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Cultura 8 de octubre de 2026

Argentina en Venecia es como un mapa en blanco

La obra de Matías Duville representa a la Argentina en la Bienal de Venecia 2026, en un contexto marcado por el avance de capitales privados sobre la producción cultural y los recursos del país. Una lectura de "Monitor Yin Yang" y de las condiciones que hicieron posible su llegada a Venecia.

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Monitor Yin Yang (2026), de Matías Duville.

Por Valentín Quintaié

Monitor Yin Yang, la obra de Matías Duville enviada para representar al Pabellón argentino en la Bienal de Venecia 2026, aparece en un contexto en el que el Gobierno nacional busca proyectar una imagen de Argentina disponible para la inversión externa al mismo tiempo que desprecia hacia adentro a quienes habitamos el territorio. Hace apenas unos días, la Corte Suprema revocó el fallo que frenaba la derogación de la Ley de Tierras, y volvieron a caer los límites a la propiedad en manos extranjeras.

Mientras tanto, ¿debería importarnos lo que se exhibe en una de las burbujas del circuito internacional del arte contemporáneo? Tal vez no. Sin embargo, la Bienal arrastra una disputa de sentido que se remonta a las primeras exposiciones universales: desde su fundación es un evento de diplomacia cultural atravesado por conflictos geopolíticos más o menos camuflados.

Este año las tensiones políticas se filtraron en sus dos sedes principales. El jurado de premiación renunció debido a la participación de Rusia e Israel. Sindicatos de trabajadores culturales, trabajadores de la propia Bienal, artistas y activistas, participaron de distintas acciones de protesta, que llegaron incluso a alterar el funcionamiento de los pabellones durante los días de preapertura.

En ese marco, la Bienal todavía puede darnos un indicio de cómo quiere ser oficialmente reconocida Argentina en el mundo. Cada dos años, el Estado interviene en esa representación. Para esta edición 2026, el Gobierno nacional introdujo un cambio en las reglas del envío: por primera vez el Estado dejó de financiar la realización de la obra seleccionada y trasladó a los artistas la responsabilidad de conseguir los fondos para producir el envío.

Durante la preinauguración y a través de un comunicado oficial, el propio Gobierno destacó el papel de la Galería BARRO, representante de Matías Duville, visibilizando de manera explícita el aporte de la galería comercial en la realización del envío oficial argentino.

Cinco días después de la inauguración de la muestra, se anunció que Ama Amoedo compró la instalación y la incorporó a su patrimonio. Coleccionista, presidenta de la Fundación Ama Amoedo y nieta de Amalita Fortabat, Amoedo además integró el jurado de selección del envío. De los siete integrantes de este jurado nacional, cinco no pertenecen a instituciones estatales.

Más que la participación de privados, ya presentes en ediciones anteriores, la novedad para los artistas argentinos en 2026 fue la institucionalización de un modelo que desplaza el financiamiento público hacia la lógica de mercado. Cuando Duville fue consultado por estas modificaciones, presentó su llegada a Venecia como un logro personal, luego de postularse sin suerte durante doce años. Además, agradeció a quienes participaron de la realización de la obra y a los coleccionistas y galeristas que hicieron posible el proyecto.

Monitor Yin Yang, bajo estas nuevas bases, se convirtió en la representación oficial de Argentina.

¿Pero qué imagen proyecta la obra sobre este clima de época?

Dentro del catálogo no oficial de la exhibición, que incluye textos de Michel Nieva, una selección de 50 dibujos, un álbum de fotos y un dibujo desplegable que funciona como mapa, la curadora Josefina Barcia la describe como “un proyecto interdisciplinario de escala monumental que articula video, instalación, sonido y dibujo expandido, usando sal y carbón vegetal en un escenario recorrible como un territorio.”

El ingreso al primer sector del pabellón, apenas alumbrado por el resplandor de unos monitores de seguridad, propone un primer punto de vista sobre la instalación. Los monitores transmiten lo que registran una serie de cámaras dispuestas en la siguiente sala. Multiplican y fragmentan la perspectiva a la vez que permiten a los visitantes observar sin ser observados.

La segunda parte cambia de escala: en un espacio de más de 50 metros de largo se despliega sobre el piso un manto blanco de toneladas de sal y líneas negras de carbón que arman un gran dibujo. La sala principal está iluminada con una luz blanca, fría y pareja; las paredes pintadas de negro borran el perímetro y, de fondo, se acopla un soundscape que acompaña las fluctuaciones del clima insular. Este segundo momento propone un punto de vista desde adentro. La instalación es recorrible y, a medida que los visitantes caminan sobre la sal, las figuras de carbón se van desarmando.

En sus obras, Matías Duville suele trabajar a partir del dibujo construyendo paisajes que parecen colapsados y atemporales. La línea “peluda” que caracteriza su trazo resulta imprevisible. Se arrastra, se retuerce y se borronea. En Monitor Yin Yang, las figuras hechas con carbón sugieren fósiles, abismos, meteoritos, cruces, senderos, autos estrellados, construcciones abandonadas y pinos. En varias ocasiones Duville ha comentado que la extensión de los paisajes del sur, que visitaba de chico con su familia, opera como punto de partida para sus obras.

Según el texto curatorial, la utilización de sal y carbón como materiales alude a recursos que cruzan la historia social y económica del comercio. Hoy, en Argentina, los combustibles fósiles y los minerales son el motor de una economía extractiva. Los salares son reservorios de minerales críticos para la transición energética y ya son explotados por empresas privadas de capital extranjero. Su control forma parte de una disputa geopolítica entre Estados Unidos, China y Europa por el acceso a recursos estratégicos.

Monitor Yin Yang es un dibujo de grandes proporciones sobre el suelo que se transforma a medida que los espectadores lo recorren. La obra funciona sola. Pero es precisamente por eso que conviene preguntarse qué posición construye como representación de la Argentina en el contexto político actual.

Ante la ausencia de figuras humanas en el dibujo, son los visitantes quienes aparecen sobre una superficie de sal y carbón que se ofrece para ser recorrida y transformada. El visitante interactúa con la representación de un territorio que parece devastado, pero nunca enfrenta las consecuencias de esa devastación.

La obra propone una experiencia contemplativa: los monitores que preludian el paisaje y la posibilidad de alterarlo le sugieren al espectador un punto de vista desde el cual la relación con el suelo aparece desprovista de conflicto. El daño aparece como un hecho consumado, sin responsables.

Monitor Yin Yang pone en escena un territorio disponible para ser intervenido al mismo tiempo que representa a un país cuyas propias condiciones de producción son entregadas a los capitales privados y extranjeros. En ese sentido, resulta perfecta para ilustrar la situación actual de Argentina.