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La Ciudad 12 de septiembre de 2026

La tragedia del pesquero Foca II: la vida de película del hombre que se salvó a último momento del naufragio

Hace 60 años, Pablo Mangeri se salvó providencialmente de morir en un buque pesquero que había zarpado de Mar del Plata. Tuvo, luego, una vida rica en experiencias a lo largo del mundo. Pese a ello, nunca olvidó aquel día de 1966, cuando una circunstancia inesperada lo rescató de la catástrofe.

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Foto del año 66. Restos del naufragio del "Foca 2" rescatados por la Prefectura y tres de los marinos fallecidos: Tani, Marinelli y Nel.

por Gustavo Visciarelli

Desde hace 60 años, Pablo Mangeri tiene grabada una fecha en su memoria: 8 de septiembre de 1966, cuando lo desembarcaron a último momento del pesquero “Foca II” y se fue llorando por no haber conseguido el trabajo que le habían prometido.

El barco zarpó esa misma noche del puerto de Mar del Plata y se hundió quince horas después, sin dejar sobrevivientes. Días más tarde aparecieron dos cuerpos, atados a una balsa salvavidas. A los cinco restantes se los llevó el mar.

Pablo Mangeri era, entonces, un adolescente. Hoy tiene 78 años y recuerda: “Me habían contratado para formar parte de la tripulación. Todo estaba preparado para embarcar y salir al mar, pero de manera inesperada me tuve que quedar en tierra”.

Mangeri había llegado a ese barco por imperio del azar. “Yo vivía en Buenos Aires —relata— y me llevaba muy mal con mi padre, así que decidí irme a Mar del Plata junto a un amigo. Hicimos dedo y un camión nos llevó. No teníamos un peso, pasábamos hambre y dormíamos abajo del Torreón y en un vagón abandonado. Pero en ese tiempo había gente que ayudaba. Un hombre que nos vio tan mal nos dio permiso para dormir en una ‘tapera’ del barrio El Martillo. Todos los días salíamos a buscar trabajo y nos íbamos al centro caminando porque no teníamos una moneda. Otra de las personas que nos ayudó fue ‘El Pata’ Giúdice, un muchacho que conocimos en la calle y que tenía muchas amistades. Primero me consiguió una changa y vendí flores en Plaza Colón. Y un día me dijo: ¿Te animás a subirte a un barco?”.

Desembarco de uno de los dos cuerpos que fueron hallados después del naufragio del pesquero marplatense.

Desembarco de uno de los dos cuerpos que fueron hallados después del naufragio del pesquero marplatense.

El buque perdido

El “Foca II”, un pesquero construido a principios de la década del ’50 en Japón, había sido comprado en 1957 por la empresa Copemar. Tenía 23,46 metros de eslora, 4,92 de manga y capacidad de carga de 780 cajones.
Su último viaje comenzó en la noche del 8 de septiembre de 1966 cuando partió del puerto local para realizar tareas de pesca en Comodoro Rivadavia. Siete personas iban a bordo: Eliseo Espinosa (patrón), Keito Tani, Ramón Nelson, Miguel Marinelli, Norberto Rubén Nel y los hermanos Julio e Ismael Mustafá.

“Me habían contratado para formar parte de la tripulación. Todo estaba preparado para embarcar y salir al mar, pero de manera inesperada me tuve que quedar en tierra”

Pablo Mangeri relata: “Cuando ‘El Pata’ me propuso embarcarme, le dije que sí inmediatamente. Yo tenía libreta porque había hecho el curso en la Prefectura de Olivos. Además, lo que pagaban era una fortuna para mí. ‘El Pata’ me preguntó: ¿Qué sabés hacer? Le dije que podía cocinar. Justo estaban buscando a una persona porque el que cocinaba no podía embarcar”.

“Al otro día —continúa— me presenté en la empresa y me tomaron. Como no tenía ropa de trabajo, me la dieron. Tenía un olor a aceite terrible. Empecé a trabajar inmediatamente. Me acuerdo que ese día cargué alimentos… bolsas de cebolla, latas de tomates, esas cosas. Estaba todo preparado para embarcar, pero pocos momentos antes de la partida me llamaron con un megáfono y me comunicaron que el hombre al que yo estaba reemplazando se había incorporado a la tripulación. Me pagaron el día y me fui a la ‘tapera’ donde dormíamos con mi amigo. Llorando, le dije que no me habían dado el trabajo”.

Pablo Mangeri, a 60 años del naufragio en que pudo haber muerto, recordó a las víctimas de aquella jornada trágica.

Pablo Mangeri, a 60 años del naufragio en que pudo haber muerto, recordó a las víctimas de aquella jornada trágica.

El barco zarpó a las 22 y naufragó al otro día, cerca de las 13:30, a unas cuarenta millas náuticas de la costa de Claromecó, tras sufrir un rumbo en el casco. “Estoy haciendo agua y no la puedo parar. No sé si llego a tierra”, fue el último mensaje radial del capitán.

La desaparición del “Foca II” tomó estado periodístico 48 horas después. El 11 de septiembre, LA CAPITAL dio cuenta de la angustiosa búsqueda que desarrollaba la Prefectura con la colaboración de buques pesqueros. El 13 de septiembre hallaron en la zona del naufragio algunas maderas, un tanque de aceite, cajones de la empresa Copemar y un salvavidas con la inscripción “Foca 4553”. Al día siguiente, la tripulación del pesquero “Costa Atlántica” encontró una balsa salvavidas con los cuerpos de Miguel Angel Martinelli y Norberto Rubén Nel.

Década del '70. Mangeri con el camión que empleaba para vender helados en Nueva York.

Década del ’70. Mangeri con el camión que empleaba para vender helados en Nueva York.

La crónica de esa fecha puntualiza que ambos tenían colocados los chalecos salvavidas y que “los cuerpos estaban atados con tiras de polietileno a ambos costados del bote, recurso al que acuden los hombres de mar para mantenerse sujetos al medio de flotación”. No trascendió información sobre las causas de la muerte de ambos marineros, que fueron velados en sus domicilios. En medio de las expresiones de dolor producidas en esa jornada de luto, la prensa recogió voces de protesta por la precariedad de las normas de seguridad en los barcos de pesca.

Las noticias de la búsqueda se fueron diluyendo con el correr de los días. Los otros cinco cuerpos nunca fueron hallados y el naufragio del “Foca II” inició su camino hacia el olvido.

“Dos días después de que me bajaran del barco hice eso, y vi en el diario que el ‘Foca’ se había hundido. Me dio como un ataque”

Screenshot

Mangeri en Sudáfrica junto a dos modelos, durante una campaña publicitaria para una joyería española de la que fue director de ventas.

“Me dio como un ataque”

Pablo Mangeri se enteró del naufragio de manera accidental, cuando las primeras noticias empezaron a aparecer en la prensa. “Todos los días —relata— nos íbamos caminando hasta el diario LA CAPITAL. Seguíamos buscando trabajo y ahí nos dejaban ver los clasificados gratis. Dos días después de que me bajaran del barco hice eso, y vi en el diario que el ‘Foca’ se había hundido. Me dio como un ataque”.

Mangeri permaneció en Mar del Plata varios meses más. Consiguió un trabajo temporario (mostraba departamentos que una constructora había puesto en venta) y pudo hospedarse en un hotel céntrico y comer todos los días. Luego regresó a Buenos Aires y su amigo tambièn lo hizo, pero sus caminos tomaron distintos rumbos. No volvieron a verse.

Pablo Mangeri se embarcó en el carguero alemán “Cap Bonavista”, pero su travesía naval terminó en Nueva York, donde desembarcó con la osada intención de quedarse. Tenía 18 años, muy poco dinero y desconocía el idioma. “La tuve que pelear. Dormí la primera noche en el subte —dice Mangeri— y después localicé a un amigo de mi padre que me dejó dormir dos noches en su casa. Mi primer trabajo fue en una planta de la RCA Victor, ensamblando radios. En seguida conseguí empleo en un restaurante, primero como lavaplatos, luego como ayudante de cocina y al poco tiempo de mozo. Un año después me incorporé al Club Playboy de la 58 y la Quinta Avenida y ahí aprendí el oficio de barman. Luego me fui a California y trabajé varios años en el famoso restaurante Hamburger Hamlet, donde era frecuente la concurrencia de estrellas de Hollywood”.

Como barman, trabajó en cruceros internacionales. En la foto, en Haití, a bordo del "Nordic Prince", de Norwegian Caribbean Lines.

Como barman, trabajó en cruceros internacionales. En la foto, en Haití, a bordo del “Nordic Prince”, de Norwegian Caribbean Lines.

Conformando un currículum torrencial, también fue barman en cruceros internacionales y tuvo un camión de venta de helados. “En invierno —señala— trabajaba como barman en cruceros y en verano vendía helados en Nueva York”. Conoció 16 países, y en España trabajó como director de ventas para una joyería, tarea que lo llevó a Sudáfrica para abrir una sucursal.

Hoy está jubilado, vive en Buenos Aires, desarrolla un emprendimiento orientado al turismo internacional, impresiona en el diálogo como un hombre feliz, habla con elocuencia de su entorno afectivo y, quizás por haber nacido dos veces, aparenta menos edad de la que tiene. Pese al tiempo transcurrido y a las experiencias que acumuló en su vida, aquel día de 1966 sigue grabado en su memoria. “Desde entonces —asegura— nunca pude olvidar a aquellos hombres con quienes, de no haber sido por una circunstancia de último momento, habría compartido aquella travesía. Al haberse cumplido 60 años del naufragio, quiero rendir homenaje a los integrantes de la tripulación. Que sus nombres, sus historias y el sacrificio de tantos hombres de mar nunca sean olvidados”.