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Advierten aumento de adolescentes que se autolesionan para tramitar la angustia

Profesionales advierten que las autolesiones sin intención suicida aparecen a edades cada vez más tempranas y en todos los sectores sociales. Hay más consultas tanto en el ámbito público como privado. Las causas de un sufrimiento que necesita ser escuchado y acompañado.

La Ciudad 25 de octubre de 2026

Por Gonzalo Gobbi

Cortes, quemaduras, rasguños, mordeduras y golpes contra el propio cuerpo. Son algunas de las formas adoptan las autolesiones sin intención suicida, una problemática que tal vez a muchos adultos les resulte ajena o lejana, pero que viene creciendo en silencio entre los adolescentes y que está cada vez más presente en casas, escuelas, consultorios y salas de internación, tanto del sector público como privado, de Mar del Plata y el resto del país.

El asunto no pasa por señalar culpables ni por buscar explicaciones simples. Crecer nunca fue fácil, pero hoy la adolescencia transcurre en un mundo donde “el tejido social ha perdido densidad”, con vínculos complejos, incertidumbre y cambios acelerados.

En ese contexto, puede ser difícil procesar lo que se siente cuando todavía se están construyendo las herramientas para comprender las propias emociones. Para algunos chicos y chicas, el sufrimiento psíquico se vuelve tan intenso que encuentran en el daño físico una forma de “descargarlo” o “aliviarlo”, aunque sea por un momento.

Profesionales consultados por LA CAPITAL coincidieron en que las autolesiones requieren atención, escucha y un abordaje que contemple al adolescente y a su entorno. También marcaron la necesidad de evitar dos reacciones frecuentes: el castigo o el enojo, por un lado, y la minimización, por el otro. Que en ese acto no exista intención de morir no significa que el sufrimiento sea menor ni que la situación pueda dejarse pasar.

Autolesiones1

En Argentina no hay una estadística oficial que permita establecer la cantidad exacta de adolescentes que se autolesionan sin intención suicida, pero los profesionales describen una presencia cada vez más frecuente de estas conductas en las consultas.

Manuela Otegi Banno, psicóloga especialista en clínica con niños y adolescentes, trabaja en el Hospital Materno Infantil, donde también coordina la residencia de Psicología y es docente universitaria.

“Hay un incremento en las consultas por autolesiones. Hicimos una investigación que estamos cerrando sobre 2024 y 2025 y hubo un aumento en las autolesiones en internación del Materno”, señaló y aclaró que esos casos representan solo una parte del fenómeno, porque la mayoría de las autolesiones no requiere internación: llegan al hospital cuando la gravedad de la situación hace necesaria esa atención.

En el área de internación, las autolesiones y los intentos de suicidio ocupan el segundo lugar, después de los ingresos vinculados con situaciones de maltrato y abuso infantil.

La psicóloga, luego, informó: “Dentro de la población clínica, en las consultas casi el 60% presenta autolesiones”. 

En cambio, estimó que en la población general el porcentaje podría rondar el 20%. Se trata de estimaciones referidas a universos distintos, no de cifras oficiales que permitan afirmar que esos porcentajes se replican en toda la ciudad.

Dentro de la población clínica, en las consultas en el Materno Infantil casi el 60% presenta autolesiones.

Dentro de la población clínica, en las consultas en el Materno Infantil casi el 60% presenta autolesiones.

Favio Di Sabatto, psicólogo especialista en adolescencia y juventud, docente e investigador de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP), también trabaja en un centro de salud municipal y coincidió: “Hay un incremento en el último tiempo de este tipo de situaciones”.

Al referirse a las adolescentes que llegan a las consultas, dijo que “el 80% de las adolescentes, por lo menos, algún corte se han hecho”. Luego, aclaró que muchas no consultan específicamente por ese motivo, sino que llegan por otros problemas o a controles de salud en los que las lesiones se detectan.

Fátima Amado, médica generalista especializada en adolescencia, que atiende en un centro de salud municipal, en consultorios del Hospital Privado de Comunidad (HPC) y en Casa Eninsa, también refirió que las autolesiones aparecen con mayor frecuencia en las consultas, “quizás porque se habla más de salud mental en los medios y las redes, y eso de alguna manera habilita a que los adolescentes traigan esas consultas”, dijo.

Otro aspecto que se repite en las observaciones de los tres profesionales es la edad de aparición. Amado recordó que históricamente estas conductas se detectaban a los 14 o 15 años, mientras que “ahora aparecen en chicos y chicas de 11 y 12”.

Otegi Banno, por su parte, señaló que en el Materno Infantil “suelen observarlas a partir de los 12 o 13 años”, en línea con las edades de los pacientes que atiende el hospital. En su mayoría, son mujeres.

Históricamente estas conductas se detectaban a los 14 o 15 años, pero ahora aparecen incluso a los 11 y 12 años, sobre todo entre mujeres.

Históricamente estas conductas se detectaban a los 14 o 15 años, pero ahora aparecen incluso a los 11 y 12 años, sobre todo entre mujeres.


Del dolor psíquico al físico

Para comprender estas conductas, es necesario mirar más allá de la lesión. No siempre es sencillo para un adolescente explicar qué le pasa, identificar sus emociones o encontrar a un adulto con quien hablar sin miedo a ser juzgado. En ese contexto, el dolor físico puede convertirse en una forma de “tramitar un sufrimiento, una angustia” que no encuentra otra salida inmediata.

“Cuando uno lee investigaciones sobre autolesiones en adolescentes, ve que esa autolesión es más un mecanismo de regulación o de descarga”, explicó Amado y agregó: “El adolescente tiene un sufrimiento tan grande que no lo puede poner en palabras por su edad o su maduración. Ahí, la autolesión genera un pequeño momento de dolor físico en el que hay cierta descarga o alivio de ese sufrimiento psíquico”.

Otegi Banno planteó una idea similar desde la psicología clínica. Según explicó, en muchos casos “aparecen cuadros de angustia en los que la persona no logra expresar con palabras” lo que le sucede.

“No serían una búsqueda de morir, sino intentos de tramitar alguna vivencia que, por algo, en ese momento se vuelve insoportable”, señaló. Y agregó: “Hay algo del dolor psíquico que se torna insoportable de otras maneras. No hay palabras que estén pudiendo dar una respuesta y puede aparecer el dolor en el cuerpo, generándoselo, como un modo de localizarlo, delimitarlo y aliviarlo”.

Profesionales definen al incremento de los casos de autolesiones como "una epidemia" que avanza en silencio.

Di Sabatto también contó que escucha regularmente a adolescentes que describen “una sensación de alivio” después de lastimarse. En ocasiones, precisó, “el desencadenante puede ser una decepción amorosa, un conflicto con una amiga, una pelea en el hogar o una situación que genera frustración, angustia o sensación de desamparo”.

“Ante una situación que les ha resultado angustiante, dolorosa o frustrante, pueden hacerse pequeños cortes. En general, no buscan el suicidio”, remarcó. Sin embargo, aclaró que esa diferencia “no le resta importancia a lo que sucede”, ya que la autolesión constituye una respuesta riesgosa frente a un malestar que necesita ser atendido.

En este punto, Otegi Banno hizo una distinción importante: “Desde la psicología vemos que no es solo un síntoma que tenemos que eliminar, sino que tenemos que entender que esta actividad, que es voluntaria, es un intento de solucionar algo que viene pasando”.


“No hay que minimizarlo”

“Es importante dejar bien en claro que la autolesión no es lo mismo que el suicidio, pero eso no le quita peso. Y por más que haya muchos casos, no hay que minimizarlo”, advirtió Otegi Banno y aclaró: “No es un mero llamado de atención. Hay que consultar”.

Amado coincidió en que una de las primeras tareas en la consulta es identificar si existe ideación suicida asociada. Después, el abordaje debe profundizar en lo que le sucede al adolescente, las circunstancias en las que aparecen las lesiones y la situación de su entorno.

“No todas las situaciones tienen el mismo nivel de riesgo ni requieren las mismas intervenciones”, coincidieron los profesionales.

Di Sabatto explicó que, en la mayoría de los casos que observa, las autolesiones “pueden disminuir hasta desaparecer” cuando el adolescente encuentra “un espacio terapéutico donde hablar de lo que le pasa y desarrolla otros recursos para afrontar la angustia”.

Pero también hay situaciones de “mayor complejidad”, en las que pueden intervenir otros problemas (como el consumo de sustancias) y se necesita un trabajo conjunto entre psicología, psiquiatría, el entorno familiar y -en ocasiones- los servicios sociales.

Depresión


Familia, escuela y entorno

Las autolesiones no aparecen en el vacío. Es necesario comprenderlas “en relación con la vida cotidiana” de los adolescentes, sus vínculos y los recursos de acompañamiento con los que cuentan.

Di Sabatto indicó que muchas de las situaciones que llegan a consulta están atravesadas por “sentimientos de soledad y desamparo”. También planteó que “cambiaron las formas de relacionarse”, las posibilidades de construir proyectos y los espacios de encuentro entre pares, como así también las maneras de acercarse a los primeros encuentros sexuales.

“En muchos adolescentes lo que vemos es falta de proyecto, falta de ideales, falta de futuro”, expresó. A su entender, los cambios en las formas de vinculación hacen que sea necesario prestar atención a cómo los chicos y chicas se integran, construyen amistades y encuentran lugares donde sentirse parte.

En la adolescencia, además, el cuerpo cambia rápidamente y aparecen preguntas vinculadas con la identidad, la sexualidad y la relación con los demás. “Es una etapa en la que empiezan a cambiarles muchas cosas y se convulsiona el mundo interno del adolescente. Ahí es donde uno tiene que estar más atento”, explicó el psicólogo.

“Los procesos de construcción de la salud siempre se dan en relación con algo del mundo adulto que pueda alojar al adolescente”, sumó Otegi Banno.

Amado señaló que, en su experiencia, muchas familias “ya conocen el sufrimiento” de sus hijos, incluso cuando todavía no saben que existen autolesiones. “A veces perciben cambios de ánimo, retraimiento o dificultades para desenvolverse en la vida cotidiana”, contó.

teléfono celular, clases, escuela, colegio

Por eso, recomendó que las consultas médicas de rutina también sean espacios para preguntar qué está pasando, aun cuando la familia no haya planteado el tema como motivo de consulta.

La escuela, por su parte, suele ser un ámbito importante para detectar las señales. Los adolescentes pasan allí buena parte del día y pueden confiar en un docente, un preceptor o alguien del equipo de orientación.

La detección, remarcaron los profesionales, no debería convertirse en una exposición pública ni en una situación de vergüenza. Se trata de ofrecer “una puerta de entrada a la ayuda”, con discreción y cuidado, y de activar el acompañamiento correspondiente cuando hay señales de sufrimiento.

Por otro lado, la relación entre las autolesiones y las redes sociales es otro tema que aparece en las consultas. Los especialistas advierten que atribuir el fenómeno exclusivamente a internet sería una explicación incompleta.

“No hay que quitarle peso porque muchos lo hagan. Es algo de lo que se habla más, antes quizás no se veía tanto, pero tampoco nadie se lastima a sí mismo porque vio un TikTok. Esto no es por las redes; sería una postura ultrarreduccionista verlo así”, afirmó Otegi Banno.


Acompañar sin castigar

¿Qué hacer cuando un adulto descubre cortes o quemaduras un adolescente? La primera recomendación de los profesionales es intentar mantener la calma, acercarse con preocupación genuina y evitar los reproches y las amenazas.

“Es importante siempre buscar ayuda, no reaccionar con la vergüenza o con el castigo”, señaló Otegi Banno. La psicóloga explicó que, si bien puede ser necesario retirar objetos con los que el adolescente pueda lastimarse y establecer medidas de supervisión de acuerdo con el riesgo, eso no reemplaza el abordaje clínico ni el espacio para hablar de lo que está sucediendo.

Di Sabatto recomendó preguntar qué le pasa al adolescente, “no para castigarlo, sino para poder escuchar qué le está pasando”, y aconsejó observar cambios en la vida cotidiana: si puede ir a la escuela, si se integra, si mantiene amistades, si se retrae o si busca cubrir determinadas zonas del cuerpo de una manera inusual.

terapia-mujer

Ninguna de esas señales, por sí sola, confirma una autolesión, pero pueden ser indicadores para acercarse y preguntar con cuidado.

Amado recomendó “empezar por el médico o la médica de cabecera, o por el pediatra que sigue al adolescente”, y solicitar una consulta con psicología.

“Siempre va a haber una respuesta desde el sistema de salud a esta demanda”, aseguró la médica, al alentar a las familias a consultar sin esperar a que la situación se agrave.


Salir adelante

Los especialistas coincidieron en que el acompañamiento puede dar resultados. “Con abordaje, ayuda y acompañamiento, son fenómenos que remiten”, sostuvo Otegi Banno y destacó: “No lo pensamos como una cuestión crónica ni mucho menos”.

La psicóloga explicó que el objetivo del tratamiento es que el adolescente pueda encontrar “otras formas” de tramitar el sufrimiento: “El sufrimiento es algo inherente a la vida, y la adolescencia particularmente también tiene sus dificultades. Uno tiene más recursos cuando crece y, a veces, hay que acompañar ese proceso para que puedan encontrar otros modos, más mediados por la palabra, de expresar el sufrimiento psíquico”.

Eso no implica que todas las situaciones se resuelvan del mismo modo ni en los mismos tiempos. Algunas requieren un trabajo más prolongado y coordinado entre distintas disciplinas. Lo importante es no esperar a tener todas las respuestas para pedir ayuda.

Detrás de cada lesión hay una historia particular. Entenderla, sin estigmatizar ni minimizar, es el primer paso para que el dolor pueda encontrar palabras y no tenga que expresarse a través del cuerpo.

El Hospital Materno Infantil cuenta con una guardia de salud mental infantojuvenil, donde pueden acercarse quienes necesitan orientación y atención para chicos y adolescentes.

El Hospital Materno Infantil cuenta con una guardia de salud mental infantojuvenil, donde pueden acercarse quienes necesitan orientación y atención para chicos y adolescentes.


Dónde y cómo pedir ayuda

Ante una situación de autolesiones, el primer paso puede ser consultar con el pediatra o el médico de cabecera, un servicio de salud mental o un equipo de psicología.

En Mar del Plata, el Hospital Materno Infantil cuenta con una guardia de salud mental infantojuvenil, donde pueden acercarse las familias que necesitan orientación y atención para chicos y adolescentes. Para las personas adultas, también existe atención de salud mental en el Hospital Interzonal General de Agudos (HIGA).

Además, la Línea de Salud Mental del Municipio es el 109 y funciona las 24 horas, los 365 días del año. A nivel provincial, la Línea de Salud Mental de la provincia de Buenos Aires es el 0800-222-5462, disponible las 24 horas. La Línea Nacional de Salud Mental es el 0800-999-0091, también con atención permanente. Ante una emergencia médica, se puede llamar al 107. El Centro de Asistencia al Suicida atiende en el 0800-345-1435.