Cayó tras un raid de asaltos a comercios y ahora fue condenado a más de 7 años de prisión
Cristian Eduardo Lucero (40) recibió una pena de 7 años y 6 meses por seis robos agravados cometidos en poco más de un mes. Entre sus blancos hubo una heladería en la que había trabajado durante casi dos años y cuyos dueños lo reconocieron pese a que intentó ocultar su rostro.
Durante poco más de un mes sembró el temor entre distintos comerciantes marplatenses. Siempre armado, a veces acompañado y otras actuando solo, irrumpió en heladerías, panaderías, comercios de barrio y hasta en un hotel…
Pero su raid delictivo terminó en la madrugada del 27 de agosto de 2025, cuando fue detenido por la policía apenas unos minutos después de fracasar en el último golpe. Ahora, casi un año después, el juez Federico Cecchi, del Tribunal Oral en lo Criminal N° 4, condenó a Cristian Eduardo Lucero (40) a 7 años y 6 meses de prisión al encontrarlo responsable de cometer seis robos agravados, cinco consumados y uno en grado de tentativa.
La sentencia fue dictada en el marco de un juicio abreviado ante el magistrado, quien además lo declaró reincidente debido a una condena anterior que ya había cumplido.
Uno de los hechos que terminó comprometiendo definitivamente a Lucero ocurrió el 18 de julio de 2025, cuando ingresó armado a una heladería para robar dinero y teléfonos celulares. Creyó que la bufanda con la que cubría parte de su rostro sería suficiente para evitar ser reconocido…
Sin embargo, durante el asalto la tela se corrió y tanto el propietario como otros empleados lo identificaron de inmediato y no por ser un cliente habitual: había trabajado en ese comercio durante casi dos años.
Según surge del fallo al que accedió LA CAPITAL, las víctimas no solo lo reconocieron físicamente sino también por su voz y su contextura. A esa prueba se sumó la geolocalización de uno de los teléfonos robados, que fue ubicado en las inmediaciones de su domicilio.
Seguidilla
La investigación permitió establecer que ese no había sido un hecho aislado. Diez días después, Lucero volvió a atacar, esta vez en una panadería, donde nuevamente actuó armado para apoderarse de dinero y otros elementos de valor.
El 17 de agosto repitió la modalidad en una feria comunitaria de avenida Arturo Alió. Allí fue reconocido por una empleada de seguridad que lo conocía del barrio Belisario Roldán y luego también por el propietario del comercio damnificado.
La seguidilla continuó durante la noche del 26 y la madrugada del 27 de agosto con tres hechos consecutivos que el Tribunal calificó como un verdadero raid delictivo. Primero participó del robo a un kiosco junto a una mujer. Y horas más tarde ambos irrumpieron armados en la Heladería Italia de la zona de Güemes, donde amenazaron a las empleadas y escaparon con una importante suma de dinero.
El último objetivo fue el Hotel Arena y Mar. Allí Lucero apuntó con un revólver al recepcionista y le exigió la recaudación. La víctima se resistió, recibió un golpe y logró escapar hacia el sector de las habitaciones, frustrando el asalto.
La fuga duró apenas unos minutos. Personal policial lo interceptó a unos 150 metros del hotel y le secuestró un revólver calibre 32 apto para el disparo, dinero en efectivo y la misma vestimenta que habían descrito las víctimas de los distintos robos.
La investigación
Para reconstruir la secuencia, el fiscal Fernando Berlingeri y sus colaboradores reunieron declaraciones de comerciantes, imágenes de cámaras de seguridad, llamadas al 911, geolocalización de teléfonos celulares y diversos reconocimientos realizados por las víctimas.
Las filmaciones permitieron comprobar que Lucero utilizaba la misma ropa en varios de los hechos y que, en los últimos tres robos, actuó acompañado por una mujer cuya participación también quedó acreditada durante el proceso.
Esa acumulación de pruebas llevó al juez a considerar que existía un mismo patrón de actuación y que los últimos tres episodios integraban una única secuencia delictiva desarrollada en pocas horas.
Al fijar la pena, el juez tuvo en cuenta como atenuante la adicción del condenado a la cocaína y otras sustancias, situación que surgió tanto de su propia declaración como de mensajes extraídos de su teléfono celular, en los que allegados le pedían que iniciara un tratamiento.
Como agravantes, en cambio, valoró que los robos fueran cometidos contra comercios abiertos al público y, especialmente, que uno de ellos hubiera sido perpetrado en la heladería donde el propio Lucero había trabajado y cuyo funcionamiento conocía perfectamente.
Con esos elementos, el juez Cecchi lo condenó a 7 años y 6 meses de prisión por seis robos agravados por el uso de arma de fuego, cinco consumados y uno en grado de tentativa. Además, lo declaró reincidente y ordenó el decomiso del revólver utilizado durante los asaltos.
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