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Cultura 22 de enero de 2023

“Camila. ¡Regresa, abuelito!”, un libro que aborda el duelo en la infancia

Romina Giugno, escritora nacida en Mar del Plata y criada en Otamendi, conversa con LA CAPITAL sobre su reciente obra destinada a público infantil, en la que narra el proceso que atraviesa una niña por la muerte de su abuelo.

Romina Giugno contó a LA CAPITAL el proceso de escritura de “Camila”.

“Camila. ¡Regresa, abuelito!”
Romina Giugno
Ilustraciones de Rocío Koizumi
Sevilla
Babidi-bú
2021

Desde la escuela, el mercado editorial y el cine, se generan cada vez más discusiones sobre cómo habilitar conversaciones y espacios para que los niños y las niñas puedan entender y expresar lo que les pasa. “Intensamente”, la película animada de Pixar estrenada en 2015, por ejemplo, es una de las producciones que colaboró en instalar el debate sobre los estados de ánimo en la infancia y la importancia de distinguirlos para poder controlarlos. Este filme como otras obras literarias empieza a poner sobre la mesa temas de salud mental y educación emocional para la infancia.

La muerte, sin embargo, todavía es un tema tabú en la literatura infantil, a pesar de ser algo que el niño puede -y suele- entrar en contacto a causa de la pérdida de una mascota, un familiar y más en los últimos años de pandemia. Un texto que viene a abrir esa puerta prohibida por animarse a abordar las emociones despertadas por el duelo es “Camila. ¡Regresa, abuelito!”, escrito por la marplatense Romina Giugno e ilustrado por Rocío Koizumi. Este libro-álbum, que comenzó su proceso de edición con Babidi-bú (editorial española) en 2020 y que ahora está disponible en librerías de Mar del Plata, tiene como protagonista a una niña que narra las sensaciones transitadas tras la muerte de su abuelo, desde el desconsuelo hasta la esperanza.

Romina Giugno cuenta a LA CAPITAL el proceso de escritura de “Camila”, personaje que se vincula con la niña que fue y que la lleva a recordar las sensaciones que atravesó con la muerte de su propio abuelo.

Camila

También comparte que su relación con la literatura nace desde temprana edad, cuando su abuelo Eugenio pierde la vista, por lo que se esfuerza en aprender a leer con fluidez para convertirse en su narradora. Por eso, sus primeras lecturas fueron las páginas del diario. “Puedo verme todavía de pie en su comedor, aferrada a esas páginas del diario, páginas enormes que cubrían mi horizonte de letras, historias, abrían un mundo nuevo ante mis ojos y encendían el motor de mi imaginación”, dice la autora.

Enseguida, descubre en la biblioteca familiar los cuentos y las novelas, sus “grandes compañeros, que me rescataron del aburrimiento y me dieron libertad”. La lectura llega de la mano de la escritura, primero a través de cartas, y después en forma de poemas y cuentos. Pero desde hace siete años Romina Giugno viene escribiendo historias para público infantil. Motivada por el deseo de que sus libros sean “abrigo y nutrición de muchas infancias”, sostiene que escribe para el niño que todos llevamos dentro.

-¿Cómo nació la idea de “Camila. ¡Regresa, abuelito!”?

-Cada cuento que escribo no es el producto de una idea inicial. No es ese el recorrido que llevo adelante como escritora, el que me identifica. Mis obras son una expresión de mi sentir ante una situación, suceso, vivencia que llega, me impacta, me moviliza y me provoca el deseo de escribir. Cada uno de mis cuentos lleva como título el nombre del niño o la niña que lo inspiró. En este caso puntual, Camila es una niña de mi ciudad que atravesó a muy temprana edad el duelo por la pérdida de su tía a quien amaba profundamente. Esa situación tan dolorosa y cercana me conectó con este deseo de calmar y colmar con palabras el dolor, de acompañar a esa niña y, de algún modo, recorriendo mis propias vivencias, me convocó a conectarme con la niña que fui, con los duelos que transité y fue el de mi abuelo materno Hugo el que marcó estructuralmente mi historia. En esa danza de emociones envueltas en letras, nació “Camila, ¡Regresa abuelito!”.

-Al comenzar a escribir, ¿de qué forma te propusiste narrar el proceso del duelo que atraviesa una niña cuando pierde a su abuelo? ¿Desde qué enfoque quisiste posicionarte?

-Más allá del deseo de escribir, de expresarme, la piedra fundacional fue saber que le estaba hablando a un niño, la responsabilidad que eso ameritaba, la huella que traza en la niñez la palabra dicha así como la omitida. Todo esto pesó muchísimo al momento de sentarme a escribir la historia. Fue desde un lugar honesto, en consonancia con mi sentir, con un lenguaje sencillo, tierno, cercano, inocente. El discurrir de las preguntas que una niña se hace ante la pérdida de su abuelo, la búsqueda de respuestas, los estados que atraviesa, de desconsuelo, de esperanza, todo el proceso. Centrada en un profundo respeto a los lectores, a las familias lectoras, diversas en lo estructural, en lo cultural y religioso, en las costumbres, creencias. Quería que sea de algún modo un manuscrito universal y atemporal.

-¿Qué mitos, lugares comunes o prejuicios debemos derribar los adultos para abordar el duelo en la infancia?

-Tal vez acá el gran tema sea saltar la barrera del silencio. Silenciamos porque nos cuesta hablar de un tema tan doloroso y sí, claro que cuesta, porque nos conecta con nuestro propio dolor, porque no sabemos cómo. Hay muchas personas que pueden orientarnos, ayudarnos, ordenarnos y guiarnos, que nos ayudan a sanar, a fortalecernos para poder seguir acompañando. Y hablo de recurrir a los profesionales de la salud, a la red de contención más cercana, familia, amigos, acercarnos a un referente que sea fuente de contención para nosotros. Muchas veces es el adulto acompañante el que atraviesa el duelo junto al niño y todo, creo yo, se vuelve más complejo. Pedir ayuda es un gran primer paso. Asumir que no tendremos todas las respuestas. Que no tendremos todas las respuestas ya.

-¿De qué modo la literatura abre puertas para que se fomenten prácticas basadas en el afecto, la escucha, la atención a la subjetividad de los niños y las niñas?

-Para mí, la literatura es llave, clave, puente, es invitación. Cuando cerramos un libro, se abre un mundo. Hemos conocido un personaje, una vida, un trocito de su historia, nos hemos dejado alcanzar por la magia de la lectura. De modo que no somos los mismos ahora que cerramos este libro que antes de abrirlo. Leer nos transforma. La literatura provoca en los niños expresión, replica, convoca, los invita a reflexionar, a compartir (si ellos así lo desean) todo lo que movilizó el cuento que leyeron, que sintieron, si se vieron identificados. La literatura los conecta con su sensibilidad y les propone un escenario único para compartir y manifestarse.

-¿Cuán importante es permitir que pongan en palabras su experiencia del duelo?

-Creo que, en principio, es importantísimo validar lo que los niños transitan. Con presencia, con escucha, con un estar comprometido, que puedan poner en palabras todo aquello que necesiten exteriorizar me parece, mas allá del proceso del que estemos hablando, algo valiosísimo.

-¿Cómo ha sido la recepción de tu libro hasta el momento?

-Tuve el privilegio de recorrer distintas instituciones educativas donde leí “Camila” al público infantil. Fue para mí el momento más esperado, donde materializás todo eso que todavía no podés creer, donde el sueño se hace realidad. Agradezco y atesoro la primera presentación, la fundacional, en el Centro Educativo Dionisia (nivel primario) de mi ciudad: Comandante Nicanor Otamendi. Un encuentro que no olvidaré jamás, los rostros de los chicos, su emoción, la generosidad de la infancia que comparte, expresa, espera y entrega todo de sí. Eso para mí fue tan importante y fue solo el inicio. A partir de allí fue el replicar de lo compartido aquella tarde, fue recorrer otras instituciones, fue seguir disfrutando este camino y a todos ellos, alumnos, padres, comunidad es y será siempre gracias.



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