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La Ciudad 26 de septiembre de 2016

El camino olvidado de un prócer

El monumento a Pueyrredon que se encuentra en el acceso a la Municipalidad lleva 112 años en Mar del Plata. Tuvo distintos emplazamientos y sufrió 38 años de retiro y olvido hasta que volvió a ver la luz.

Por Costanza Addiechi

Directora coordinadora de Restauración de Monumentos Históricos MGP

Hoy nos encontramos para hablar del monumento al general Juan Martín de Pueyrredon (apellido que se escribe sin tilde).
El prócer tiene en nuestra ciudad dos obras que lo representan. Una es el busto que está frente al Palacio Municipal que lo muestra vestido de militar en su mediana edad y al que haremos referencia hoy. La otra es una escultura de cuerpo entero con vestimenta de civil que lo refleja en la madurez, ubicada en la plaza que lleva su nombre (Libertad entre 14 de Julio y 20 de Septiembre).
Les confieso que estuve tentada a escribir en esta publicación acerca de ambas considerando que hacían referencia al mismo personaje. Me senté delante de ellas a observarlas durante largo rato e inevitablemente me transporté al momento histórico en que fueron creadas, a sus variados emplazamientos y los motivos sociales, políticos y urbanísticos por los que habían sido trasladadas. Allí entendí que si bien hablaban del mismo hombre, cada una como obra de arte, tenían una historia diferente, un diseño propio, un material y estado de conservación dignos de ser analizados en modo individual. Me atraparon al punto de no querer perder la oportunidad de estudiarlas exhaustivamente y colocarlas dentro de las próximas obras a restaurar.

El camino de Pueyrredon

Les propongo recorrer el camino que siguió el busto del prócer argentino en la ciudad, desde 1904 hasta nuestros días.
La idea de crearlo nació en los años previos al 1900 pero fue en 1901 cuando el director del Museo Histórico Nacional, Adolfo Carranza, lo plantea firmemente junto al diseño del escultor Rafael Hernández y el sitio en donde debía ser colocado. En una significativa ceremonia el 27 de febrero de 1904 es inaugurado frente a los salones del Hotel Bristol, hoy Buenos Aires entre San Martín y Rivadavia, en la plazoleta que llevaba su nombre, coincidiendo con el trigésimo aniversario de nuestra fundación.
En 1917 la zona había crecido considerablemente por lo que el busto y su pedestal son retirados a fin de ampliar la playa de estacionamiento del renombrado hotel. Es allí cuando el General Pueyrredon parte hacia la plaza Luro, actual plaza San Martín, para ser emplazado en el lugar que hoy ocupa el Monumento a la Bandera.
Llega el año 1938 con el desarrollo y las transformaciones lógicas de una ciudad que dejaba atrás el período de la Belle Epoque. Los espacios públicos cambian su fisonomía y la cantidad de piezas escultóricas que los ornamentaban aumentan. El busto del prócer resultaba ya modesto y antiguo para el sitio que ocupaba por lo que deciden guardarlo en dependencias municipales y reemplazarlo por una nueva escultura del General de mayores dimensiones en donde se lo representaba de cuerpo entero. El 22 de noviembre es inaugurada junto al Monumento a la Bandera y la actual sede municipal del arquitecto Bustillo. Años más tarde sería trasladada a la plaza que lleva su nombre.

Un largo olvido

Fue recién el 18 de diciembre de 1976, al cumplirse el bicentenario de su nacimiento, que el busto vuelve a mostrarse. Esta vez es colocado en la entrada de la Municipalidad donde hoy podemos verlo si transitamos por la calle Hipólito Yrigoyen. Me pregunto dónde estuvo guardado durante 38 años sin sufrir daños relevantes y a quiénes tenemos que agradecer la permanencia de esta obra. El estado de conservación es bueno aunque presenta rastros de graffiti y en el basamento dañado una amplia inscripción grabada que, apenas legible, cuenta los datos del general y las fechas de sus antiguos emplazamientos.
Fue testigo de la actividad social y política de cada época, retirado y olvidado y vuelto a emplazar. Después de escribir esta nota es ineludible su inmediata restauración, 112 años de historia ubicados en el frente del edificio municipal que deben ser cuidados y protegidos como parte del valiosísimo patrimonio escultórico de nuestra querida ciudad.