CERRAR

La Capital - Logo

× El País El Mundo La Zona Cultura Tecnología Gastronomía Salud Interés General La Ciudad Deportes Arte y Espectáculos Policiales Cartelera Fotos de Familia Clasificados Fúnebres
La Ciudad 18 de agosto de 2026

Lavado de dinero y ruido empresario, la deuda que aprieta a los marplatenses y la Autovía 88 que empieza a moverse

Todos los entretelones de lo que es noticia en Mar del Plata.

Agregar La Capital en

Hay causas que empiezan en un lugar y terminan abriendo preguntas en otro. Esta empezó en un edificio judicial de La Plata, cuando una trabajadora de maestranza contó que una funcionaria le había ofrecido 80 mil pesos a cambio de abrir una billetera virtual a su nombre. Lo que parecía una maniobra aislada terminó destapando una investigación por lavado de activos que llegó hasta Mar del Plata y que derivó en allanamientos en tres gimnasios y dos domicilios particulares, además de la detención de un marplatense, Mauro Perrota, señalado por los investigadores. Pero hay números que explican por qué esta causa genera tanto ruido. En la billetera de aquella trabajadora, por ejemplo, se detectaron movimientos por 172 millones de pesos. Según la investigación, alrededor de 30 personas habían sido convocadas para abrir cuentas similares y esas cuentas funcionaban como “mulas” o recaudadoras. La plata se movía en pequeñas cantidades, presuntamente para evitar alarmas y dificultar el seguimiento, hasta llegar a un circuito vinculado a un casino online ilegal. Y hay otro dato todavía más impresionante: una financiera de Quilmes —hubo dos detenidos en aquella localidad— aparece señalada por haber movilizado unos 27 mil millones de pesos.

 

El hilo de esa plata terminó llevando a Mar del Plata. A partir del seguimiento de las transferencias, los investigadores llegaron hasta Perrota, dueño de tres gimnasios, ubicados en Constitución, Nueva Pompeya y Peralta Ramos Oeste. Allí fueron los allanamientos y allí se concentró buena parte de la atención de una causa que todavía está en plena investigación. Y acá aparece el dato que empieza a generar ruido en distintos sectores de la ciudad. Porque después de conocerse esta investigación, a cargo de la fiscal Betina Lacki, comenzaron a circular preguntas en ámbitos empresarios, comerciales y también entre desarrolladores inmobiliarios. Y hasta, quien sabe por qué, en sectores ligados al paddle local. No porque exista una imputación contra esos sectores —eso sería irresponsable afirmarlo—, sino porque una causa que habla de semejantes volúmenes de dinero y de una estructura destinada, justamente, a hacer que fondos de origen presuntamente ilícito ingresen al mercado formal inevitablemente genera inquietud.

 

 

La pregunta es bastante sencilla, aunque la respuesta puede ser mucho más compleja: ¿qué pasa después con esa plata? ¿Dónde termina? ¿En qué actividades se transforma? ¿Cómo se incorpora a la economía formal? ¿Cuánto dinero de origen ilegal puede estar circulando sin que sea detectado? Porque la investigación, según surge de la causa, no habla solamente de billeteras virtuales. Habla de dinero que habría tenido origen en el juego clandestino, de cuentas abiertas a nombre de terceros, de una financiera que habría movido miles de millones y de un mecanismo pensado para que esos fondos perdieran su rastro antes de convertirse en aparentes ganancias legítimas. Por eso, más allá de los nombres y de los allanamientos, quizás lo más interesante de esta historia sea lo que todavía falta descubrir. Porque seguir la ruta del dinero no consiste solamente en saber dónde empieza. Hay que saber dónde termina. Y en Mar del Plata, después de esta causa, hay bastante gente mirando con atención ese recorrido. Incluso en la justicia, que también quiere determinar si parte de ese dinero no se “blanquea” a través de la compra de criptomonedas.

 

 

La contracara de los millones que corren entre apuestas online (ilegales), lavado de dinero y otras yerbas, irrumpió en todos los medios, a partir del endeudamiento que crece de millones de argentinos. Porque hay números que parecen fríos hasta que uno los traduce a la vida cotidiana. Y hay uno que apareció días atrás y que debería hacer bastante ruido en Mar del Plata: 72.778 marplatenses y batanenses están en mora. El dato surge del Mapa de la Deuda, elaborado sobre información de la Central de Deudores del Banco Central. En General Pueyrredon hay 329.531 deudores registrados y el 22,09% está atrasado con sus pagos. La deuda total alcanza los $1,68 billones y la que está en mora ronda los $267.880 millones. Hasta ahí, los números. La pregunta se impone: ¿qué pasó para que tanta gente que antes podía pagar haya dejado de hacerlo? Porque el dato más interesante del informe no es solamente cuánto se debe, sino que el aumento de la mora parece estar explicado más por una caída de la capacidad de pago que por un aumento brutal de las deudas. Dicho en castellano básico: hay gente que debe más o menos lo mismo que antes, pero ya no le alcanza para pagarlo. Y eso cambia la historia. Porque entonces estamos hablando del bolsillo, de los ingresos, del trabajo, del consumo, de las familias que empiezan a hacer cuentas a mitad de mes para saber qué pueden pagar y qué tendrán que patear para adelante.

 

La tarjeta que antes se pagaba completa y ahora se refinancia. El supermercado que se compra en cuotas. El electrodoméstico que se posterga. El préstamo que se toma para cubrir otro vencimiento. O el préstamo que se pide para cubrir otro préstamo. La familia que deja de salir a comer. El trabajador que busca una changa. El profesional que incorpora una actividad extra. El comerciante que vende menos. Todo eso, multiplicado por miles, termina apareciendo en una estadística como ésta: más gente en mora. Y acá hay algo particularmente interesante: el Banco Provincia analizó a las personas que ingresaron en situación irregular y encontró que tres de cada cuatro ya tenían deudas y estaban pagando normalmente. Es decir, no se trata necesariamente de gente que se volvió irresponsablemente endeudada de un día para otro. En muchos casos son viejos deudores que dejaron de poder pagar. Ahí está el verdadero problema. Porque una cosa es endeudarse para comprar un auto, cambiar el televisor o hacer una reforma en la casa. Otra muy diferente es endeudarse para llegar al día 30. Cuando la tarjeta deja de ser una herramienta de consumo y pasa a convertirse en una extensión del sueldo, hay una señal de alarma. Y cuando además se utiliza una tarjeta para pagar otra tarjeta, o un préstamo para cubrir otro vencimiento, la deuda empieza a adquirir una dinámica peligrosa.

 

 

El informe nacional muestra, además, que la mora es particularmente elevada entre los créditos otorgados por proveedores no financieros, como las casas de electrodomésticos, donde llega al 48%, y entre las tarjetas no bancarias, con el 33%. Es decir, justamente en aquellos sectores donde muchas veces termina buscando financiamiento quien tiene menos margen. Y esto conecta con algo que se viene registrando desde hace tiempo en Mar del Plata. La ciudad tiene varios problemas que, vistos por separado, parecen diferentes, pero cuando uno los junta empiezan a contar la misma historia. Existen problemas de empleo, crecimiento de la informalidad, comercios que venden menos, empresas con dificultades, trabajadores que reclaman salarios atrasados y ahora irrumpe este dato: decenas de miles de personas que tienen deudas y no están pudiendo cumplir con sus pagos. No hace falta ser economista para entender lo que significa. Cuando el ingreso no alcanza, alguien deja de cobrar. Primero se posterga una compra, después se deja de salir, después se usa la tarjeta, después se paga el mínimo, después se refinancia y finalmente llega la mora. La estadística aparece al final de ese recorrido, pero el problema empezó mucho antes.

 

Por eso quizás haya que mirar la economía de Mar del Plata desde otro lugar. No solamente preguntarnos cuánto creció o cuánto cayó determinado indicador, sino algo mucho más concreto: ¿cuánto le queda a una familia después de pagar alquiler, servicios, comida, transporte, colegio, medicamentos, impuestos y cuotas? Porque si después de pagar todo eso no queda nada, el crédito puede funcionar durante un tiempo como un salvavidas, pero nadie puede vivir eternamente agarrado de un salvavidas. Durante mucho tiempo se habló del acceso al crédito como una señal de inclusión, y lo es cuando permite comprar una vivienda, invertir, estudiar o resolver una necesidad puntual. Pero cuando el crédito empieza a utilizarse para comprar comida o pagar gastos corrientes, la lectura cambia. Por eso el dato de Mar del Plata es bastante más importante de lo que parece. No estamos hablando solamente de 72.778 personas que se atrasaron. Estamos hablando de 72.778 historias familiares. Y detrás de cada una hay alguien que tuvo que decidir qué pagar y qué no pagar: una cuota, una tarjeta, un servicio, un alquiler, una compra, un impuesto, una deuda. Y si algo está mostrando esta etapa económica es que cada vez más argentinos están haciendo esa cuenta. En Mar del Plata tenemos ahora una fotografía bastante concreta: uno de cada cinco deudores está en mora.

 

Los reclamos se multiplican y no será posible hacer oídos sordos a los reclamos por mucho tiempo más. La tan reclamada Autovía 88, esa obra que lleva años apareciendo en discursos, reclamos y promesas, finalmente tuvo la semana anterior algo bastante más concreto que una declaración política: un utilitario Ford cargado de tecnología recorrió la ruta con sensores láser para empezar a juntar los datos necesarios para proyectar la futura doble calzada. La información fue publicada por el sitio Noticias de Necochea, que contó que técnicos de Vialidad Provincial recorrieron el tramo entre Mar del Plata y Necochea en ambos sentidos y comenzaron a relevar la traza con tecnología específica. Según explicó Eduardo Di Nápoli, jefe del Departamento Zona XII, los equipos registraron información cada 20 metros. No se trata solamente de mirar si el asfalto está lindo o feo: los sensores relevan el ancho de la calzada, deformaciones, ondulaciones, grietas y baches, mientras que los técnicos deberán completar el diagnóstico con el estado de las banquinas, alcantarillas, accesos y sistemas de drenaje.

 

 

Todo ese material será llevado a La Plata para ser procesado por el Laboratorio de Desarrollo de Investigaciones de Vialidad. En otras palabras, la Autovía 88 todavía no se está construyendo, pero por primera vez hay una parte del trabajo que ya está en marcha: saber exactamente qué hay que hacer y cuánto puede costar. Y acá aparece otro dato que interesa especialmente en Mar del Plata: los técnicos no se van a conformar con una sola pasada. Según se informó, volverán a distintos sectores de la traza para estudiar algunos de los puntos más conflictivos, entre ellos el acceso a Otamendi, Mechongué y el cruce con la Ruta 77. La concejal necochense Evangelina Almada acompañó parte del operativo y contó un detalle que en cayó especialmente bien: los especialistas tenían previsto realizar este trabajo en otro sector de la provincia, pero el ministro de Infraestructura bonaerense, Gabriel Katopodis, les pidió que fueran primero a la Ruta 88 porque consideró que el reclamo de la región tenía carácter urgente. Y razón no falta. La ruta es una arteria estratégica para Mar del Plata, Necochea y toda la región, por donde circulan autos, colectivos y camiones, pero también es una ruta que acumula una historia dolorosa de accidentes y víctimas.

 

 

De todos modos, se impone la cautela para ponerle también un poco de freno al entusiasmo: el láser no hace aparecer una autovía. Este es el primer paso de un proceso que todavía necesita proyecto, presupuesto, definición técnica y, sobre todo, financiamiento. Almada incluso habló de la posibilidad de recurrir a crédito internacional para una obra de esta magnitud, aunque aclaró que se trata de una apreciación personal y que primero habrá que saber cuánto cuesta. Así que, por ahora, la Ruta 88 tiene sensores, técnicos y un relevamiento en marcha. Falta bastante más: que ese diagnóstico se transforme en un proyecto, que el proyecto consiga los recursos y que finalmente las máquinas lleguen a la ruta. Después de tantos años de promesas, por lo menos esta vez hay algo que se puede medir: cada 20 metros.