Alexandra Kohan: “Hoy en día todo el mundo no puede parar de hablar de dinero”
La psicoanalista y escritora cuestionó la obsesión por la riqueza, el culto a los millonarios y la presión que reciben los jóvenes para convertirse en emprendedores exitosos. También contó la historia de su padre, que construyó una fortuna y terminó perdiéndolo todo, y recordó su infancia feliz en Mar del Plata, donde nació.
Alexandra Kohan, psicoanalista y escritora nacida en Mar del Plata, analizó en Agenda Real la obsesión contemporánea por el dinero, las nuevas aspiraciones de los jóvenes y los valores que transmite la sociedad.
“Hoy en día todo el mundo no puede parar de hablar de dinero”. La afirmación pertenece a Alexandra Kohan, psicoanalista y escritora, quien durante una extensa entrevista con Agenda Real, el programa de Canal 8 y LA CAPITAL, reflexionó sobre una sociedad atravesada por la obsesión económica, la fascinación por los millonarios y una cultura que parece haber convertido la productividad en una obligación permanente.
Autora de un libro dedicado al dinero, Kohan aclaró que su trabajo no pretende ofrecer respuestas económicas, sino explorar las transformaciones que la lógica mercantil produce en las relaciones humanas.
“No es un libro de economía, tampoco es un libro acerca de la crisis económica, pero sí es un libro acerca de las formas economicistas o mercantiles que nos invaden todo el tiempo y que afectan las relaciones con otros”, explicó.
Y añadió: “No tener dinero es trágico. No tener para pagar las cuentas, irse a dormir preocupado o no poder dormir por las deudas, eso es trágico”.
Sin embargo, su preocupación apunta también hacia otro fenómeno: la creciente influencia de las reglas económicas sobre aspectos de la vida que deberían conservar una lógica diferente.
“Me interesa qué pasa con las formas de dar, de recibir, de apostar a una relación, de asumir ciertos riesgos en épocas de especulación financiera”, señaló.

La escritora y psicoanalista con su nuevo trabajo: El libro del dinero.
La escritora sostuvo que el dinero siempre constituyó un problema para la humanidad, aunque considera que actualmente su influencia se extiende hacia territorios que antes parecían menos condicionados por los cálculos económicos.
“No se trata solamente del dinero, sino de la forma de la especulación, de la forma mercantil, que deshumaniza y fragmenta el lazo con el otro”, reflexionó, al retomar una idea de la escritora Anne Carson.
“Todo el tiempo todo el mundo habla de dinero, incluidas las personas que no tenemos problemas económicos. Por eso digo que no es un asunto meramente económico”, afirmó.
El millonario como nuevo ídolo
Uno de los momentos más contundentes de la entrevista estuvo dedicado a la transformación del millonario en una figura de admiración social, especialmente entre los jóvenes.
“Me parece que querer ser millonario es una aspiración muy triste y muy opaca”, afirmó.
Y desarrolló su pensamiento: “El que quiere ser millonario tiene un interés desmedido por la acumulación y la riqueza, que no tiene nada que ver con el deseo, no tiene nada que ver con la vocación, no tiene nada que ver con establecer lazos con otros, con la generosidad”.
Para la psicoanalista, el fenómeno está acompañado por un discurso que presenta la riqueza como una consecuencia casi inevitable del esfuerzo individual. “Hay un nuevo sentido común armado alrededor de la idea de que cualquiera de nosotros puede ser millonario. Hay una aspiración y eso para mí es preocupante”, explicó.
También cuestionó las promesas de enriquecimiento que circulan en las redes sociales. “Me entristece que haya tanta vidriera en las redes sociales de pibes jóvenes diciendo: ‘Te voy a enseñar a ser millonario’”, señaló.
Kohan considera que esas promesas desconocen las desigualdades económicas y las dificultades que enfrenta buena parte de la sociedad.
“Si fuera una cuestión de voluntad o una cuestión de trabajo, habría muchísimos millonarios, porque hay una cantidad de gente que trabaja un montón y no tiene para pagar las cuentas”, afirmó.
La escritora también estableció una diferencia entre distintas etapas del capitalismo. “Vivimos un capitalismo, como dicen muchos autores, destructivo. No es un capitalismo ni inclusivo ni productivo, ni que genere trabajo. Es un capitalismo destructivo, es un capitalismo tanático”, sostuvo.
“Sé tu propio esclavo”
La conversación avanzó sobre otro fenómeno que Kohan relaciona con la obsesión por el dinero: la obligación permanente de ser productivos. En una época en la que las redes sociales exhiben jóvenes que se levantan de madrugada para entrenar, trabajar, invertir o desarrollar emprendimientos, la escritora advirtió sobre la aparición de nuevas formas de sometimiento.
“Me parece que estamos viviendo una alienación realmente impresionante a la productividad, al empuje, a la forma mercantil”, afirmó.
Y explicó: “Ahora el imperativo es que tenés que ser productivo y que tenés que producir todo el tiempo, incluido ir al gimnasio”. Kohan señaló que ese mandato se presenta muchas veces bajo la promesa de alcanzar una independencia económica que puede terminar convirtiéndose en una exigencia todavía mayor.
“También cambiaron las nociones de trabajo, claramente. Si todo el mundo quiere ser emprendedor, también el problema es creer que cualquiera puede emprender cualquier cosa”, observó.
En ese punto recuperó una expresión de una amiga que considera especialmente representativa de la época. “Ya no es ‘sé tu propio jefe’, sino ‘sé tu propio esclavo’, porque esas personas son esclavas de sí mismas”, expresó.
La escritora aclaró que no cuestiona a quienes eligen desarrollar una actividad independiente, sino el discurso que convierte esa decisión en una obligación universal.
La infancia frente al mercado
Otro de los aspectos que despertaron mayor preocupación en Kohan fue la influencia que esta cultura del dinero tiene sobre los niños. Durante la conversación se mencionó la creciente familiaridad de chicos y preadolescentes con las inversiones financieras, las criptomonedas y las herramientas digitales para administrar dinero.
“La pobreza es un modo de arrasar la infancia. Los niños que no tienen para comer es un modo de arrasar la infancia”, expresó. Pero inmediatamente planteó otra situación que también considera problemática.
“Los niños que lo tienen están invirtiendo o pensando en eso, en lugar de estar jugando, también para mí es un modo de arrasar la infancia”, afirmó.
La escritora vinculó esa preocupación con la expansión de las apuestas y la ludopatía juvenil. También cuestionó la idea de que los padres deban preparar a sus hijos para convertirse en personas competitivas y exitosas.
“Uno no cría un hijo para que sea exitoso en la vida, o sea, no cría un hijo para meterlo en una carrera”, afirmó. Y añadió: “Uno cría un hijo y le transmite cosas, valores, deseos, qué sé yo, le enseña lo que puede, le enseña lo que no sabe, se lo transmite inconscientemente”.
Para la psicoanalista, la educación de los niños no debería organizarse exclusivamente alrededor de las futuras necesidades del mercado laboral. “Uno no prepara un soldado para el mercado”, resumió.

En ese sentido, recomendó la lectura de Las pequeñas virtudes, un ensayo de Natalia Ginzburg que recupera la importancia de transmitir a los hijos una relación generosa con el dinero y fomentar una vocación.
Kohan también reflexionó sobre la preocupación de los padres por el futuro económico de sus hijos y el peso que esa inquietud tiene al momento de elegir una profesión.
“Yo entiendo que los padres nos asustamos y pensamos: ‘Uy, ¿de qué va a vivir?’. Pero nosotros también tuvimos esa pregunta”, explicó.
Y agregó: “No es verdad que hay profesiones en las que está garantizado que van a poder vivir de eso”. La escritora señaló que elegir una actividad exclusivamente por sus perspectivas económicas puede terminar generando frustraciones.
“Elegir una profesión solamente por la variable económica también a la larga me parece que fracasa”, sostuvo.
Desde su perspectiva, encontrar una actividad relacionada con el propio deseo constituye una experiencia que trasciende ampliamente sus resultados materiales. “No hay nada más lindo que una vocación, que trabajar por algo que a uno le gusta y tener una mínima imaginación, un sueño, un proyecto”, afirmó.
Kohan utilizó su propia trayectoria para explicar que vivir de una profesión elegida por vocación requiere un proceso prolongado. “Yo tengo 55 años, me recibí hace más de veinticinco y el camino es larguísimo. Muchas veces trabajé de cualquier cosa y no trabajé siempre de atender pacientes en el consultorio”, contó.
Recordó incluso que durante la crisis económica de 2001 atendía pacientes que le pagaban sus consultas con patacones. “Hay un trabajo enorme detrás de ese deseo del que uno no se puede desentender, que a veces es una bendición y a veces es una maldición la vocación”, expresó.
El padre que ganó una fortuna y perdió todo
Uno de los momentos más personales de la entrevista llegó cuando Kohan recordó la historia de su padre, un empresario argentino que nació en la pobreza, consiguió construir una importante fortuna y finalmente terminó perdiéndola. “Mi padre era pobre de chico, era pobre directamente”, recordó.
Nacido en 1918, consiguió desarrollar una actividad industrial a partir de un invento propio. “Él inventó algo, con su invento logró fundar una cosa muy grande y después la fundió”, relató.
Kohan aclaró que su padre había sufrido las dificultades económicas de la Argentina, particularmente las consecuencias de la apertura de importaciones durante la gestión de José Alfredo Martínez de Hoz. Sin embargo, consideró que la pérdida de su patrimonio no estuvo determinada exclusivamente por las crisis económicas.
“Él no se quedó sin nada por las crisis económicas de este país, sino por cuestiones personales”, explicó. Y planteó una pregunta que, según reconoció, todavía intenta responder. “¿Cómo alguien es capaz de perderlo todo? De no poder parar de perder”. La psicoanalista confesó que llegó a interpretar aquella conducta como una forma de compulsión comparable con la de las personas que no pueden detenerse cuando juegan.
“Alguna vez pensé que era como una especie de ludópata”, contó. Pero inmediatamente aclaró: “No se jugó la plata en el casino ni mucho menos, pero no podía parar de perder”.
Kohan reconoció que esa transformación no le provocó personalmente grandes dificultades económicas porque cuando ocurrió ya era adulta y había construido su propia vida.
“Yo soy una privilegiada porque no viví problemas económicos. Nunca tuve problemas económicos”, afirmó. También recordó que siempre trabajó, incluso cuando su padre tenía recursos suficientes para mantenerla. “Siempre trabajé desde que terminé el colegio, aunque no lo necesitaba porque tenía un padre que podía mantenerme”, contó.
Su padre, en cambio, sufrió las consecuencias personales de aquella pérdida, aunque contó con el acompañamiento de sus cuatro hijos. “Cuando digo perdió todo, es perdió todo. Pero no es que no tenía para comer, por supuesto que sí, además tiene cuatro hijos y entre todos lo sostuvimos”, explicó.
Mar del Plata, su infancia feliz
Hacia el final de la entrevista, Kohan recordó su relación con Mar del Plata, la ciudad donde nació y pasó los veranos de su infancia. La escritora llegó al mundo el 29 de enero de 1971 en la Clínica 25 de Mayo, durante unas vacaciones familiares.
Sus padres acostumbraban pasar los veranos en un departamento del edificio Terraza Palace, conocido popularmente como “la máquina de escribir”. “Mi mamá ya tenía tres hijos y decidió, como yo nací el 29 de enero, no volver a Capital a tener el parto”, recordó.
La decisión convirtió a Mar del Plata en su ciudad natal, aunque la familia regresaba habitualmente a Buenos Aires al finalizar el verano.
Durante los primeros once años de su vida continuó pasando las vacaciones en la ciudad. “Realmente yo adoro Mar del Plata. Para mí Mar del Plata es eso, es mi infancia y es mi infancia feliz”, expresó.
La escritora explicó que esos recuerdos están estrechamente ligados con una etapa de bienestar familiar que terminó cuando sus padres se separaron. “Cuando yo tengo once años mis padres se separan y en esa separación el departamento se vende. Nunca más voy a Mar del Plata”, contó. Y agregó: “Coincide con la ruptura de lo familiar”.
Kohan también recordó que desde pequeña siempre conoció al Terraza Palace como “la máquina de escribir”, un nombre que con el tiempo adquirió otro significado por su actividad como escritora.
Y evocó una frase que su madre solía repetir ante distintas situaciones familiares. “Mi mamá decía mucho, cuando alguno de nosotros se mandaba alguna macana, ‘estaba escrito’”, recordó.
La coincidencia entre aquella frase, el edificio de su infancia y su posterior relación con la escritura le permitió encontrar nuevos significados en sus recuerdos. Una Mar del Plata que quedó asociada para siempre con las vacaciones, la vida familiar y una etapa que la escritora sigue definiendo como su infancia feliz.
