El básquet argentino y una crisis que ya no se puede ocultar
Los resultados desalentadores son consecuencia de la ausencia de una planificación en formación y desarrollo. Cada vez se incrementan más las diferencias con las potencias.
Los jugadores quedan exentos de responsabilidad según el análisis de Oscar Sánchez.
Por Oscar “Huevo” Sánchez
Para no tomar a mal esta realidad, quiero dejar bien en claro que los jugadores y muchos entrenadores no son los responsables de estos resultados negativos del básquetbol argentino actual.
Ayer volvimos a sufrir una nueva eliminación en una competencia de nivel internacional. La Selección U18 perdió la clasificación al Mundial U19 2027, algo que se suma a una serie de resultados preocupantes en los últimos años.
Antes ya habíamos terminado últimos en la AmeriCup U16 y sin clasificación al Mundial U17 de 2026. Todo esto dentro de una realidad continental que, lamentablemente, está muy lejos del nivel que hoy muestran los europeos.
Hace apenas quince días pude verlo personalmente en Grecia: Alemania, Francia, España, Serbia, Finlandia, Australia y otras potencias están, al menos, dos escalones por encima de Latinoamérica.
La selección mayor tampoco escapa a esta situación. Todos recuerdan la derrota ante Chile por 79-77 en Valdivia, el 25 de febrero de 2024, por las Eliminatorias de la AmeriCup. Fue la primera caída argentina ante los chilenos desde 1955, cortando una racha de 69 años. A eso se suma haber quedado afuera del Mundial 2023 y no haber clasificado a los Juegos Olímpicos de París 2024.
Son resultados que alimentan inevitablemente el debate sobre el presente y el futuro del básquet argentino, especialmente en materia de formación y desarrollo de jugadores.
Mientras tanto, nuevamente hay cambios en la conducción deportiva. Ahora llega Cristian Santander, un hombre que conoce el medio y tiene experiencia. Pero la realidad es que, como tantos otros antes, se suma a una larga lista de responsables que pasan sin poder completar un proceso serio de seis u ocho años.
Recuerdo incluso cuando su hermano Silvio, un gran entrenador, nos explicaba conceptos en los cursos de la CABB. Después llegó otro excelente profesional como Mariano Marcos, una figura muy respetada dentro del ambiente. Tomó el cargo en 2022 y terminó siendo apartado tras negarse a asumir como propia (y de su staff) la decisión de dejar afuera a tres importantes jugadoras de la Selección U19 femenina. Increíble.
Cada responsable de selecciones arribó con nuevas convocatorias de entrenadores, reuniones, lineamientos y proyectos. Todo parecía comenzar de nuevo una y otra vez. Y así es imposible construir una identidad y sostener un rumbo.
Así estamos, amigos. La NBA, la Euroliga y las grandes competencias muchas veces terminan tapando esta realidad que atraviesa nuestro básquetbol.
Sinceramente, no sé qué estamos esperando. Tal vez una reacción de quienes fueron grandes entrenadores, dirigentes o jugadores. Personas con experiencia y prestigio que puedan sentarse a pensar una verdadera política deportiva de alto rendimiento, acompañada por gente idónea y sostenida durante al menos ocho años. Porque sin continuidad, planificación y convicción, los resultados seguirán siendo exactamente los mismos.
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