Cultura

Cuento: El encargado

Por Jorge Luis Manzini*

Era el encargado de desarmar la bomba.

Sólo él estaba allí, coqueteando con la muerte entre sus manos.

A su alrededor, lejos, el cordón policial, el camión de explosivos, los bomberos, las ambulancias.

Más allá, el círculo de curiosos, que iba creciendo a medida que los minutos pasaban y él seguía agachado, manipulando el artefacto: tocando, auscultando, midiendo con sus aparatos, cortando cables aquí y allá, desenroscando una tuerca, luego otra; separando la carcasa, luego, desactivado el mecanismo de relojería, los panes del explosivo plástico unos de otros. Hasta que la máquina infernal estuvo totalmente desintegrada.

Entonces juntó sus instrumentos y herramientas, los acomodó en su valija y se levantó.

Hizo señas a sus compañeros para que recogieran los restos inofensivos. Se dirigió a su auto, abrió el baúl, se desprendió de la valija y, de a poco, de las distintas piezas de su inútil traje protector. En su rostro no se advertía tensión ni sudor.

Cerró el baúl, se subió al auto y se marchó.

Llegó justo a tiempo para retirar a su hijito de un cumpleaños. Lo esperaban, el chico lo abrazó contento. Se fueron a casa.

* Mar del Plata, 17/05/2009

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