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Deportes 15 de marzo de 2018

Conducción

por Vito Amalfitano

Desde Mendoza

Al final de cuenta es un problema de conducciones, de decisiones. De afuera y de adentro. Nada es casual.

Boca es líder de un fútbol argentino devaluado en la competencia interna, que más que una Superliga ahora tiene un torneo de reserva en el que hasta Banfield y Defensa y Justicia juegan con suplentes por sus compromisos coperos.

Boca está ahí arriba hace como 500 días. Para un campeonato así, de largo alcance, todos contra todos, sin “finales”, “le sobra paño” con un plantel grande, que presente alternativas. Y justamente teniendo en cuenta que en la primera parte, el año pasado, todos los equipos más importantes se dedicaron a las copas menos el conjunto de La Ribera, que no participó.

Pero la otra realidad indica que en los últimos “mano a mano” con River, en Libertadores, en Sudamericana o ahora en la Supercopa, con Arruabarrena o con Guillermo, siempre con Angelici, Boca no pudo ni siquiera convertir un gol.

La falta de jerarquía en Boca, entonces, se extiende desde la salida de Bianchi y, sobretodo, de Riquelme. Se gastaron fortunas en varios mercados de pases pero esa jerarquía no se consiguió o no se eligió bien. Volvió dos veces Tevez, siempre “segunda guitarra”, muy buen jugador en lo técnico, casi nunca o nunca capaz de cargarse el equipo al hombro en una final.

Paralelamente River construyó el camino del regreso desde el lascerante descenso con conducciones y decisiones claras. De la dirigencia, del departamento técnico (Francescoli) y, sobretodo, de Gallardo. Y es cierto que no se ganó ningún torneo local pero el equipo de Nuñez se adjudicó con Gallardo nada menos que ocho copas, entre ellas la Libertadores y la Sudamericana.

El técnico apostó a Alario cuando pocos se acordaban de él y fue decisivo para la obtención de la Libertadores y después le dejó buen dinero al club, no tanto como hubieran querido, por aquello de la cláusula de rescisión.

Más adelante en el tiempo le apuntó al irregular Scocco, y ya empieza dar sus frutos. También últimamente River gastó mucho dinero, pero cuando hubo que “ponerla toda” por Armani, no dudó. Arquero “gana partidos”. En Boca el “cartoneo” permanente impidió la llegada de Marchesín.

Se podrá decir que Pratto aun no rindió en consonancia a su valor. Habrá que esperar. Pero también hay grandes diferencias de conducción dentro de la cancha. Gallardo se equivocó varias veces, pero vaya casualidad que casi siempre tomó las decisiones correctas en los partidos decisivos, y sobretodo ante Boca. Primero le dio al equipo una identidad, con formato clásico, con cada uno jugando de lo que mejor sabe. Y ahora, cuando nada salía, recurrió a una formación con carácter y a una estrategia correcta para armar un mediocampo que se devore a las usinas de fútbol de Boca.

También el miércoles quedaron expuestas esas diferencias de conducción y de toma de decisiones entre Gallardo y Guillermo a la hora de los cambios. El DT de River, que estaba ganando, hizo los tres cambios antes y oxigenó al equipo en el medio y puso arriba a quien liquidó el partido, con tanto aire Scocco que le alcanzó para despejar en el área propia y definir en la contraria en la misma jugada. El entrenador de Boca, perdiendo, solo hizo una variante y tarde. Y puso al 9 que necesitó toda la noche y que nunca tuvo por la “ausencia” de Tevez.

“Son decisiones”, diría el querido Miguel Angel Russo. En Boca son casi todas desacertadas en la conducción, de afuera y de adentro. En River todo lo contrario. Por eso es el Supercampeón.