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Cultura 2 de agosto de 2026

Alejandra Dabel narra las historias ocultas de Mar del Plata en “Aguavivas costeras”

La escritora reúne en un libro las crónicas nacidas en el suplemento cultural de LA CAPITAL y propone un recorrido por los episodios, personajes y escenarios que construyen la memoria de la ciudad.

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Alejandra Dabel es docente, directora de espectáculos de teatro y danza, guía naturalista y de patrimonio histórico, y autora del libro de cuentos “La máquina de hacer feliz”.

Hay una ciudad que aparece en las postales y otra que permanece oculta bajo la superficie. Entre el brillo del verano y la rutina del invierno, entre el puerto, los barrios, las avenidas históricas y los espacios cotidianos, existen historias que sobreviven apenas en la memoria de unos pocos. Esas historias son el territorio de “Aguavivas costeras” (Gualicho Editorial), el nuevo libro de Alejandra Dabel, un volumen que reúne crónicas para pensar lo marplatense desde una mirada que desnaturaliza lo conocido.

El libro nació a partir de una serie de textos publicados durante 2025 en el suplemento cultural de LA CAPITAL. Pero, según cuenta la autora, el proyecto cambió rápidamente de rumbo.

“Al principio pensé que iba a escribir sobre personajes conocidos o sobre lugares emblemáticos de la ciudad, pero enseguida me di cuenta de que lo que más me atraía eran esas historias que habían quedado medio escondidas”, cuenta la autora. Entre ellas, hay “un velorio que terminó pareciendo un carnaval, una guerra entre vecinos que llegó a niveles absurdos, un avión que se cayó al mar, un verano en el que hubo una ola gigante y al día siguiente un ataque de tiburón”. En definitiva, Dabel las define como “historias que ocurrieron acá, pero que casi no forman parte de la memoria de la ciudad”.

El libro se encuentra a la venta en librería Fray Mocho y también en la sección Tienda del sitio web Biblioguía.

El libro se encuentra a la venta en librería Fray Mocho y también en la sección Tienda del sitio web Biblioguía.

El título dialoga con las “Aguafuertes porteñas” de Roberto Arlt, de quien la autora reconoce que primero le interesó la actitud del cronista argentino frente al mundo. “Siempre me interesó esa manera de salir a mirar lo que pasa alrededor y convertirlo en literatura”, reconoce.

Después apareció la palabra “aguavivas” que da nombre al libro: “Me gustó porque tiene algo muy playero, pero también porque las aguavivas no se ven enseguida, muchas veces recién te das cuenta que están ahí porque las sentís –¡y cómo!–. Creo que con muchas de las historias del libro pasa algo parecido. Uno cree conocer una ciudad hasta que aparece un episodio que cambia por completo la imagen que teníamos de ella”.

Por este motivo, reconoce que debió afrontar otro desafío, que es el de “escribir sobre el lugar donde nací. Uno cree que conoce de memoria su propia ciudad y, justamente por eso, deja de mirarla. Las crónicas me obligaron a recuperar esa curiosidad, a prestar atención a cosas que siempre estuvieron ahí y que, en realidad, había dejado de ver”. Esa búsqueda de la autora que atraviesa el libro es también una invitación al lector a recorrer la ciudad con una mirada renovada, como si la descubriera por primera vez, para develar –en el sentido de quitar el velo– aquello que la rutina vuelve invisible.

Una ciudad que produce historias

La ciudad que emerge de estas páginas está lejos de cualquier definición unívoca. Dabel rechaza la idea de una esencia marplatense y, en cambio, pone en primer plano la convivencia de realidades diversas.

“Siempre me incomodó un poco la idea de que exista una ‘verdadera Mar del Plata’. ¿Cuál sería? ¿La de enero o la de julio? ¿La del puerto, la del centro, o la de los barrios? Son realidades que conviven”. Por eso, reflexiona: “Al final entendí que el libro no podía aspirar a reunir todas esas ciudades en una sola. Lo único que podía hacer era recorrer algunas de ellas y aceptar que siempre iba a quedar una Mar del Plata por fuera del recorte”.

Más que buscar una identidad homogénea, el libro encuentra una extraordinaria capacidad para producir relatos: “Desconfío un poco de la idea de una identidad marplatense. Si uno junta en la misma mesa a un pescador que va al agua todas las semanas, un empresario inmobiliario, un productor frutihortícola de Sierra de los Padres, un mozo que trabaja a full los tres meses de temporada y alguien que no conoce el mar a pesar de vivir acá, probablemente encuentre más diferencias que parecidos. Lo que sí encontré fue una ciudad con una enorme capacidad para producir historias. Y eso, para alguien que escribe, ya es un montón”.

Esa premisa transformó también el modo de construir el libro. “Cuando empecé, pensaba que el libro iba a estar más apoyado en los lugares –cuenta la autora–. Muy pronto entendí que los lugares, por sí solos, no alcanzaban. Lo que los volvía interesantes eran las historias que habían ocurrido ahí. Una esquina dejaba de ser una esquina cuando descubrías que por ahí había pasado Alfonsina Storni en su última noche con vida. Una playa dejaba de ser una playa cuando aparecía el relato de un túnel relacionado con el espionaje nazi. La ciudad empezó a cambiar a medida que cambiaban las preguntas que yo le iba haciendo”.


“Ojalá un lector marplatense termine el libro con la sensación de que todavía quedan historias por descubrir en una ciudad que creía conocer de memoria”.


Observar, leer y conversar como puntos de partida

Cada crónica da cuenta que detrás hubo mucha investigación, entrevistas y trabajo de campo. Al respecto, cuenta su autora que “algunas crónicas nacieron de conversaciones, otras de lecturas, de recuerdos o de caminatas. Y otras surgieron a partir de una noticia vieja o algún dato que parecía increíble. Después venía el trabajo de comprobar si realmente había pasado. Ahí aparecían los expedientes, los diarios de la época, las entrevistas y, muchas veces, las contradicciones entre una fuente y otra. Esa parte me interesaba tanto como la escritura. El objetivo era entender qué había pasado realmente y después encontrar la mejor manera de contarlo”.

Alejandra Dabel, en la presentación del libro en Dickens.

Alejandra Dabel, en la presentación del libro “Aguavivas costeras” en Dickens.

Esa combinación entre observación, archivo y narración ya podía advertirse en las crónicas publicadas en LA CAPITAL, como “Piratas, naufragios y reposeras”, que reconstruye la travesía de los marineros británicos que en 1742 naufragaron en la playa hoy conocida como Varese, o “El país dentro de un galpón”, sobre el paseo de compras Ferimar, un clásico del verano, que tuvo un trágico desenlace.

Otra de las crónicas publicadas en este suplemento es “El faro y sus sombras”, que parte de una caminata por el Faro de Punta Mogotes para hablar de su historia, desde su construcción en Francia y su instalación en 1891, hasta las sombras de la dictadura, cuando funcionó como centro clandestino de detención. Para ello, cuenta el proceso de recuperación del espacio como Sitio de Memoria y pone sobre la mesa las disputas por preservar ese legado hoy, hasta la polémica por la instalación de un bar de gin en un predio lindero. El faro funciona, en la crónica de Dabel, como una metáfora central: un dispositivo que ilumina el mar pero que, durante décadas, convivió con la oscuridad del terrorismo de Estado. La imagen final condensa esa idea al preguntarse qué es lo que el faro ilumina hoy: ¿el paisaje, los nuevos emprendimientos o los fantasmas de un pasado que todavía reclama memoria?

No es posible cuidar aquello que no se conoce

El volumen está atravesado por una convicción: no es posible cuidar aquello que no se conoce. Desde esa premisa, las crónicas buscan ampliar la mirada sobre Mar del Plata y fortalecer el vínculo con el territorio.

Por eso, el deseo de la autora apunta tanto a los lectores locales como a quienes llegan desde afuera: “Ojalá un lector marplatense termine el libro con la sensación de que todavía quedan historias por descubrir en una ciudad que creía conocer de memoria. Y ojalá alguien que nunca estuvo en Mar del Plata descubra que detrás de una ciudad tan conocida también hay relatos inesperados y sorprendentes”.

De ese modo, “Aguavivas costeras” propone un recorrido por una ciudad que nunca termina de agotarse. Sus crónicas recuperan historias olvidadas, cuestionan las versiones más conocidas del pasado y recuerdan que toda ciudad guarda zonas todavía inexploradas para quien esté dispuesto a detenerse, observar y volver a preguntar.