Cerimedo, el marplatense que llegó a las grandes ligas y que vuelve a ser noticia, Caputo helado, y de asado y soberanía
Todos los entretelones de lo que es noticia en Mar del Plata.
Hay marplatenses que llegan a Buenos Aires, hacen carrera y cada tanto vuelven a aparecer en las noticias de la ciudad. Y hay otros que, después de irse, terminan haciendo que el nombre de Mar del Plata aparezca en las páginas de los diarios de medio mundo. Fernando Cerimedo pertenece definitivamente a la segunda categoría. Este marplatense, que nació y creció en nuestra ciudad y cuya familia mantiene vínculos con Mar del Plata, volvió a quedar en el centro de una noticia de alcance internacional. Esta vez, en Bolivia, donde fue detenido en el aeropuerto de Viru Viru, en Santa Cruz de la Sierra, luego del ataque a tiros sufrido por Nadia Beller, una abogada y analista política vinculada al entorno del gobierno de Rodrigo Paz. Beller recibió tres disparos y sobrevivió. La investigación boliviana apunta a determinar qué responsabilidad tuvo Cerimedo en el episodio, mientras su defensa rechaza las acusaciones.

El episodio vuelve a poner bajo los reflectores a un personaje que desde hace varios años circula por algunos de los lugares más sensibles de la política latinoamericana. Y para nosotros hay un dato que no es menor: Fernando Cerimedo es marplatense. Se fue de la ciudad muy joven, cuando tenía alrededor de 19 años, pero nunca cortó completamente el vínculo con Mar del Plata. Su madre y su hermana continúan viviendo aquí. Su padre, ya fallecido, también tuvo participación en la vida política y deportiva local: integró el equipo que acompañó a Juan Carlos Derosa en el Emder durante la gestión de Elio Aprile. Antes de convertirse en consultor político internacional, Cerimedo tuvo una vida bastante más terrenal y bastante más marplatense. En los registros de su trayectoria aparecen actividades comerciales y laborales en la ciudad. Incluso figura vinculado a una empresa de taxis. Después, pasó por Buenos Aires, trabajó en publicidad y terminó construyendo una carrera alrededor del marketing digital, la comunicación política y las campañas electorales.

Pero en esa biografía hay un capítulo que cada vez que Cerimedo vuelve a ser noticia nacional reaparece inevitablemente. En 2016 fue condenado por la Justicia de Mar del Plata a dos años y seis meses de prisión de ejecución condicional por estafa y defraudación. El expediente se originó en una operación inmobiliaria realizada en nuestra ciudad. Según la sentencia, Cerimedo había vendido una misma unidad funcional de un edificio ubicado en Chile al 2200 a dos personas diferentes. La primera operación se había realizado por 30.000 dólares y posteriormente volvió a cobrar una suma similar por la misma propiedad. La Justicia marplatense lo condenó por esos hechos y, por tratarse de una pena de ejecución condicional, no fue a prisión efectiva. Es un dato que muchas veces queda perdido cuando se cuenta la historia internacional de Cerimedo. Porque después de aquel episodio su recorrido fue vertiginoso. Pasó por la publicidad, fundó agencias, desarrolló empresas vinculadas con tecnología y comunicación y terminó metiéndose de lleno en la política. Y ahí empezó otra historia.

Cerimedo fue una pieza importante de la campaña presidencial de Javier Milei en 2023. Participó de la estrategia digital, tuvo protagonismo en la fiscalización electoral y fue uno de los hombres que orbitó cerca de la mesa chica del entonces candidato. También se lo vinculó con la entrevista que Milei concedió a Tucker Carlson. Después, llegó La Derecha Diario, el medio que fundó y que se convirtió en una de las plataformas de comunicación más importantes de la nueva derecha argentina. Pero Cerimedo nunca se quedó solamente en Argentina. Brasil, Chile, Honduras y ahora Bolivia forman parte de un recorrido político que lo transformó en una figura cada vez más conocida dentro de las nuevas derechas latinoamericanas. En Brasil quedó asociado a la estrategia comunicacional del entorno de Jair Bolsonaro durante la campaña de 2022 y fue investigado en relación con la difusión de contenidos vinculados a las denuncias de fraude electoral. En Chile participó de la campaña contra la propuesta constitucional de orientación progresista. Y en Honduras apareció en la campaña de Nasry Asfura, en un episodio que llamó especialmente la atención: Donald Trump publicó su respaldo al candidato pocos días antes de la elección.

El diario The Economist describió a Cerimedo justamente a partir de esa dimensión internacional y lo presentó como “el hombre de MAGA en América Latina”. Ahora, Bolivia. Cerimedo comenzó a tener una presencia cada vez más importante alrededor del presidente Rodrigo Paz. Distintas publicaciones bolivianas lo describieron como asesor del mandatario, aunque el gobierno boliviano ha procurado marcar que no ocupa un cargo oficial. Un informe publicado en mayo lo ubicó como una figura de influencia sobre la comunicación presidencial y señaló su presencia en actividades del entorno de Paz. Y ahora su nombre aparece asociado a una investigación policial de enorme gravedad. El gobierno de Paz reconoció su vínculo de consultoría con Cerimedo, pero sostuvo que no interviene en la investigación. Mientras tanto, la oposición boliviana aprovecha el episodio para volver a cuestionar el grado de influencia que el argentino tendría dentro del gobierno. Evo Morales, incluso, salió públicamente a cuestionarlo y lo calificó de “agente del imperio”. Y entonces aparece nuevamente Mar del Plata. Porque Cerimedo pasó, en poco más de una década, de una causa por una operación inmobiliaria en Mar del Plata a moverse en los círculos políticos de Milei, Trump, Bolsonaro y ahora Rodrigo Paz. Y hoy ese recorrido vuelve a terminar en los diarios. Esta vez, desde Bolivia.

Hay una peña que se reúne un sábado por mes, al mediodía, en el restaurante del Club 9 de Julio. No hay grandes protocolos ni discursos preparados: hay empanadas, chorizo, morcilla, asado, vacío y el infaltable queso y dulce. Pero esta vez, entre bocado y bocado, apareció un tema bastante más grande que el menú: la soberanía nacional. La conversación arrancó casi como al pasar, a partir de la discusión política de estos días y de una pregunta que parece sencilla pero que tiene bastante más fondo: ¿qué piensa realmente la sociedad argentina cuando escucha hablar de soberanía, recursos naturales, producción nacional y política exterior? Y ahí apareció un dato que llamó la atención de varios de los comensales. Una encuesta nacional de 1.200 casos, realizada entre el 8 y el 10 de agosto, muestra que el 66,7 % está muy en desacuerdo con la afirmación del canciller Quirno de que el concepto de soberanía nacional es un concepto anticuado. La charla siguió, naturalmente, con opiniones para todos los gustos, pero hubo un número que dejó pensando a más de uno: el 60,5 % de los encuestados dice que quiere que Argentina se abra al mundo, pero cuidando sus recursos estratégicos. Otro 24,5 % directamente sostiene que el país debería reservar exclusivamente para sí la explotación de todos sus recursos. Apenas el 14,2 % se identifica con la idea de abrir la economía al mundo sin restricciones.

Y cuando llegaron al tema de los recursos naturales, el asado ya estaba servido. Según el trabajo de Zuban-Córdoba, el 81,8 % considera que recursos estratégicos como el litio, las tierras y el agua deben quedar mayoritariamente en manos de argentinos. El 74,1 % dice que es más importante proteger la producción y la industria nacional, mientras que el 77,9 % sostiene que Argentina debería tomar sus decisiones de política exterior en función de sus propios intereses, sin alinearse automáticamente con las grandes potencias. Pero hubo un último dato que terminó alimentando la sobremesa. El 65,3 % afirma que consideraría priorizar su voto por una propuesta más nacionalista o soberanista cuando se habla de tierras, recursos naturales y relaciones internacionales. Entonces, mientras alguno pedía que pasaran el vacío y otro ya miraba de reojo el plato del queso y dulce, quedó flotando una conclusión que quizás sea bastante más importante que la discusión de una peña de sábado al mediodía. Porque una cosa es discutir soberanía en los discursos políticos y otra, bastante distinta, es descubrir que una mayoría de argentinos parece seguir teniendo una idea bastante concreta sobre qué cosas no quiere resignar. Y eso, en tiempos de apertura al mundo, inversiones extranjeras y alineamientos internacionales, quizás merezca ser escuchado. Aunque sea entre una empanada de carne frita y un buen pedazo de asado.

Más turistas y menos gasto: Mar del Plata volvió a quedar por debajo del promedio del movimiento turístico. Según reveló CAME, hubo más de un millón de viajeros durante el último fin de semana largo, un 24,2 % más que en 2023, último año en el que en esta fecha había confirmado un fin de semana largo comparable. Sin embargo, la estadía fue más corta y el gasto real cayó. En Mar del Plata la ocupación hotelera quedó por debajo del 50 %, mientras que Tandil alcanzó el 90 %. La Costa Atlántica mostró un comportamiento más moderado que otros destinos bonaerenses. Lo cierto fue que el último fin de semana largo dejó una nueva fotografía de un turismo argentino que se mueve, pero que cuida el bolsillo, acorta sus estadías y define cada vez más sus viajes sobre la fecha. Y dentro de ese escenario nacional, Mar del Plata volvió a mostrar un desempeño moderado, por debajo de algunos de los principales destinos turísticos de la provincia de Buenos Aires.

Según el relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), durante el fin de semana largo por el Paso a la Inmortalidad del General José de San Martín se movilizaron 1.074.171 turistas por todo el país. El dato, a primera vista, parece positivo. Pero cuando se mira qué hicieron esos turistas una vez que llegaron a destino aparece la contracara: la estadía promedio bajó de 2,3 a 2 días y el gasto diario por visitante cayó 13,2 % en términos reales. El resultado fue que, pese a que viajó mucha más gente, el impacto económico total –estimado en $245.907 millones– terminó siendo 6,3 % inferior al de 2023 en términos reales. La conclusión de CAME sintetiza el comportamiento: más viajeros, pero viajes más cortos y un consumo más selectivo. En ese escenario se inscribe el comportamiento de Mar del Plata. La ciudad registró durante el fin de semana largo una ocupación hotelera inferior al 50 %, con una estadía promedio cercana a los dos días. El dato vuelve a mostrar las dificultades de la ciudad para capturar una mayor porción del movimiento de escapadas cortas que se está dando en el país.

El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, necesitó buenas noticias sobre el consumo y terminó sentado en una heladería. Pero no en cualquier heladería: en Lucciano’s, una marca nacida en Mar del Plata que hoy se convirtió en una de las empresas preferidas del Gobierno. Caputo visitó el local de Lucciano’s en Las Cañitas, acompañado por la legisladora porteña Pilar Ramírez, y durante unos 40 minutos conversó con Christian Otero, uno de los fundadores y CEO de la compañía. Hubo charla de economía, planes de expansión y, por supuesto, helado. El ministro eligió dulce de leche. Porque si había que endulzar la realidad económica, por lo menos había que empezar por el gusto. Y Otero le llevó números que seguramente Caputo agradeció: entre enero y julio, Lucciano’s registró un crecimiento del 13 % en cantidad de tickets y del 51 % en ventas reales, es decir, descontando inflación. La empresa ya tiene 102 locales en la Argentina y proyecta llegar a 128 antes de fin de año. Además, sigue creciendo en el exterior, con presencia en Uruguay, Chile, Estados Unidos, Italia, España y Brasil.

No obstante, el propio empresario, después de mostrarle al ministro que en su negocio las cosas marchan bien, reconoció que habla permanentemente con empresarios de otros sectores que están “sufriendo frente a un consumo que no termina de despegar como se espera”. Traducido: en Lucciano’s el consumo funciona, pero no necesariamente funciona igual en toda la economía. Y hay una historia marplatense detrás de todo esto. Lucciano’s nació acá en 2011, cuando Daniel y Christian Otero decidieron apostar por una heladería que, en sus comienzos, tuvo que atravesar incluso los duros inviernos marplatenses, cuando las ventas de helado se desplomaban. Hoy aquella empresa que empezó en Mar del Plata tiene una planta en el Parque Industrial General Savio y se transformó en una marca internacional. De hecho, en enero de este año Javier Milei ya había visitado la planta marplatense de Lucciano’s. Ahora fue Caputo. O sea que la marca tiene algo que muchas empresas argentinas están buscando: acceso directo a la mesa chica del poder.

La pregunta que queda picando –y nunca mejor dicho– es si el Gobierno encontró en Lucciano’s el termómetro correcto para medir el consumo argentino. Porque una cosa es que los clientes sigan comprando un helado premium de una marca que logró posicionarse como producto aspiracional, y otra muy distinta es lo que pasa con el changuito del supermercado, los comercios de barrio, la industria, los restaurantes o las familias que llegan con lo justo a fin de mes. Por ahora, Caputo se fue con un dato dulce, un helado de dulce de leche y una empresa marplatense que anuncia expansión.
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