Cultura

Dolores Reyes, en Mar del Plata: “Si dejamos que se queme un libro, mañana van a ser todos”

La autora de “Cometierra” y “Miseria” abrió el ciclo Lecturas de Verano en el Museo MAR, donde analizó sus novelas y la reciente serie basada en su primer libro. Además, contó su experiencia ante los ataques del gobierno nacional y defendió la potencia de la lectura y la escuela pública frente al odio y la censura.

Por Rocío Ibarlucía

Qué lindo que es volver a Mar del Plata, siempre estoy viniendo. Cada vez, me encuentro con el mejor recibimiento imaginable, con muchos lectores que vienen a apoyar y a debatir en serio”. Con este agradecimiento al público y a la ciudad, la escritora Dolores Reyes inauguró el ciclo Lecturas de Verano, organizado por el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, que se realiza los viernes de verano en el Museo MAR, con entrada libre y gratuita.

Escritora, profesora, activista, feminista, madre de siete hijos. Ante la pregunta por una palabra que la defina entre todas esas facetas, Reyes no dudó en elegir una: “De todo, el cruce entre madre y docente es muy importante. Se ve muchísimo en lo que escribo la presencia de las aulas. Yo soy hija y madre de la escuela pública”. De hecho, se formó en la escuela y la universidad estatales (estudió Profesorado de Enseñanza Primaria en el Colegio Normal 10, y Griego y Culturas Clásicas en la UBA), ejerció la docencia en ese mismo sistema y también allí se educan sus hijos.

Esa pertenencia con la educación pública se proyecta en el modo en que construye a sus personajes, especialmente a los jóvenes: “Creo que el ojo que mira hacia los adolescentes y sus problemáticas también está muy plasmado en mi obra. Hay una experiencia de vida que se pone en juego a la hora de escribir y hay una percepción de las problemáticas reales, sin una mirada verticalista, sin una mirada de desprecio, que se ve muchísimo en las obras que tratan sobre la vida del pibe del conurbano”. Por eso, reconoció: “Yo siento que si no existiese esa Dolores que transitó por la escuela pública, en todos los niveles, y de la que nunca me fui del todo, no hubiese escrito estas novelas”.


“También en el conurbano se puede hacer literatura”


Narrar el conurbano sin estereotipos

Al mismo tiempo, Reyes consideró que la buena recepción de sus dos novelas por parte de los jóvenes se debe a que transcurren en el conurbano bonaerense, un territorio que, según advirtió, “suele ser narrado con mucho desprecio, con mucha estereotipación, hasta ridícula diría yo”.

Frente a ese discurso dominante, los jóvenes leen sus historias porque se ven reflejados y se motivan a escribir sobre su territorio, con su lengua. Esa conexión con la literatura, analizó Reyes, se explica gracias a la circulación de “otros libros” en las escuelas: “Por eso, la colección Identidades Bonaerenses me parecía muy interesante, porque todo bien con Borges, Cortázar, pero eran escritores del centro de la ciudad, a lo sumo llegaban a Flores, y Flores queda lejos del conurbano y del resto de la provincia”.

Reyes insistió en desmontar los prejuicios que pesan sobre los barrios populares. “Los pibes están acostumbrados a ese discurso clasista que dice ‘tu música es una porquería’, ‘vos salís de una escuela no sabiendo leer’, ‘no sabés nada’”. Contra esa desvalorización constante, su literatura propone otra mirada: “Entonces yo, que vivo ahí, que eduqué ahí y que aprendo ahí, puedo decir que también en el conurbano se vive, se enseña, que con esa lengua se puede filosofar, se puede hacer literatura, se puede pensar, se pueden resolver problemas”.

Incluso, la protagonista de su primera novela, Cometierra, “resuelve cuestiones que no resuelven los policías, que no resuelve el sistema judicial”. En ese sentido, la autora planteó que “se puede hacer muchísimo con esa lengua, con esa experiencia y a veces también con esa falta de recursos. Cualquier docente lo sabe mejor que yo”.

Escribir desde la tierra

Publicada en 2019 por Sigilo, “Cometierra” marcó el debut novelístico de Dolores Reyes y se convirtió rápidamente en un fenómeno literario. Celebrada como uno de los mejores libros de su año por medios nacionales e internacionales, la novela inauguró una saga que continuó con “Miseria” (2023, Alfaguara) y consolidó una poética marcada por la crítica social a los femicidios y la violencia de género.

Cometierra es una adolescente de un barrio pobre que posee un don singular: cuando come tierra, puede ver el destino de las personas desaparecidas. Para acceder a esas visiones necesita un puñado de suelo cercano a los cuerpos ausentes, que en general son mujeres.

Reyes contó en la charla que la novela surge “de la idea de que la tierra en la que nacimos nos conoce”, contó. Para la autora, en el suelo quedan marcas materiales “porque ahí pasa la carne, los huesos, la sangre, el pelo, pero también hay algo de la experiencia de la memoria depositada en esa tierra”. Frente a “la voluntad de los violentos de desaparecer los cuerpos”, la tierra conserva el saber de dónde están.

Por otro lado, Reyes subrayó que el libro, a pesar de mostrar con una belleza desgarradora la violencia, también es luminoso y esperanzador: “Hay una mirada puesta en la resiliencia de la piba, en la supervivencia, en eso de construir amorosamente con otro, incluso en la utilización del don de Cometierra”. Porque la protagonista nunca usa esa capacidad vidente para sí misma ni para obtener un beneficio personal. Al contrario, “la pone al servicio de quienes más la necesitan. Yo creo que ahí está la esperanza”, afirmó.

Y si “Cometierra” abrió un universo que denuncia las violencias hacia las mujeres, “Miseria” lo expandió desde otro cuerpo y otra voz. “El personaje de Miseria es un homenaje a un montón de alumnas que yo he tenido, a todas esas pibas que tuvieron y tienen una historia durísima, llena de carencias, dificultades, con muchísimas violencias y vulneración de derechos, y son el alma de la fiesta y traen el don de la resiliencia, la vitalidad, la fuerza”, explicó la autora.


“Juzgar a un autor por el supuesto contenido inmoral de un texto, creo que desde Oscar Wilde hasta acá lo habíamos superado, ¿no? Por lo menos creíamos que sí”.


Leer contra el odio

La novela “Cometierra” fue elegida por la Provincia para formar parte de la colección Identidades Bonaerenses, que distribuye en bibliotecas de escuelas secundarias títulos de diversos autores para reflexionar sobre quiénes somos en este territorio. A causa de esta inclusión, en 2024, Dolores Reyes empezó a recibir ataques a través de redes sociales por parte de funcionarios del Gobierno nacional, como la vicepresidenta Victoria Villarruel y el secretario de Cultura de la Nación, Leonardo Cifelli, quienes señalaron la novela “Cometierra” como un “libro degenerado y para degenerados”. Las publicaciones apuntaban a que la novela tenía pasajes de “pornografía infantil”, en el marco de la campaña “¡Con los chicos no!”, con la que reclamaban que la literatura de Reyes y otras escritoras sea prohibida en las escuelas por “sexualizar” a niños y adolescentes. “Cosas muy ridículas de gente que en realidad no leyó el libro”, sostuvo la autora, porque incluso la cita que más se repitió entre los mensajes oficiales no era de “Cometierra”.

Esta campaña, analizó Reyes en la charla, responde aun ataque al mundo de la cultura que se está viendo, primero con los directores de cine, después con ciertos cantantes pop, actores, el Instituto Nacional de Teatro, o sea, es uno a uno, justamente porque leen ahí que va a haber una oposición y que va a haber mirada crítica”.

Y en cuanto a la literatura, aseveró: “Si dejamos que se queme un libro, mañana van a ser todos. Va a ser ‘Fahrenheit 451’. Yo sentía que estábamos a un paso de ser una sociedad que, en vez de debatir, quema los libros. De hecho, me mandaron fotos de gente rompiendo libros, o de libros destrozados. A mi editorial también llegaban infinidad de amenazas de juicios, que después por suerte no sucedieron. Además, juzgar a una persona, tanto a un autor como a un editor, por el supuesto contenido inmoral de un texto, creo que desde Oscar Wilde hasta acá lo habíamos superado, ¿no? Por lo menos creíamos que sí”.

“Me decían kuka, femikuka, todo lo que se les ocurra, pero también me escribían ‘te merecés una bala’ –continuó explicando–. Llegaron a mandar fotos de la puerta de la escuela de una de mis hijos. Yo estaba en pánico, además todo esto fue cuando estaba en una feria del libro en Dallas y pensaba que bajaba del avión y me mataban, porque realmente los mensajes eran ‘te mereces una violación’”.

“Yo soy hija y madre de la escuela pública”, declaró Reyes acerca de cómo se define.

Sin embargo, cuando bajó, sucedió lo contrario: recibió demostraciones de apoyo por parte de la gente que la reconoció. “Esa diferencia entre las redes y el mundo real la aprendí así, con sangre”, dijo.

Frente al ataque, la respuesta del campo cultural no tardó en llegar. Más de un centenar de escritores hicieron el 23 de noviembre de 2024 una lectura colectiva en el teatro El Picadero de Buenos Aires, algo que se replicó en todo el país, incluso en Mar del Plata, como forma de resistencia frente al intento de censurar libros en bibliotecas escolares, reafirmando la lectura y la literatura como espacios de libertad, debate y construcción democrática. La autora recordó que en el Picadero, Juan Sasturain le dijo: “Tengo no sé cuántos años, nunca vi tantos escritores juntos en toda mi vida”. “Ponernos a leer fue la mejor respuesta posible”, sostuvo.

A partir de este intento de prohibir “Cometierra” en las escuelas, la autora defendió con convicción: “Que en las escuelas haya bibliotecas al alcance de todos los alumnos es algo que voy a defender a muerte, justamente porque me parece totalmente clasista que muchos chicos tengan el acceso a un libro y muchísimos otros no, y tengan los docentes que hacer fotocopias siempre. Si esos chicos no tienen el acceso en la escuela, muy difícilmente lo tengan en las casas y ¿por qué se los va a privar de la experiencia de leer un libro?”. 

A su vez, destacó la importancia de los docentes, los mediadores y los bibliotecarios como figuras centrales para fomentar la lectura, gracias a su trabajo minucioso para seleccionar textos que cautiven a los adolescentes. De hecho, dijo que el amor por los libros que ve en la Argentina no lo ve ninguna otra feria del mundo y eso tiene una raíz clara: “Eso es muy de nuestro sistema educativo que están queriendo atacar tanto y que a mí me parece central a la hora de formar lectores”.

Señalar lo que se quiere ocultar

A fines del 2025, se estrenó por Amazon Prime Video la serie “Cometierra”, dirigida por Daniel Burman, y grabada y situada en México. Reyes dio su opinión sobre esta adaptación: “Yo no podía más de conocerla a Cometierra y cuando la conocí fue como un cariño que me dura hasta el día de hoy. Lilith (Curiel, la actriz que interpreta el rol protagónico en la serie) es casi como un familiar más, hablamos cada dos, tres días, me encanta cómo trabaja”. Y añadió: “Me encanta que leyeron algo ahí que está en ella, esa frescura, ese dramatismo también, que es del color de la tierra, algo que lo dice muy claro la novela. Hay una Latinoamérica diversa, muy representada en los cuerpos, que entendieron muy bien”.



Por otro lado, la escritora destacó la resonancia particular que tuvo su historia en ese país, donde la violencia de género y las desapariciones atraviesan la vida cotidiana con una crudeza extrema. Durante el rodaje, México atravesaba una crisis con más de 134.000 personas desaparecidas, “una cifra delirante”.

Mientras que en Argentina existe una tradición sólida de narrativas sobre los desaparecidos, la autora señaló que en México predomina el registro documental. “Una ficción que le habla a un público tan grande, donde la protagonista es una rastreadora, me pareció muy interesante”, afirmó, sobre todo en un momento en que las propias buscadoras están siendo amenazadas y desaparecidas.

La comparación también deja ver una diferencia en el reconocimiento social. En Argentina, indicó, hay un abrazo colectivo a las madres y abuelas que buscan: desde las madres de Plaza de Mayo a figuras contemporáneas como la madre de Marita Verón. En México, en cambio, “esas mujeres han estado muy solas”. Por eso, la serie invita a acompañar, a no despegarse del dolor ajeno, a romper con la lógica de “a mí no me pasó, listo, miro para otro lado”. 

A su vez, el impacto de “Cometierra” en públicos de diversas culturas –incluso contó anécdotas en países nórdicos– se explica, en palabras de la autora, por el “cruce de lo particular y lo tan arraigado en el estado de lengua con ciertos universales: la pérdida de la madre, la desaparición, el femicidio, la impunidad”. Todas problemáticas que se filtran, con distintos niveles de brutalidad, en cada sociedad donde va a presentar su libro.

En otro momento de la charla, Reyes aclaró que su escritura no busca “ilustrar noticias o tesis preconcebidas, sino que justamente es una novela, una historia ficcional”, en la cual su militancia feminista y ambientalista se corre para dar voz a sus personajes. No obstante, “la ficción tiene esa posibilidad impresionante de señalar a la realidad como un deíctico potente”. Pone el foco en “lo que se quiere ocultar, negar, ningunear”. Justamente, en la ficción de Dolores Reyes aparece “en carne viva” las formas de la violencia sobre los cuerpos de las mujeres, que le demostraron ser un problema universal. En ese sentido, lo resumió con una frase contundente: “Si todos los gobiernos y todo el sistema judicial cuidaran a las personas y a las mujeres en particular como se debe, este personaje no existiría”.

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