El detrás de escena y el contexto en que Montenegro decidió volver
La escalada de la inseguridad asoma como el factor clave. Pero también hay razones políticas. Los radicales lo esperaban más que los libertarios. Fin del doble comando que exhibió como pocas veces la interna del PRO.
Guillermo Montenegro vuelve a la intendencia.
Por Ramiro Melucci
No hubo demasiada anticipación para nadie. A pesar de que hace diez meses se está escribiendo la crónica del regreso anunciado, Guillermo Montenegro empezó a comunicar su decisión de volver a la intendencia pocas horas antes de que la noticia estuviera en los medios locales y nacionales.
Primero se la comunicó a Agustín Neme en un encuentro a solas. Después llamó al senador nacional Maximiliano Abad, jefe del radicalismo vernáculo, y al diputado nacional Alejandro Carrancio, referente de La Libertad Avanza en el distrito, los principales socios del PRO en el gobierno local. También le avisó al jefe de Gabinete de la Nación, Diego Santilli, y al presidente del PRO en la provincia, Cristian Ritondo. Buena parte de los llamados fueron el mismo viernes a la mañana. A la tarde, el anuncio de la vuelta ya era un hecho.
Se preocupó por aclarar que la decisión de volver no obedecía a la manera en que Neme estaba gobernando la ciudad, sino a que sentía la necesidad de asumir la responsabilidad del momento delicado que atraviesa la ciudad, sobre todo en materia de seguridad.
En la intimidad se lamenta porque perderá tranquilidad. Tendrá menos tiempo para su familia. Los que conversaron con él ayer le escucharon una comparación: “Un sábado podía salir a pasear con mis hijos y ahora ya estoy hablando con todo el mundo”.
Lo que perderá de vida familiar lo ganará en protagonismo político. En el Senado de la provincia había perdido centralidad. La imposibilidad de recalar en un Ministerio nacional lo había dejado en ese ámbito que sesiona de vez en cuando y donde no es fácil hacerse notar.
Pero jura que la decisión la tomó porque no podía “seguir mirando por la tele” lo que pasaba en Mar del Plata. Refiere, claro, a los hechos de inseguridad que mostraban todos los medios. Hubo quienes identificaron una línea de puntos entre el anticipo de Patricia Bullrich de que podían llegar fuerzas federales antes de la temporada y su decisión de volver. ¿Llega con ese anuncio? No hay confirmaciones.
Cuando gran parte de la dirigencia local pone el acento en la relación del Municipio con la Provincia, Bullrich reclamó un acuerdo “responsable” entre las autoridades provinciales y nacionales por la seguridad de Mar del Plata. El pedido de la exministra de Seguridad Nacional –es decir, de alguien que ya lidió con el asunto hasta hace poco– pone en evidencia las diferencias entre las fuerzas de seguridad y encierra un interrogante: ¿trabajan de manera coordinada o hay problemas de cartel? Montenegro llega con el objetivo de convertirse en garante de la coordinación.
Vuelve, sin embargo, a una ciudad atemorizada. El relevamiento de Mar del Plata entre Todos y el Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales advirtió que los vecinos ven la situación más crítica que hace un año, se sienten inseguros en los espacios públicos y evalúan de manera negativa la respuesta policial.

Guillermo Montenegro y Agustín Neme, en una de las pocas oportunidades en las que dejaron verse juntos durante los últimos 10 meses.
Pero vuelve a una ciudad a la que también la afligen otros problemas. El último informe sobre desempleo del Indec, referido al segundo trimestre de 2026, marcó 9,9%, lo que implicó un incremento de 3,6 puntos porcentuales respecto del mismo período del año pasado.
Regresa con ventas comerciales a la baja, el turismo deprimido y a las puertas de una temporada incierta. Una temporada que la subsecretaria de Turismo bonaerense, Soledad Martínez, aventuró que “será lamentable”.
Regresa después de que se aprobara el recorte de Zona Fría, que dejó expuestas algunas diferencias con Neme, pero sobre el que no emitió opinión.
Vuelve con las finanzas municipales tan en rojo como cuando se fue, sin pliego de transporte, con una ordenanza que avaló las aplicaciones de transporte pero sin reglamentación, y un contrato de higiene urbana que no para de crecer: ya llegó a los $ 6.800 millones mensuales.
También con más incertidumbre sobre la licitación del Minella. Quedó lejos (ya pasaron casi dos meses) la resolución que creó una comisión para analizar la solicitud de la concesionaria para transferir acciones a la empresa de Marcelo Fígoli. Desde entonces nada más se supo y se mantiene un proceso asimétrico para los intereses de la ciudad: Minella Stadium recauda por cada evento en el Polideportivo, pero todavía no hizo una obra.
Llega cuando el presupuesto municipal todavía debe ser presentado y algunos ya habían adelantado que el objetivo de Neme era eliminar la Tasa de Servicios Urbanos (TSU) y distribuir en otras facturas sus principales conceptos.
Llega cuando, en términos políticos, el doble comando tornaba evidente la interna del PRO y Neme buscaba dar señales de autonomía, y cuando los empresarios se preguntaban quién gobernaba Mar del Plata.
Llega con una vacante por cubrir en la Secretaría de Obras tras la salida de Jorge González. ¿Volverá a llenar el casillero con un radical, en línea con el “modelo Mar del Plata”?
Regresa, además, con una batalla abierta en distintos frentes con el gobierno de Axel Kicillof. El ministro de Gobierno, Carlos Bianco, había dicho recientemente que Montenegro “se borró”. También puso en marcha una unidad de coordinación para la zona de la Rambla sin la participación del Municipio, y permanece el conflicto por Punta Mogotes, aunque en ese asunto la Provincia tomó la delantera con la prórroga de las concesiones de los balnearios y la elaboración de los pliegos para la nueva licitación.
El doble comando tornaba evidente la interna del PRO y, pese a que Neme buscaba dar señales de autonomía, los empresarios se preguntaban quién gobernaba Mar del Plata.
En el terreno electoral, el retorno de Montenegro se produce en momentos en que la UCR y La Libertad Avanza presentan sus credenciales para ir por la intendencia en 2027, con Abad y Carrancio como posibles animadores. De todos modos, eran los radicales los que más esperaban su vuelta: con él sellaron un pacto en 2019 que no era tan simple refrendar si Neme –de mejor sintonía con los libertarios– continuaba en el cargo.
Se produce también en circunstancias en que la oposición sigue partida por la pelea entre Fernanda Raverta y Gustavo Pulti, pero ávida de confrontar con él, como anticipó en su recibimiento Juan Manuel Cheppi (“vuelve Montenegro, pero la realidad va a seguir siendo la misma”).
El tercer tiempo de Montenegro empieza a disputarse sin que todavía haya una definición sobre la vuelta de las reelecciones indefinidas, en la que, según perjura, no piensa en absoluto.
Se fue con un buzo violeta, vuelve con el amarillo. “Orden, seguridad y gestión para seguir transformando una de las ciudades más lindas de la provincia”, lo elogió el PRO bonaerense.
Desde mañana comenzará el proceso administrativo. El Senado bonaerense debe aceptarle la licencia y el Concejo Deliberante, aprobar su retorno. A Neme le queda poco más de un año de concejal. Se fue como presidente de bloque y debería volver, en los papeles, como edil raso a una bancada que –bajo la conducción de Montenegro–miró desde la platea el partido más importante de su vida.
Salvo que le reconozcan de mejor manera los servicios prestados. Algo que el intendente está dispuesto a hacer.
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