El presidente de EE.UU., Donald Trump.
Por Jorge Raventos
Aunque los libros de Historia suelen elegir algún acontecimiento particular–la toma de la Bastilla, la ocupación del Palacio de Invierno, los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, por caso- como hito para señalar un cambio de época, lo cierto es que las grandes transformaciones son procesos que encadenan miles de cambios moleculares (sociales, culturales, tecnológicos, demográficos, económicos) que se potencian recíprocamente, se articulan y simultáneamente, con ritmo paulatino o vertiginoso, van desarticulando prácticas, normas, relaciones y costumbres preexistentes que el tiempo había naturalizado.
Los hitos históricos
Desde los últimos años del siglo XX el mundo viene acumulando hitos que parecen dar cuenta de una sucesión de cambios epocales superpuestos y solapados, largos de enumerar: una revolución tecnológica y de las comunicaciones que ha trastornado los conceptos de tiempo y espacio; la disolución de la Unión Soviética y el fin de la guerra fría; notorias y catastróficas manifestaciones del cambio climático, una pandemia extendida durante meses en el planeta, la globalización económica y una paralela reacción antiglobalista con el crecimiento en los países mayores de Occidente de corrientes nacionalistas e identitarias; el sostenido ascenso de la República Popular China a la condición de segunda potencia mundial (con ritmo y aspiraciones de volverse la primera), Y la lista no se agota allí.
La semana próxima se producirá otro acontecimiento que seguramente se erigirá en hito: en la capital de Estados Unidos se encontrarán para negociar cara a cara, el presidente Donald Trump y el líder de la República Popular China, Xi Jinping. Tienen una agenda acuciante en la que han venido trabajando sus equipos. Trump quiere que China reduzca su extraordinario superávit comercial, reflejo de su pericia industrial tanto como de la eficacia de su Estado, en la coordinación y respaldo a la producción y en su diplomacia política y comercial. Pero han surgido otros temas sobre los que necesitan hablar: la creciente crisis energética disparada por la guerra que Estados Unidos e Israel lanzaron contra Irán en febrero; la escalada que se observa en el conflicto entre Rusia y Ucrania en el que está crecientemente involucrada la OTAN. Y uno, prioritario: la Inteligencia Artificial y la fijación de un orden que la contenga sin poner en debate su desarrollo.
Magnifica humanitas
Esta semana ese asunto se recalentó después de que varios investigadores de la industria denunciaron que las empresas que desarrollan inteligencia artificial “juegan con las vidas” de la humanidad. Sus observaciones inevitablemente evocan las advertencias formuladas por el Papa León XIV en su encíclica Magnifica Humanitas.
Rápidamente reaccionaron los líderes del sector. El primero en hacerlo fue, Darío Amodei, CEO de Anthropic. Quien sugirió un marco coordinado para moderar el ritmo de desarrollo de los algoritmos más potentes (particularmente lo que se conoce como IA de frontera) y permitir auditorías externas independientes. Inmediata y sorpresivamente, Amodei recibió el apoyo de grandes competidores, los magnates tecnológicos Sam Altman (OpenAI) y Elon Musk (xAI).
Amodei no propuso que se frente la investigación o se paralice el entrenamiento de modelos de IA, sino acompañar ese desarrollo con más medidas de seguridad, introducir verificadores externos en las principales plantas de investigación y buscar acuerdos globales con China. A Dios rogando…Amodei sugiere que, para evitar que los desarrollos chinos aventajen a los de Estados Unidos, se mantengan fuera del alcance chino los chips más avanzados y la maquinaria necesaria para fabricarlos, se persiga su contrabando y se combata la “destilación” no autorizada. *esto es, el entrenamiento de modelos más chicos y económicos con logros generados por otro más potente. Pese a este celo antichino, Donald Trump arremetió contra la propuesta de Amodei y contra las prevenciones de los líderes de la IA. Consultado sobre las advertencias de que la IA podría escapar del control humano antes de que termine la década, Trump las desestimó: “No, no me preocupa en absoluto”, dijo y aseguró que se trata de “escenarios ficticios que no van a suceder”, de “una patraña” y una ” conspiración enfermiza ” Insinuó que estas propuestas son, en verdad, maniobras promovidas por las grandes corporaciones del sector tecnológico para evitar que el mercado se abra y también consideró que “frenar la industria en este momento solo serviría para cederle la ventaja estratégica a China.”. Enmarcó esta cuestión con una frase elocuente: “El que gana en IA, gana la partida”, por lo que la prioridad absoluta de Estados Unidos debe ser mantener su ventaja actual frente a Pekín.
Un nuevo campo de batalla
En verdad, esa ventaja se ha relativizado en el último tiempo. Hoy China está claramente al frente en el desarrollo de robots y según el diario El País, “el Índice de IA 2026 de Stanford considera que la brecha de rendimiento entre los mejores modelos estadounidenses y chinos se ha estrechado considerablemente. Desde comienzos de 2025, se han alternado en los primeros puestos de Arena, una clasificación basada en comparaciones a ciegas en las que los usuarios eligen qué respuestas consideran mejores. En marzo, el modelo líder, desarrollado por Anthropic, aventajaba en esa clasificación al principal competidor chino por solo un 2,7 por ciento”.
Trump desoye o subordina las advertencias sobre seguridad que vienen de las propias empresas porque asigna a la Inteligencia Artificial un papel decisiva en la pugna con China que pasa, fundamentalmente, por imponer el ritmo y las normas generales de su desarrollo. Trump busca conducir centralmente esa competencia. Ya en diciembre del año último firmó un decreto para centralizar las regulaciones sobre la inteligencia artificial e impedir que esa atribución se federalice y dependa de cada estado de la Unión. La IA hecha en Estados Unidos “no tendrá éxito si no hay una única fuente de aprobación o desaprobación. No puede haber 50 fuentes distintas”, dijo entonces Trump. , De reojo miraba a China: “Solo habrá un ganador acá, probablemente será Estados Unidos o China y, ahora mismo, estamos ganando”. Trump no quiere que otros le marquen el ritmo.
China se avecina
Es interesante observar que China también reaccionó con rechazo ante la propuesta de Anthropic y los otros desarrolladores estadounidenses. El vocero de la cancillería china, Guo Jiakun, declaró que “las narrativas de amenaza” y la “competencia malintencionada” perjudican la gobernanza global de la Inteligencia Artificial y “no benefician a los intereses de ninguna de las partes”. El diario Global Times, orientado por el comunismo chino, afirmó editorialmente que la propuesta de los magnates tecnológicos estadounidenses responde a una “agenda oculta” que pretende “estrangular el desarrollo de la segunda economía del planeta” y lo definió como “un manual de guerra fría disfrazado de reflexión racional sobre la seguridad de la IA”. El objetivo, de acuerdo con ese medio, es frenar a las firmas chinas mediante barreras tecnológicas y “monopolios regulatorios”, preservar la hegemonía estadounidense y apartar a Pekín de la elaboración de las normas mundiales. Por su parte, el ministro de Seguridad del Estado, Chen Yixin, subrayó que la IA es el “principal campo de batalla de la competencia tecnológica mundial” y un nuevo terreno de la “pugna estratégica entre grandes potencias”.
En relación con las inquietudes y advertencias sobre los riesgos de seguridad detectados en la IA más avanzada, China asegura que ejerce una supervisión estricta y ética sobre sus desarrollos. . En julio, junto con otros 28 países China firmó en Shanghái el acuerdo para constituir la Organización Mundial de Cooperación sobre la IA. En ese contexto, Xi reclamó que la supervisión sea “más precisa y eficaz”. Beijing previene contra la pretensión de “determinados países” de invocar la seguridad nacional para imponer controles tecnológicos, monopolizar los estándares y limitar la capacidad de innovación de otros Estados.
Hay un esfuerzo chino por establecer un diálogo bilateral y convertir ese canal en uno de los principales resultados de la cumbre prevista para la semana próxima. Un acuerdo chino-estadounidense sobre seguridad en materia de Intrligencia Artificial sería un nuevo hito de cambio de época, un acercamiento, una contención del conflicto, una aproximación a la cogestión en el tema determinante de este tiempo, asociado a la vida y también al desborde de la Humanidad.
América, del Ártico a la Antártida
Washington atiende simultáneamente varios escenarios. Trump acaba de anunciar un acuerdo con Dinamarca –que ejerce la soberanía sobre Groenlandia- y con la administración local autónoma de ese territorio que asignaría a Estados Unidos la autoridad sobre temas de seguridad que incluyen la capacidad de decidir sobre asentamientos extranjeros en ese espacio. El Presidente, que amenazó incluso con el posible uso de la fuerza para hacerse con Groenlandia, parece haber conseguido ese objetivo transaccionalmente como paso para cumplir con el sueño de un dominio americano del Ártico a la Antártida. En ese marco de creciente protagonismo de Estados Unidos en el Hermisferio Occidental se proyecta la importancia de los dichos y gestos de Trump sobre el conflicto de Malvinas,ambiguar, si se quiere, pero inequívocamente ligadas al capítulo antártico.
Estados Unidos observa el tema Malvinas más allá de la pelea argentina por las Islas: le interesa la proyección sobre la Antártida y el control sobre el paso interoceánico. No quiere que China tenga oportunidad de jugar sus cartas en ese escenario. No todo es Inteligencia Artificial.
Uno y el universo
En Uno y el universo Ernesto Sábato incluyó una frase muy aguda : “Habrá siempre un hombre tal que, aunque su casa se derrumbe, estará preocupado por el Universo. Habrá siempre una mujer tal que, aunque el Universo se derrumbe, estará preocupada por su hogar”. Conviene cambiar las determinaciones de género para gambetear las críticas políticamente correctas, pero lo cierto es que hay personas que responden a esos modelos.
Para Javier Milei el tema Malvinas abrió un interregno discursivo que le permitió retomar centralidad en la conversación pública. La economía, que es su leitmotiv clásico centrado en la desinflación, no conseguía devolverle la centralidad y el predominio de un año atrás. Malvinas no lo ayudó demasiado a recuperarse pero al menos le permitió descansar momentáneamente en el clinch. La oposición hizo básicamente la venia ante la malvinización y seguramente en unas semanas le tomará examen de coherencia en ese asunto. Mientras tanto, discute otros temas, donde la admi nistración libtertaria se muestra empantanada: el INDEC reveló que al término del primer semestre de 2026, la pobreza se incrementó en un 31 por ciento. Dicho en cifras absolutas: 14 millones y medio de personas cayeron bajo la línea de pobreza en esos seis meses. El índice de desempleo, en tanto, se ubicaba en 7,8 por ciento: casi 8 de cada 100 personas que buscan una ocupación no consiguen siquiera un empleo precario, temporario y mal remunerado. Estos hechos se reflejan en las encuestas y son una señal de alarma para el oficialismo que tiene la mira puesta en la elección del año próximo.
Ese cuadro estimula al gobierno a procurar que la oposición siga dispersa y no encuentre mecanismos que faciliuten su agrupamiento. Por eso evitar las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias se ha convertido en una misión crucial para los operadores oficialistas, desde el ministro de Interior, Diego Santilli, hasta los cabecillas parlamentarios, (Martín Menem, cabeza de la Cámara de Diputados y Patricia Bullrich, jefa del bloque libertario en el Senado). Todos estos operadores observaron decepcionados esta semana que desde el Ejecutivo desbarataban el paciente y trabajoso tejido en el que buscan incluir un número suficiente de aliados como para cumplir con la tarea asignada. En el proyecto de presupuesto del año próximo –cuya aprobación es tan crucial para el gobierno como la elusión de las PASO- Economía y la Casa Rosada incorporaron cambios que eliminaban puntos previamente conversados y acordados con los sectores dialoguistas. “A mí no me van a tomar por tonta”, se quejó Bullrich y reveló que esos cambios se habían ocultado a la “mesa política” oficialista que construyó Karina Milei.
El golpe sobre la mesa que dio la senadora obligó a los autores del cambio a reverlo y así, el gasto previsto para discapacidad volvió al lugar del que había sido desalojado. Un retroceso autoimpuesto Ahora faltan los que suscite la oposición en el debate. Por caso: los casi 150 millones de dólares que Economía prometió para proseguir las obras largamente suspendidas de construcción de la Base Unificada de Tierra del Fuego, anunciada en relación con la recuperación del tema Malvinas,no están previstas en el proyecto de presupuesto.
Lo previsible es que, si aplica la cuota de pragmatismo que siempre exige la discusión de fondos con las provincias, el gobierno consiga que el presupuesto atraviese con éxito el examen legislativo. La oposición puede perfectamente criticar el presupuesto presentado por el gobierno e incluso promover cambios en él, pero rechazarlo sin más sería considerado una decisión de enorme gravedad.
PASO y oposición
La anulación de las PASO es otro expediente: demandará otras discusiones, concesiones que hasta hoy Milei rechaza y que, en última instancia , no garantizan que el objetivo oficialista se concrete, ya que hay que juntar muchas voluntades (una por una, ya que el gobierno rehúye los amuchamientos, inclusive el de gobernadores). Para marcar la cancha, La Libertad Avanza reclama a los gobernadores dialoguistas que se comprometan a votar las reformas políticas que impulsa el gobierno (en prmer lugar, la eliminación de las PASO) si quieren sentarse a negociar beneficios financieros o políticos para sus provincias. Habrá que ver cuánta credibilidad le conceden los gobernadores a esos condicionamientos.
Entretanto, la oposición empieza a calentar motores. Mauricio Macri visita regionales del Pro y, mientras algunos de sus alfiles se entretienen en conversaciones con el oficialismo, él insiste en concurrir a la presidencial del año próximo con candidato propio y carga el tanque de Hernán Lacunza.
El peronismo, de su lado, empieza a ofrecer gestos y nombres. Una semana atrás, en el Hotel Savoy y con la excusa de un homenaje a José Manuel De la Sota, coincidieron bajo un mismo techo peronistas que hace tiempo no se veían: cordobesistas como el gobernador Llaryora y el exgobernador Juan Schiaretti se abrazaron significativamente con Sergio Massa, clausurando así lo que muchos juzgaban un distanciamiento irreparable. Allí estuvieron asimismo desde un delegado de Axel Kicilof (el jefe de gabinete Carlos Bianco) hasta figuras del nuevo peronismo renovador (Juan Manuel Olmos, Guillermo Michel, Victoria Tolosa Paz), pasando por líderes próximos a Luis Saenz Peña1111, como ; Germán Martínez, jefe del bloque de diputados de Unión por la Patria, ex gobernadores como el salteño Juan Manuel Urtubey, el bonaerense Felipe solá y la fueguina Rossana Bertone, próceres sindicales como Luis Brrionuevo y su excuñado Dante Camaño, y hasta el banquero Jorge Brito, además de muchas otras figuras de la panoplia justicialista. El homenaje convocado por Candelaria De la Sota, una de las hijas del ex gobernador cordobés, fue ocasión para una señal inequívoca: los peronistas trabajan para produje una oferta unificada.
Ayer, por su parte, Axel Kicilof dio un pasito al frente y presentó en Avellaneda su Movimiento Derecho al Futuro, un eufemismo para confirmar que competirá por la presidencia y postergar un tiempo más el lanzamiento formal de su (pre)candidatura. El gobernador bonaerense se esfuerza en separarse sigilosamente de quien fuera su jefa, Cristina de Kirchner. Un sigilo que ella no se autoinflige, pues parece desafiar a Kicilof a que recolecte votos sin usar los que ella considera propios. Ese tironeo produce una fastidiosa disonancia en un ámbito en el que la enorme mayoría se inclina por el sentido común, es decir, por afrontar el desafío electoral unidos y postergar hasta después de ls urnas los pases de factura. Una versión doméstica de la contención.
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