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La Ciudad 20 de septiembre de 2026

Confrontación y doble vara, rasgos de continuidad en el Municipio

La pelea con el gobierno de Kicillof y la actitud comprensiva con el de Milei ubica a Neme en la misma senda que ya recorrió Montenegro. Pero hay diferencias. Y sigue faltando participación en definiciones clave para la ciudad.

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El ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, y el intendente Agustín Neme.

Por Ramiro Melucci

Lo lógico sería que haya un diálogo sincero con la Provincia y la Nación. Que sea habitual reunirse con funcionarios de Axel Kicillof o Javier Milei para gestionar recursos y obras. Que el Municipio forme parte de la unidad de coordinación del área de la Rambla. Que se siente a la mesa que define los pliegos licitatorios para los balnearios de Punta Mogotes y participe de la decisión sobre el destino de la Unidad Turística Chapadmalal.

Las respuestas sobre por qué eso no sucede varían de acuerdo al color político del interlocutor. Algunos responsabilizan al gobierno municipal, otros culpan al provincial. También están los que apuntan a las políticas del Gobierno nacional. Explicaciones, argumentos, excusas. Lo cierto es que no sucede. Y es perjudicial para Mar del Plata.

El fuerte cruce de acusaciones entre el gobierno provincial y el municipal de la semana pasada es un capítulo postrero de los tantos que hubo en la gestión de Guillermo Montenegro. La principal señal de continuidad entre la gestión del ahora senador provincial y la de Agustín Neme.

Hubo un tiempo en que pareció que esa dinámica de pelea permanente podía cambiar. Fue al principio, cuando el jefe comunal se reunió con el ministro de Infraestructura bonaerense, Gabriel Katopodis, para sondear juntos la posibilidad de retomar obras públicas que iba a financiar la Nación pero dejó de hacerlo. No hubo otros encuentros ni precisiones sobre los proyectos: quedó flotando en el aire la versión de que al intendente de licencia no le habría agradado demasiado ese acercamiento con la Provincia.

Otra línea clara de continuidad es la de la doble vara. El Municipio dice que no recibe un peso del gobierno de Kicillof para hacer obras, cuando tampoco los percibe del de Milei. Reprocha a Katopodis no haber cumplido nada de lo que comprometió en aquella reunión, pero se muestra comprensivo con la rescisión de contratos mediante los que el Gobierno nacional sepultó obras clave para la ciudad. Cuestiona a Alberto Fernández y al gobernador por no respetar el convenio tripartito para el financiamiento del sistema educativo municipal, cuando el presidente libertario nunca giró una partida.

 


Contra lo que podría suponerse, es una continuidad poco celebrada: ninguno de los concejales que responde a Montenegro (todos los del bloque oficialista del PRO) reposteó el video mediante el que Neme le respondió a Bianco. El propio Montenegro, pese a que podría sentirse aludido por la acusación de acefalía “por internas políticas”, tampoco consideró necesario intervenir. Y eso que, al decir de Neme, “fue una falta de respeto a todos los marplatenses”.

En la inexistencia de ese tipo de gestos se cifra la interna oficial. Si la confrontación y la doble vara son marcas de continuidad, acaso haya otros aspectos del día a día de la gestión en el que haya menos coincidencias. Son, en su mayoría, discusiones imperceptibles en el ámbito público, tal vez vinculadas a la impronta de cercanía con los vecinos que procura darle el intendente a su gestión. La más visible fue la referida al presupuesto municipal: Neme defendió la necesidad de tener uno –y La Libertad Avanza lo ayudó en esa faena– cuando otros le sugerían que prorrogara el de 2025. Le salió bien: sin presupuesto no hubiera tenido la Tasa de Alumbrado Público asociada a la factura de EDEA, que le permite avanzar a mayor velocidad en la colocación de luminarias led.

Aquel guiño de la Casa Rosada significó un jalón para la gestión, pero el vínculo con los libertarios conducidos en la ciudad por Alejandro Carrancio se venía forjando, a instancias del presidente del PRO, Emiliano Giri, desde el balotaje de 2023 en que Milei derrotó a Sergio Massa. Hoy el vínculo perdura con posibilidades de reflejarse en el próximo turno electoral. Allí la razón política de la vara desigual para medir la relación con la Provincia y la Nación.

El tenor de las acusaciones que profirió Bianco el pasado lunes llamó la atención. Una semana antes, Giri había destacado la actitud “más colaborativa” entre el Municipio y el Ministerio de Seguridad provincial. El propio jefe comunal siguió ponderando, aun después de las críticas del ministro de Gobierno, los operativos conjuntos de reparticiones municipales con la Policía. Entre ellos el que permitió que fuera una fiesta el regreso del clásico de básquet entre Peñarol y Quilmes después de casi dos años.

Como precedente de la conferencia flamígera del hombre de Kicillof puede marcarse el desacuerdo por Punta Mogotes, que dejó al Municipio en una posición desventajosa respecto de lo que pretendía: que la Provincia no avance en decisiones administrativas sobre el complejo. Antes del intento de conciliación, el propio gobierno local había preferido decirle que no a la invitación del ministro de Producción, Augusto Costa, para sentarse a una misma mesa y definir en conjunto los pliegos de la próxima licitación de los balnearios.

Pero hubo otro detonante: la creación, por parte de Kicillof, de la Unidad de Coordinación Bahía Bristol sin participación del Municipio y cuando avanzaba en el Senado bonaerense un proyecto similar de Fernanda Raverta. Según Bianco, Neme no respondió los mensajes cuando le propuso que la comuna forme parte de ese ámbito de trabajo por su responsabilidad en la limpieza de los espacios públicos. 

En el video de seis minutos y medio por medio del que le respondió al ministro de Gobierno, el jefe comunal se despachó a gusto contra el gobernador y su hombre de confianza, pero no contestó ese cuestionamiento inicial. Su actitud se pareció a la de un boxeador ávido de subirse al ring que, apenas le dieron la oportunidad, se calzó los guantes y pegó por lo que no había pegado antes. De alguna manera se asimiló a su rival: en el tumulto de puños volaron algunos golpes poco certeros y a destiempo.

“Siempre dejan a los marplatenses afuera de las decisiones sobre el Partido de General Pueyrredon”, invirtió la carga de la prueba Montenegro en la última sesión del Senado bonaerense. Refería a la unidad de coordinación de la Rambla, a la disputa por Punta Mogotes y a otro proyecto de Raverta: el que promueve que la Unidad Turística de Chapadmalal pase a la Provincia para que siga destinada al turismo social.

El senador del PRO votó en contra con el argumento de que no se consultó la postura del Municipio. Como si, en la decisión del gobierno de Milei para concesionarla por 30 años con otra finalidad, le hubieran dado participación y voz.