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Opinión 1 de julio de 2016

El gobierno pondrá en juego la estabilidad social, gobernalidad y fortaleza electoral

Por Patricio Tesei

El salario de los textiles tuvo una fuerte caída.

Desde que Mauricio Macri asumió como Presidente de la Nación la proyección de un “segundo semestre” auspicioso para el país, con baja de la inflación y reactivación de la economía, se repitió a modo de profecía por parte de funcionarios y diputados oficialistas.

Ahora, ese segundo semestre llegó y, de la mano de la economía, Macri pondrá en juego su credibilidad electoral y su poder político, ya que los últimos seis meses del año determinarán, entre otras cuestiones, la debilidad o la fortaleza del esquema de gobernabilidad que tejió con mandatarios provinciales y con peronistas “dialoguistas” y, finalmente, condicionarán el armado para encarar un 2017 con elecciones legislativas.

Pero también será un período influyente para establecer el tipo de relación que el Gobierno tendrá con un sindicalismo que se presentará unificado después de muchos años y, aún más importante, para marcar el pulso del descontento social y de los eventuales focos de conflicto.

Hoy, todas las alertas en el Gobierno están encendidas: Por un lado, el abordaje político que está en manos del jefe de Gabinete, Marcos Peña; el ministro del Interior, Rogelio Frigerio y el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó.

El objetivo apunta a llegar a octubre del año que viene con la capacidad de, por lo menos, retener los votos que Cambiemos obtuvo en los comicios generales de 2015, principalmente en la provincia de Buenos Aires, que catapultó con el título de gobernadora a María Eugenia Vidal e impulsó a la Presidencia a la figura de Macri en el balotaje.
La máxima, entonces, será engrosar de oficialismo las cámaras de Diputados y Senadores, tanto nacionales como bonaerense, para evitar desgastantes negociaciones por leyes con dirigentes peronistas opositores, como el diputado nacional Sergio Massa o los gobernadores provinciales, pero nada menos que el curso esquivo de la economía, en este segundo semestre, podría dinamitar esta proyección.

Saben en el Gobierno que si el prometido crecimiento económico no llega, el impacto será social. Por eso, Marcos Peña audita diariamente el “humor social”, como advierten en Casa Rosada, frente a los anuncios que realiza Macri, junto a la imagen de la gestión, del Presidente y de los principales funcionarios.

Para cerrar la primera parte del año, en el Gobierno se nutren de dos datos significativos de la última encuesta de Poliarquía, publicada por el diario La Nación: para 42 por ciento de los encuestados la situación social del país es “negativa” y, de ese universo, 67 por ciento responsabiliza a Macri por las medidas que tomó. Sólo 19 por ciento de los argentinos considera “positiva” la situación general de la Argentina.

En este contexto y si los beneficios de las inversiones que anuncia Macri no repercuten en los sectores más necesitados, resuenan en los pasillos de Casa Rosada la advertencia de “hacer explotar al Conurbano” que realizara hace varios meses el ex intendente de La Matanza, Fernando Espinoza y que fue actualizada en las últimas horas por Fernando Esteche, de Quebracho.

El segundo semestre y la denominada “pesada herencia” que recibió Cambiemos por parte de los gobiernos kirchneristas fueron las herramientas que tuvo hasta ahora el macrismo para moderar las críticas a la gestión y prolongar la luna de miel con parte del electorado. Ahora, deberá demostrar que aprendió a gobernar.

DyN



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