El enigma del Maral 48: el caso criminal más desconcertante de los últimos años
Un cadáver momificado, sin cabeza, manos ni pies; una pareja desaparecida; un sospechoso que reapareció en Mar del Plata y una causa que terminó archivada. La historia de Pedro De Tomaso es uno de los misterios criminales más inquietante y misterioso de los últimos años.
Edificio Maral 48, de Corrientes 1551.
Por Fernando del Rio
Las circunstancias que dan marco a la muerte de Pedro De Tomaso (72) en septiembre de 2021 exceden cualquier lógica y configuran una escena tan inverosímil que hasta es difícil narrarla. ¿Por dónde empezar a contar un crimen que tiene un cadáver sin cabeza ni manos ni pies y momificado, una pareja desaparecida pero activa en las redes sociales, un sospechoso que volvió a Mar del Plata y nadie se enteró, un departamento céntrico con una perra encerrada alimentándose del cuerpo, una escena del crimen desconocida y hasta un portero que irá a juicio por querer quedarse con el auto de un muerto?
Tal vez lo más aconsejable sea empezar por el final: la causa está archivada, es decir, ya la Justicia no investiga qué pasó con De Tomaso. Después de que el fiscal Leandro Arévalo no pudiera desmadejar la maraña de evidencias, testimonios, peritajes, pero también la falta de colaboración y desinterés familiar, ordenó cerrar el expediente a la espera de que algún día alguien hable y pueda reconstruir una historia que se inició en el año 2014.
En aquella época, De Tomaso construyó una relación amistosa con una mujer que también era de Buenos Aires, donde él trabajaba de remisero y la llevaba como pasajera con mucha frecuencia. Ante un comentario de De Tomaso de querer radicarse en Mar del Plata la mujer lo habría autorizado a instalarse en el departamento que era de su propiedad, ubicado en el piso 18 del edificio Maral 48 de Corrientes entre Diagonal Alberdi y Luro. No solo le dio el hogar, también le compró un automóvil Ford Focus para que pudiera usarlo como remís.
Pedro De Tomaso.
Sin embargo, al cabo de un par de años, la mujer benefactora notó que De Tomaso se había abusado de la confianza que había depositado en él y en 2018 le pidió que desalojara el departamento. La respuesta que recibió fue negativa e incluso también algunas llamadas telefónicas amenazantes. Para entonces, el hombre ya convivía con una mujer llamada Margarita Bullo y una perra, Olivia, en condiciones no del todo salubres. Esta situación, acentuada por la conducta del animal, provocó que los moradores del edificio no le tuvieran precisamente estima.
Frente a la resistencia de De Tomaso y Bullo en dejar el departamento, los familiares de la propietaria contrataron a la abogada marplatense Carolina Marguery para que iniciara el proceso de desalojo, pero las acciones se vieron demoradas por la pandemia de Covid. Recién en noviembre de 2020 la profesional pudo constatar con un escribano que el departamento seguía ocupado y fue atendida en el hall del edificio por Bullo, quien se presentó licenciada en psicología -la abogada constató que era falso ese título- y como esposa de De Tomaso y dijo que éste estaba trabajando.
Durante los meses de pandemia (casi todo el 2020) a De Tomaso no se lo vio y tampoco se lo volvió a ver más. Sobre su “pareja” Bullo dio distintas versiones a gente del edificio, primero que viajaba a Canal 9 de Buenos Aires a trabajar, luego que se había ido a Europa.
Pero en abril de 2021 desde el edificio llamaron a la abogada y le dieron una novedad inesperada: “mire que se fueron con unas valijas”. Bullo y un hombre, que no era De Tomaso, abandonaron el edificio, dejando atrás un departamento en cuyo interior había una sola certeza: la perra Olivia.
En tanto, en la cochera 9 del edificio, quedó abandonado el automóvil Ford Focus que nadie usaba desde hacía algún tiempo.
El hallazgo del cadáver
El 4 de mayo de 2021 la abogada tomó posesión del inmueble y un cerrajero le abrió la puerta: lo que vio más allá era un espanto de suciedad. La perra estaba desesperada, había una invasión de cucarachas, basura y bolsas por todas partes. De inmediato se comunicó con la familia de la propietaria y le dijo que había que limpiar eso y ponerlo en condiciones. Lo único que se hizo fue llamar a Zoonosis para que se llevaran a Olivia.
Con la tranquilidad del departamento 18 B ya liberado y como no había apuro (ni dinero), la limpieza profunda recién se realizó el 10 de septiembre siguiente, más de cuatro meses después. Fue en esas circunstancias en que las personas encargadas de higienizar el departamento dieron con unas bolsas de consorcios mordidas por la perra y en cuyo interior había restos óseos humanos.
Imagen judicial del interior del departamento.
Allí comenzó la investigación. Entre la mugre del lugar se hallaron documentos de De Tomaso y Bullo, pero no se pudo establecer sin un estudio genético la identidad del muerto. Los peritajes determinaron dos cuestiones escalofriantes: el cadáver no había sido mutilado en ese lugar por la ausencia de fauna cadavérica y la muerte databa de “varios meses atrás”.
El fiscal Arévalo y la policía no lograron ubicar a Bullo ni al hombre que la acompañaba apodado “El Francés” y que luego se supo que era Juan Carlos Condou, quien solía merodear la zona de la Rambla y asistía con frecuencia a los shows del artista callejero “El Chileno”.
A pesar de varios intentos, la fiscalía no pudo avanzar en reconstruir lo que había sucedido en el interior del departamento 18 B, en parte porque los restos no aportaron demasiada información y también porque nadie se presentó como familiar o allegado a De Tomaso. Se creía, aún sin la identidad confirmada, que los restos pertenecían al hombre de 72 años. No se pudo determinar la causa de la muerte, pero sí una indiscutible maniobra por ocultar quién era y, por consiguiente, un homicidio.
Las dos tareas primordiales pasaron a ser la identificación y el paradero de Bullo y Condou. Los investigadores dieron con una hermana de De Tomaso que estaba internada en una clínica y que fue tajante: “No quiero saber nada de él”. Esa sentencia confirmó el mal concepto que se tenía del remisero más allá del edificio de la calle Corrientes. De todos modos, se le pidió una muestra de sangre el 1° de noviembre de 2021 para hacer un cotejo de ADN y la deficiencia en el sistema quedó en evidencia una vez más: el resultado llegó en junio de 2023. El laboratorio confirmó que trataba de De Tomaso.
La perra Olivia tras ser rescatada.
Una causa cerrada y un sospechoso reaparecido
Durante todo ese período, más de dos años desde el hallazgo de los restos, hasta diciembre de 2023 no hubo progreso en la investigación. El fiscal Arévalo admitió que Bullo y Condou eran, naturalmente sospechosos, pero que no se logró reunir evidencia para imputarlos. También es cierto que nunca se los ubicó y cuando se decidió el archivo de la causa por esos días su paradero estaba “indeterminado”.
Lo más curioso es que hubo algunos elementos nuevos que podrían haber colaborado para localizarlos y traerlos a declarar, al menos como testigos. Un perfil en Facebook a nombre de Margarita Bullo estuvo activo hasta el año pasado y eso se antoja como suficiente para intentar un poco más. Pero lo más asombroso fue lo de Condou.
El 23 de enero del 2025 la propia policía publicó una averiguación de paradero por pedido de un familiar de “El Francés”. Dos días después la retiró porque fue encontrado. En Mar del Plata.
De esto parece no haberse enterado nadie. La subcomisaría Casino tomó la denuncia del paradero de un hombre de interés crucial para la Justicia, aun cuando la causa llevaba un tiempo archivada.
Hoy el caso no tiene ningún estado judicial abierto salvo una causa complementaria que se le abrió al encargado del edificio, Néstor Díaz, por querer apoderarse del automóvil Ford Focus abandonado en la cochera. Es que casi tres años después del archivo en torno a la muerte, Díaz se presentó ante el fiscal Arévalo a reclamar la entrega de la documentación del vehículo asegurando que él era el propietario. Para eso presentó un boleto de compra venta fechado en septiembre de 2019 con siete firmas de De Tomaso que un perito caligráfico luego determinó que eran apócrifas.
El 4 de junio último el fiscal de Delitos Económicos, Luis Ferreyra, elevó esa causa a juicio por entender que Díaz es responsable del delito de estafa procesal en grado de tentativa en concurso ideal con uso de documento privado falso.
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