Economía argentina: objetivos, instrumentos y señales de una recuperación desigual
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Por José Luis Stella*
Uno de los principales problemas que enfrenta el Gobierno argentino es la dificultad de alcanzar simultáneamente varios objetivos con una cantidad limitada de instrumentos de política económica. Se busca, al mismo tiempo, continuar reduciendo la inflación, aumentar el nivel de actividad, recuperar el empleo, mejorar los salarios y fortalecer las reservas del Banco Central. Los instrumentos para cumplir estos objetivos son escasos o no están disponibles en el corto plazo; incluso, pueden entrar en tensión o contradicción, como, por ejemplo, un remedio para bajar la inflación complica la recuperación de la actividad.
La cuestión de la relación entre objetivos e instrumentos no es nueva. En 1969, Ragnar Frisch y Jan Tinbergen recibieron el Premio Nobel de Economía por sus trabajos pioneros en política económica. La idea central de Tinbergen, vigente casi sesenta años después, resulta particularmente relevante para la Argentina actual: para alcanzar distintos objetivos independientes se necesita contar con una cantidad suficiente de instrumentos. Al menos uno por cada objetivo deseable.
La historia argentina ofrece un antecedente paradigmático que suele comentar Juan Carlos de Pablo. Pedro José Bonanni asumió el Ministerio de Economía el 22 de julio de 1975, sucediendo a Celestino Rodrigo, en uno de los momentos más dramáticos de nuestra historia económica. Al comenzar su gestión, enumeró once objetivos y reconoció que no disponía de los instrumentos necesarios para alcanzarlos. Permaneció apenas 21 días en el cargo y fue sucedido por Antonio Cafiero.
Más de medio siglo después, el dilema vuelve a aparecer, aunque en un contexto diferente: ¿hasta dónde puede el Gobierno, para continuar con la desinflación, sostener la disciplina monetaria y cambiaria sin frenar la recuperación de la actividad, el empleo y el consumo?
El diagnóstico de la industria argentina ayuda a entender la magnitud del problema. Un informe del Boletín Informativo Techint, elaborado por Bernardo Kosacoff y Diego Coatz, describe al sector industrial como atravesando una situación de “extrema fragilidad”. Los autores identifican tres Argentinas industriales: un núcleo moderno, productivo y exportador; un amplio conjunto orientado principalmente al mercado interno, con capacidades acumuladas, pero problemas de productividad y competitividad; y un segmento de baja productividad y elevada informalidad.
Entre 2011 y 2025, el PBI industrial por habitante se contrajo 28%. En ese período, NO se generó empleo formal adicional, mientras la población aumentó más de 15%, según el informe. La recuperación actual, por lo tanto, no es homogénea: algunos sectores crecen con fuerza, otros permanecen estancados y un conjunto importante todavía atraviesa una fuerte contracción.
Sebastián Galiani, en su paso por Argentina, cenó con el presidente Milei el jueves 13 de agosto, expresó que “esto es normal mientras la economía reasigna recursos ajustándose, terminado el proceso de ajuste el crecimiento debería ser más uniforme entre los sectores”.
Algunas señales positivas: mayor disponibilidad de crédito en dólares, que puede contribuir a financiar inversiones; Vaca Muerta y el proyecto Argentina LNG, impulsado por YPF para la exportación de gas natural licuado. El proyecto contempla inversiones por US$ 51.000 millones. Moderación de los precios mayoristas. El IPIM registró, en julio de 2026, un aumento de 0,8% mensual.
Señales para pensar. La inflación presenta dos realidades. La desaceleración de los precios es un logro significativo, aunque parte de esa moderación puede explicarse por la dificultad de muchas empresas para trasladar aumentos: en algunos sectores no pueden hacerlo porque perderían ventas; en otros, la demanda permite trasladar costos.
El riesgo país volvió a ubicarse en torno de los 500 puntos básicos, su nivel más elevado de los últimos dos meses. No constituye necesariamente una señal de crisis, pero muestra que el mercado continúa exigiendo una prima importante para financiar a la Argentina. Mientras que los economistas seguimos discutiendo si el dólar a $1.500 está o no atrasado.
Por otra parte, hay luces rojas:
a) El regreso de las cuasimonedas. La decisión de La Rioja de recurrir nuevamente a los “Chachos”, junto con declaraciones, si el peronismo vuelve a ser gobierno, sobre posibles expropiaciones, vuelve a poner en escena los problemas de las finanzas provinciales y no contribuye a mejorar el clima de inversión.
b) Los casos de Martín Insaurralde y las controversias vinculadas con declaraciones patrimoniales de funcionarios como Manuel Adorni vuelven a instalar la exigencia social de transparencia y coherencia en quienes ejercen funciones públicas.
c) Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 se perdieron 241.176 empleos privados formales. La industria manufacturera explicó 85.561 de esas pérdidas y la construcción, otros 62.747. Ambos sectores concentraron alrededor del 61,5% de la caída.
d) La diferencia entre los precios de los medicamentos argentinos y los de otros países abrió una discusión sobre la estructura de costos. Los laboratorios sostienen que deben contemplarse descuentos y condiciones comerciales vinculados con prepagas y PAMI. Discusión que comenzó el Ministro de Desregulación Federico Sturzeneger antes de asistir el 2 de septiembre al Laboratorio ELEA, donde se festejará el día de la industria.
e) El Gobierno busca modificar el régimen de subsidios, zonas frías, mientras las provincias del Norte Grande reclaman asistencia. El desafío consiste en reducir el gasto sin generar un impacto excesivo sobre hogares, empresas y economías regionales.
f) El aumento del endeudamiento de los hogares constituye una señal de alerta. Según el gobernador bonaerense Axel Kicillof, cerca del 60% de los adultos está endeudado y unas seis millones de personas se encuentran en mora. La Provincia también investiga a billeteras virtuales por presuntos incumplimientos en materia de defensa del consumidor.
g) Hay crisis del sistema de salud en todo el país. En Mar del Plata, la pérdida de prestadores vinculados al PAMI, entre ellos la Clínica Belgrano y posteriormente la Clínica Mar del Plata, se suma a las dificultades de obras sociales y prepagas. Cuando estos sistemas reducen su capacidad de atención, aumenta la presión sobre los hospitales públicos, profundizando una crisis estructural que excede a la actual administración.
Desde que asumió esta gestión, se pueden observar cuatro fases, referidas a la evolución de la actividad.
Primera: la caída inicial. Tomando noviembre de 2023 como base 100, el EMAE descendió hasta 96,2 en abril de 2024, una contracción de aproximadamente 3,8%. Fue el costo inicial del programa de estabilización: caída del consumo, ajuste fiscal, contracción monetaria y menor actividad.
Segunda: la recuperación. Entre mayo de 2024 y febrero de 2025, la actividad creció alrededor de 8,8%, hasta alcanzar 104,7. Fue la etapa de recuperación, acompañada por una recomposición parcial de la producción industrial.
Tercera: el frenazo. Entre febrero y noviembre de 2025, el EMAE prácticamente se estancó y terminó en 104,1. La etapa estuvo marcada por el freno de la actividad, la incertidumbre electoral y el aumento de las tasas de interés.
Y cuarta: el serrucho. En la actualidad, la economía ingresó en una etapa irregular, con meses de crecimiento alternados con retrocesos. En los primeros cinco meses del año, la actividad se ubicó 1,7% por encima del mismo período del año anterior, pero esa mejora convive con una realidad sectorial muy heterogénea. Cómo explicamos arriba, una recuperación desigual.
La principal conclusión es que la economía argentina parece transitar una recuperación a dos velocidades. Aproximadamente un 20% de las actividades funciona como motor de crecimiento, fundamentalmente energía, minería y agro, sectores dinámicos, exportadores y con capacidad para generar divisas. Otro 30% se encuentra relativamente neutro, mientras que el 50% restante presenta dificultades importantes, particularmente comercio, industria y construcción.
Aquí aparece una contradicción central del programa económico: los sectores con mayor potencial para generar dólares no son necesariamente los que generan más empleo, mientras que las actividades que concentran empleo son precisamente las que todavía muestran mayores dificultades para crecer.
El desafío futuro, desatada la campaña electoral, es: estabilidad de precios versus crecimiento.
La estrategia económica del Gobierno parece haber definido sus prioridades: consolidar la estabilidad monetaria, sostener tasas reales positivas, mantener una política monetaria restrictiva, evitar una expansión significativa del crédito y preservar el esquema cambiario.
Como señaló Willy Kohan, al interpretar el discurso oficial resumido en que el Presidente redobla la apuesta, el Gobierno parece dispuesto a “morir con las botas puestas” antes que abandonar prematuramente el programa de estabilización. La pregunta es si esta estrategia puede sostenerse sin generar un costo demasiado elevado en actividad, empleo y consumo.
La Argentina tiene hoy motores extraordinariamente potentes: energía, minería y agroindustria. El proyecto de GNL asociado a Vaca Muerta y las inversiones en recursos naturales pueden generar un flujo de divisas capaz de modificar la estructura económica del país. Pero existe otra Argentina, mucho más vinculada al mercado interno —industrias, comercios, constructoras y empresas de servicios— que todavía no participa plenamente de esa recuperación.
El desafío de la próxima etapa será lograr que la estabilidad deje de ser solamente una condición macroeconómica y se transforme en crecimiento sostenido, inversión, empleo formal y mejora del ingreso real.
Hay un nuevo indicador que no mide ni el Indec ni el Banco Central: “el entusiasmo”. La desaceleración de la inflación y la estabilidad cambiaria no terminan de traducirse en optimismo. El consumo está golpeado, la morosidad limita el crédito y la apatía crece entre los electores. Son fenómenos distintos, pero empiezan a dibujar una misma fotografía: la del cansancio de un sector amplio de la sociedad.
El 63% de los argentinos asegura estar poco o nada interesado en política, 18 puntos más que el año pasado. Y el 42% no se identifica con ningún partido o espacio político, el nivel más alto desde que comenzó la serie en 2023. El “ningunismo”, como lo bautizó el informe del Observatorio Pulsar de la UBA, crece con rapidez y ninguna fuerza política parece poder frenarlo.
Es, en definitiva, la “foto horrible” de la que habló Milei en el Council of the Americas. No hay crisis, pero tampoco sobra el optimismo. La apatía y la indiferencia atraviesan horizontalmente a toda la oferta electoral. No hay bronca ni rechazo: no hay nada.
Morgan Stanley, en su último informe sobre la Argentina, expresa: “La trayectoria de la inflación, los salarios reales, el crédito y la actividad económica durante los próximos meses será mucho más importante para determinar el humor del mercado el próximo año”.
Por el momento, no surge un candidato firme que desafíe al presidente de cara al próximo mandato. Apenas iniciamos este trayecto -como quien viaja de Mar del Plata a Buenos Aires y recién alcanza Las Armas-, la duda persiste y la pregunta central es: ¿damos marcha atrás con un cambio radical de la política económica, como propone Quintela en la oposición, o continuamos la marcha consolidando los aciertos y corrigiendo lo pendiente?
Ese interrogante solo tendrá una respuesta contundente el 24 de octubre de 2027 en las urnas.
*Licenciado en Economía
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