Cultura

Con tener talento no te alcanza: El macabro experimento de Tío Marce (parte II)

Capítulo 69 de la columna de Marcelo di Marco.

Por Marcelo di Marco (*)

—Recontralisto estoy, maestro, pero para seguir adelante me muero de curiosidad por saber cuáles fueron los prompts que le tiró Galdona a la IA para que le escupiera al toque semejante respuesta.

—No fue sólo una “respuesta”, Pukkas. Fue una nota entera lo que me escupió, como vos decís.

—Le recuerdo que el primero en usar ese verbo escupir fue usted, Tío. Y lo hizo en la nota anterior.

—Bueno, sardanápalo, da lo mismo. Lo importante es que la IA arrojó como resultado, o como cazzo quieras llamarlo, casi mil trescientas palabras, y sobre un tema muy específico y con una coherencia perfecta. Casi perfecta, porque me cuidé de no corregirle dos o tres inexactitudes. ¿Semejante choclito te parece sólo una “respuesta”?

—Técnicamente fue una respuesta, máster. A la IA no le importa demasiado si uno le pregunta qué alimento balanceado conviene darles a sus gatos o cómo escribir un saludo para la vieja de uno en su día. En sí, la IA no tiene alma. La respuesta, en este caso, fue una columna.

—Una columna entera, Pukkas. Escrita de pe a pa. Una columna que fue aplaudida tanto por alumnos míos y por miembros del Equipo Pedagógico del Taller de Corte y Corrección, como por intelectuales y escritores del más alto nivel. Y pienso que los lectores que llegan recién a esta columna se sentirán tan sorprendidos como ellos y como vos al enterarse de que la columna 67 —el capítulo 67, cuando alguna editorial se digne a publicar mi nuevo libro— fue escrita totalmente por una IA.

—Esa es otra de las cosas que me gustaría saber, máster. ¿Qué plataforma de IA usaron para el experimento? ¿Fue la Gemini la que escribió todo por usted? ¿O fue la GPT-4.5, que es una mostra? Con semejante altura intelectual que demuestra la nota, es lo más probable.

—Para nada, Pukkitas. Dante usó la más habitual: la ChatGPT, que encima es gratuita.

—Le creo, porque al margen de que es refácil usarla y se la considera como una de las plataformas de IA más accesibles, la ChatGPT está entre las herramientas de IA más potentes del mundo.

—Y no es para menos: en un momento, mientras Dante nos leía en voz alta la columna, nos miramos con Aletto, azorados. Yo dije, y lo recuerdo perfectamente: “Y pensar que nos decían que la IA no podía formar un pensamiento abstracto”.

—Vaya a saber con qué nos saldrán en las futuras décadas, máster, si esto lleva apenas unos pocos años de desarrollo.

—Yo no quiero ni pensarlo, Pukkas, aunque esté pensándolo por escrito en esta nueva columna. En cuanto al presente, y volviendo a aquella reveladora sobremesa con Aletto y Galdona, tan admirados estábamos que la llamé a Nomi, quien andaba con mi nieta por la otra punta de La Anita, para que escuchara a Dante y compartiera nuestra estupefacción. Cosa que hizo, de más está decírtelo. Y me acuerdo de su reflexión inmediata: “Es terrible, pero pensemos que hicieron falta años, hizo falta toda una vida de trabajo humano, de Borges y de Di Marco, para que la IA tuviera material con que armar esta nota impresionante”.

—Efectivamente, porque dado que usted escribe sobre técnica literaria desde los tiempos del Jurásico, la ChatGPT usó su base de datos sobre figuras retóricas, como por ejemplo la hipa… como la hipa… ¡La puta, nunca me sale!

—Como la hipálage, pedazo de plantígrado, como la hipálage. Y sabé que yo vengo teorizando y escribiendo sobre técnica literaria desde antes de la fundación del TCyC en 1979, no desde el maldito Jurásico. Te perdono porque me interesa muchísimo seguir aprendiendo cómo funciona este prodigio de la tecnología, del que vos parecés saber bastante.

—Sigo entonces con su venia, Tío, y no sea tan severo con este pobre discípulo que tanto lo respeta. Lo de Jurásico fue de cariño nomás.

—¿Ves? Eso del respeto es algo que no corregí de la nota 67. ¿No viste que en un momento vos me tratás de vos, cosa que nunca sucede entre nosotros, porque vos siempre me tratás de usted?

—¿En qué parte, Tío, cometo el terrible, el irrespetuoso crimen de tratarlo a usted de vos en lugar de tratarlo de usted?

—Hay un momento en que me decís, muy suelto de cuerpo: “Tío Marce, ¿y vos usás hipálage?”.

—Cierto. No me había dado cuenta. Es tanto el respeto que le tengo, que se me pasó aquel tuteo cuando leí ese diálogo que usted y yo jamás mantuvimos en la realidad.

—De todos modos, Pukkitas, lo del respeto es relativo. Bien dijo Tolstói que “el respeto se inventó para cubrir el lugar vacío donde debería estar el amor”.

—Qué cosa más profunda. Será por eso que vengo notando que la gente que más le falta el respeto a uno es la que siempre invoca al respeto como base de toda relación.

—Exacto, y valga la paradoja. Para Tolstói, el llamado respeto puede existir por cortesía o por deber, mientras que el auténtico amor y la auténtica amistad implican una conexión más profunda que el simple trato, digamos… digno. Incluso un aparente respeto puede usarse para crear distancia.

—¿Como cuándo, por ejemplo?

—Y…, como cuando vos invitás a alguien a tratarte de vos, porque ya hay una confianza que lo posibilita, y el tipo se emperra en seguir tratándote de usted, a riesgo de frustrar la posible amistad que se esté forjando.

—Claro, y todo disfrazado de respeto.

—Hablando de disfraz y para no irnos por las ramas, hay algo que también dejé en la 67 a manera de pista para que el lector entre en la duda.

—¿Qué cosa, máster?

—El tema del mate. Cuándo me viste tomar mate a mí. En la vida tomo mate yo, aunque a Nomi le encanta. Lo que sucede es que seguramente debe de haber figurado en algún prompt de Galdona, porque el ChatGPT le respondió en un momento: “Perfecto. Voy a meter el tono coloquial, los apodos, los desvíos conversados, y escenas en La Anita, como en las columnas donde Tío Marce habla con las pukkitas mientras pasa el mate o mira el fondo. Mantengo la estructura dialógica y el gesto pedagógico”.

—¿“Las pukkitas”, dijo la IA?

—Tal cual. Y, cuando Dante se lo advirtió, la tipa… Digo, la IA, le dijo: “Perfecto, entendido ahora. Entonces: mantengo el texto tal cual, corrijo todas las apariciones a “Pukkas” y “Pukkitas” (mayúscula + S)”. Y Dante estuvo muy astuto, como siempre, porque le pidió que en medio del diálogo creara un hipálage. A lo cual le contestó: “Agrego una hipálage sobre la IA y la escritura, integrada de forma orgánica, sin cambiar nada más”. Y todo lo generó al momento.

—Qué impresionante.

—Enseguida le pregunté a Dante cuántas palabras en total le había “escupido”.

—Ufa, máster. ¿Y qué le dijo?

—Que el texto había quedado en quinientas y pico de palabras. Entonces le pregunté si podía pedirle a la IA que lo estirara en unas mil cuatrocientas, como para cubrir toda la página del diario, cosa que la IA hizo en menos tiempo del que uso para contártelo. ¿Podés seguir explicándome cómo cazzo lo hace?

La IA se basa en un cálculo de probabilidades, Tío. Ella, o como usted quiera llamarla (porque dejo constancia de que recién le dijo “la tipa”), no “entiende” conceptos ni tiene ideas propias ni sabe de lógicas. En lugar de pensar como una persona, usa patrones matemáticos para determinar qué palabra tiene más sentido colocar después de la anterior. Es una especie de lorito evolucionado.

—¿Y tan rápido lo hace?

—Claro, porque las señales eléctricas en los sistemas de IA viajan casi a la velocidad de la luz.

—Qué me estás diciendo, Pukkas.

—Es que si uno lo piensa un poco, es así. La polenta del hardware, sumada a un software diseñado para ir a los pedos, le permite a la IA mandarse al toque millones de cálculos matemáticos y analizar esquemas en gigantescas bases de datos, también al retoque. En el caso suyo se alimentó, como dijo Nomi, con toneladas de datos textuales. Para “escribir” la nota usó, por ejemplo, los PDFs de sus libros que andan yirando por la web. Y lo mismo con sus artículos, con las entrevistas que le han hecho, con sus más de mil programas en YouTube y con los miles de sitios en que usted figura y las reseñas y las opiniones que se han compartido sobre su obra.

—Y esa es entonces la razón por la que dio una respuesta bien Di Marco, y la gente acostumbrada a leer mis notas se tragó el “fraude” sin ningún problema.

—Es así, máster. Pudo aprender su gramática, su estilo y el modo particular que tiene usted de relacionar las palabras. Y todo bien rapidito.

—No por nada dice Stephen King, en Mientras escribo, que el estilo de un escritor es “tan único como una huella dactilar”.

—Y con Borges hizo lo mismo que con usted, lógicamente.

—Lo cual me lleva a revelarte la tercera pista que le dejé al lector, y que demuestra muy bien cómo (todavía) la IA es pasible de meter la pata.

—Adelante, máster.


(*) Los capítulos anteriores de Con tener talento no te alcanza pueden leerse acá.

 

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