. ¿Cómo llegaste a este personaje que es tan entrañable? Es rústica y tierna al mismo tiempo, es leal, es querible, ¿Cómo llegaste a darle esa dimensión al personaje de Aguirre?

-No sé si llegué yo a ella o ella llegó a mí de alguna manera. Yo viajaba mucho a un taller de cuentos, era un taller literario solamente de cuentos que lo dictaba Maxi Tomas en Buenos Aires hace muchísimo tiempo, mucho más de diez años. Era un taller al que sólo podíamos ir ocho o nueve personas, y teníamos que llevar nuestro material y en un momento para fin de año se le ocurrió hacer un concurso interno y propuso escribir un cuento policial, un cuento de género. Fue la única vez que él marcó el pulso del taller.

Yo nunca había escrito nada de policial ni de intriga, si bien tenía mis lecturas. A mí me gusta mucho Andrea Camillieri, Asa Larsson, tenía esas lecturas pero no era de los que leen policial, que son personas muy jodidas por otra parte, porque es como que leen solamente el género, le buscan la vuelta al género. Cuando me senté a escribirlo salió como de un plumazo Aguirre, salió con ese nombre, salió lesbiana, salió malhumorada y salió también futbolera, que yo no soy. Tampoco es que ella trabaja haciendo dulce con los hermanos franciscanos, o sea, trabaja en un departamento complicado y me imagino que no tenés el mejor humor del mundo.

-¿Es una especie de alter ego tuyo?

-No, no, no, nos distanciamos mucho y nos acercamos mucho en algunas cosas. En este mismo momento, lo que está atravesando Aguirre lo tengo yo. Yo la pienso como de una edad mayor que la mía, yo tengo 47 y estoy menopáusica como ella. Y ella tiene una edad en la que si no estaría atravesando por la menopausia, no la estaría conociendo, no solo a Aguirre sino que estaría de alguna manera desconociendo algo que nos pasa a todas las mujeres. Sabemos y hablamos muy poco de eso, ahora como que estamos empezando a hablar un poco más y bueno… eso sí me gustó ponerlo y eso es lo único que más o menos tenemos en común.

-O sea que utilizaste tu experiencia personal mientras escribías la novela y la incorporaste en el personaje de ella.

-Sí, pero solamente en ese sentido, después mi vida dista mucho de la vida de Aguirre, muchísimo, aunque caminamos la misma ciudad.

-¿Y Herrera cómo apareció?

-Algo que suelo decir es que yo soy como dios pero al revés, primero creé a la mujer y después necesitaba a alguien para sostener sus pensamientos. Aguirre y Herrera dialogan todo el tiempo, hablan del caso, se tiran hipótesis en el auto, en los comedores, restaurantes y bares que van, y yo necesitaba a alguien que le haga de pivote, ahí lo creo a Herrera como por pura necesidad.

-El calor en la novela está invadiendo todo, no sólo la temperatura del ambiente, de la atmósfera de la novela, sino del propio interior de los personajes. Como el narcotráfico. ¿Lo pensaste así?

-Qué bueno que está esto que decís. Sí, lo pensé porque el calor realmente es algo que está muy presente. Para quienes vivimos en Rosario, en Santa Fe, es como un pariente que te viene a visitar y no se va nunca, es una pesadilla. Entonces sí, tiene que estar muy presente, vos te levantás y lo primero que hacés antes, o es lo que yo hago, pero creo que lo hace todo el mundo, es chequear la sensación térmica, porque eso es otra cosa que nos sucede en el litoral, que es que puede haber una determinada temperatura pero la sensación térmica es muy diferente y es mucho más elevada. Entonces lo primero que chequeás es la sensación térmica y la humedad.

Pienso que sí, que el clima te afecta y yo quería darle eso a estos personajes. En Pobres Corazones era invierno y me gustó describir y presentar a Aguirre y Herrera en un invierno también muy frío producto de la humedad, y en Zona Liberada quería sacarme todas las ganas de describir el calor, las fiestas… Yo quisiera vivir en un invierno constante y desde que estoy menopáusica detesto el calor, lo detesto con toda mi alma. Por eso también juego con un aire acondicionado. Ellos tienen un aire acondicionado que lo acaban de adquirir y entonces como que juego todo el tiempo, es como muy aliviador de alguna manera. Estoy hablando y me está agarrando calor (risas).

-Nombraste los talleres que hiciste cuando cuando empezaste a escribir, ¿hiciste muchos?

-No, uno solo. Siempre escribí más en el ámbito periodístico, lo que es mi profesión. Siempre fui muy lectora y nunca soñé con esto. De alguna manera trabajar escribiendo ficción, que es algo muy diferente a la crónica periodística, el trabajo periodístico, si bien para las dos novelas yo hago mucha investigación, que trato de que no se note, pero yo tengo que investigar mucho porque son muchos temas de los que hablo. En Pobres Corazones estaba como bien metida en el asfalto y lo que es el narcotráfico, entonces tuve que leer expedientes, ir a algunos juicios que son públicos, hablar con forenses y en esta novela fue como más o menos lo mismo. También tengo algunas fuentes, las mejores son los cronistas policiales, que están en la redacción de mucho tiempo y me brindan datos que son maravillosos. Está bueno porque van mucho a la escena y entonces te dan olores o te dan esa otra mirada que a veces no entra en lo que es la crónica diaria y eso me lo guardo mucho.

-¿Te documentaste mucho en cuanto a lo que es la vinculación entre el mundo del arte y el lavado de activos, el narcotráfico, cómo llegas ahí?

-Sí, al mundo del arte llegué porque estudié gestión y políticas culturales en Barcelona, la maestría, y también estudié en Barcelona crítica de arte. Es un mundo que a mí me interesa mucho y lo que me interesa sobre todo es la vida de algunos artistas. Hace como cuatro años se hizo una muestra muy grande de Sergio Larraín, un fotógrafo chileno, que en un momento trabajó para Magnum.

-¿En él te basaste para el personaje de Ramón?

-Sí, a mí me gusta mucho Larraín, me gustan mucho las fotografías, Sebastián Salgado, por ejemplo, y una amiga que es crítica de arte de Chile me mandó un libro maravilloso que sacaron con cartas que Larraín le escribía, porque después de trabajar ahí en la agencia Magnum, de estar como en el top de todo, codeándose con Cartier-Bresson, por ejemplo, deja todo ese mundo y se va a un pueblo en Chile y se dedica a hacer yoga, escribir y pintar y con el mundo tiene una relación solamente por carta, se retira del mundo. Siempre me gustó eso y me gustó otro personaje que vivió acá que falleció que era increíble. Si hubiese nacido en Europa o Buenos Aires hubiese tenido otro recorrido que se llama Fernando Espino.

Fernando hacía un arte más abstracto. Por ejemplo, una vez vino un marchant de Buenos Aires a comprarle obras y Espino estaba trabajando en su patio, el marchant se presentó buscando a Espino, y él mismo le dijo “no, el señor no está, yo soy el jardinero”. Siempre me gustaron esos personajes, con una obra maravillosa pero retirados del mundo. Yo estaba escribiendo algo sobre un artista que es Ramón (el artista de la novela), pero te juro que no sabía que iba a entrar en el mundo de Aguirre. Tenía como setenta hojas escritas y ahí dije bueno, ¿y si el que se muere es Ramón?, tenía toda una vida y ahí lo maté a Ramón. Y ahí entré al mundo del arte, pero le tenía que dar una complejidad que es la complejidad que tiene Ramón vivo, la complejidad tanto en su elección sexual, que eso no se puede decir mucho porque es el final de la novela y entonces no podemos hablar tanto.

Entre eso y la falsificación, a mí me encantan los falsificadores y ahí es que entro a ese mundo. También quería meter la historia de esa banda de la postdictadura, mano de obra desocupada, libre por decirlo de alguna manera. Se llamaba Conexión Rosaura, después le dieron ese nombre, y que robaron mucha obra de arte, robaron en Rosario y en Buenos Aires también.

-También usás el humor, supongo que para que el lector respire. Pienso en el personaje de Jordán.

-Sí, Jordán me encanta. En Pobres Corazones apareció Jordán, yo lo adoro, adoré escribirlo. Necesitaba darle carnadura. Me puse a investigar cómo Joaquin Phoenix creó el Guasón, y ahí me di cuenta que Jordán, que si bien no es el villano, sí es el contrapeso de Aguirre, tenía que tener una identidad muy marcada. Todo el mundo tiene una vida B, digamos, más o menos bizarra. Es esa idea de que todos tenemos esa doble vida, hay en Rosario un gran crítico de cine que baila tap, una profesora que hace stand up. A mí eso me da mucha gracia.

Meli Torres_HD (10)

-Te saco un poquito de la novela y te pregunto por Rosario ¿cómo está allá el tema del narco?

-Para que haya narcotráfico tiene que haber una gran base de connivencia policial, no puede ser sino de otra manera, pero también hay un entramado que es importante nombrarlo que es el entramado que permite que se lave el dinero del narcotráfico y eso no se puede dar si no hay profesiones que lo faciliten que son arquitectos, inmobiliarias, contadores y abogados, o sea, sin esa pata el narcotráfico no puede existir. Porque se tiene que dar el lavado de dinero. Se ha seguido la ruta de una valija desde una villa que llegó a Puerto Norte, donde están las torres más lujosas de Rosario. Sin esto el narcotráfico no existiría y por supuesto sin una complicidad política. Por eso es muy difícil hablar de narcotráfico.

Rosario está así. Por ejemplo, mis hijos van a una escuela pública y este año dejamos de ir una semana a la escuela porque tuvimos amenaza de tiroteo, es muy fuerte. O sea, mis hijos saben lo que es la palabra balacera y van a una escuela de pública que queda en el centro, pero mis hijos saben de qué se trata. El primer día que llegamos, después de esa semana, en que nos reunimos toda la comunidad educativa para ver cómo seguíamos, cortaban el tránsito para que no pasaran motos, es muy raro en ese sentido. Pero de todas maneras cuando me preguntan a mí si yo tengo miedo, yo no soy una persona que tenga miedo. Hay una canción de una banda que se llama Matilda que dice “el miedo no te puede dominar cuando pensás” y a mí me gusta eso. De hecho hubo un proyecto político que casi llega a la intendencia, que tiene el slogan “Ciudad sin miedo”.

Hay algo ahí con lo que vivimos los habitantes de Rosario. Por otra parte no nos vamos de Rosario, para mí es una de las ciudades más lindas de Argentina yo no me iría de ninguna manera. Es súper amable, es contradictorio que se diga que es una ciudad amable, la podés caminar, la podés recorrer mucho a pie. Creo que es una de las ciudades con mayores áreas verdes de todo el país, tenemos un río maravilloso.

-¿Se está gestando algún tipo de solución al problema narco o todavía estamos lejos de eso?

-Mira yo mucho no quiero dar opiniones en ese sentido, pero no porque no las tenga sino porque me parece que yo soy una ciudadana y acá puedo opinar como ciudadana pero no sé cuánto vale la pena. Quisiera creer que sí, pero los datos son muy tremendos, hemos vivido cosas muy tremendas. Desde que le balearon la la casa un gobernador, no te olvides de eso, no te olvides de que en el 2020 se encontraron unos cuerpos desmembrados, agarraron un pibe al tole tole y lo liquidaron frente a la cancha de Newell’s.

-¿Ya estás preparando una nueva novela con Aguirre?

-En estos momentos que acaba de salir Zona Liberada estoy con muchas entrevistas que están buenas. A mí me encanta, para mí es como un regalo, ahora estoy en ésta y sí, ya pensando otras cosas. Estoy haciendo una investigación que para mí está buenísima y ojalá que me sirva. Me parece que va a ir por este lado, en diciembre me siento a escribir porque no se puede hacer otra cosa, hace mucho calor.



Lo más visto hoy