La ejecución inolvidable del “Príncipe” coronó una remontada impensada en un partido de verano que quedó grabado para siempre en la memoria del fútbol argentino.
Enzo Francescoli inmortalizó uno de los mejores espectáculos futbolísticos que haya contemplado la ciudad. Su formidable chilena para sellar el inolvidable 5 a 4 de River sobre la por entonces poderosa Selección de Polonia, en el estadio Ciudad de Mar del Plata, es la imagen que mejor resume el añorado fútbol de verano.
La definición escultural ocurrió el 8 de febrero de 1986 en el hoy llamado estadio José María Minella. Fue un desenlace digno de un cuento de Roberto Fontanarrosa: un partido de nivel superlativo, con lindos goles y vuelcos impensados en el marcador.
Polonia, River y Boca protagonizaron aquel triangular. El seleccionado europeo, tercero en el Mundial de España 1982, transitaba la última etapa de su preparación para México 1986. Contaba con futbolistas de imponente porte físico y gran velocidad, especialmente aptos para el contraataque.
Por impedimento de sus clubes, no viajaron a Mar del Plata dos de sus principales figuras: el arquero Jozef Mlynarczyk (Porto) y el mediapunta Zbigniew Boniek (Roma), considerado uno de los mejores jugadores de la historia de su país, célebre además por rendir mejor en los partidos nocturnos, motivo por el cual lo apodaban “El bello de la noche”.
En su presentación, sin brillar, Polonia derrotó 1-0 a Boca con gol de Dziekanowski. Si bien la Copa de Oro se disputó en plena competencia oficial, River llegó con la tranquilidad de ser líder del torneo local y con una ventaja de diez puntos. Ese fin de semana tuvo fecha libre, luego de cinco victorias consecutivas, entre ellas un reciente y también electrizante 5-4 frente a Argentinos Juniors.
Héctor “Bambino” Veira dispuso entonces lo mejor que tenía para el cruce ante Polonia, jugado un sábado, en la primera noche de carnaval, con un estadio ocupado en aproximadamente un setenta por ciento de su capacidad.
Pese a su carácter amistoso, el partido se jugó con mucha intensidad. Norberto Alonso, con un remate de media distancia, abrió el marcador para River en un primer tiempo que transcurrió dentro de la normalidad. El complemento, en cambio, fue mucho más atractivo. Dziekanowski empató con un tiro libre y River volvió a adelantarse tras una lujosa jugada colectiva que culminó Francescoli.
Desde allí, los polacos exhibieron una efectividad demoledora y convirtieron cada vez que pisaron el área defendida por Nery Pumpido, quien esa noche no mostró su habitual seguridad. Dziekanowski igualó de penal tras una mano de Oscar Ruggeri; Wojcicki dio vuelta el resultado luego de un error del arquero, y Buncol estiró la ventaja con un preciso remate bombeado.
La función de verano ya había pagado la entrada. Con Polonia arriba 4-2, muchos comenzaron a retirarse del estadio. Norberto Alonso, incrédulo, no dejó de alentar a sus compañeros. Para el árbitro Abel Gnecco, la historia parecía definida, según comentaría tiempo después. Veira, en cambio, no se resignó y pidió, con vehemencia, que el equipo fuera al ataque.
Un nombre clave en la remontada, más allá de Enzo, fue Ramón Centurión. El delantero ingresó pasada la media hora del complemento para hacer su debut en River, decidido a borrar rápidamente su reciente paso por Boca. A los 38 minutos inició una réplica veloz y, al llegar a la medialuna, de taco asistió a Héctor Enrique, quien abrió a la izquierda para la llegada de Francescoli. El zurdazo del uruguayo se clavó en el ángulo.
Seis minutos después, tras un tiro de esquina, Centurión se anticipó al arquero y de cabeza marcó el empate 4-4. “Esa fue una de mis noches más alegres en el fútbol. Algo que no volví a vivir”, expresó años más tarde en diálogo con LA CAPITAL.
Aquella temporada lo tuvo como goleador de River en la consagración de la Libertadores, pero también como protagonista de uno de los momentos más duros de su carrera, al ser suspendido por doce meses tras un doping positivo. “Yo recién había llegado a River, al que considero mi segundo equipo después de Unión, del que soy hincha. Me habían recibido bárbaro en Mar del Plata y estaba en el banco en ese partido ‘picante’ contra Polonia. Queríamos ganar, aunque fuera un torneo de verano. Entré y pude participar en varias jugadas decisivas. Fue increíble, lo máximo”, recordó Centurión.
Todavía faltaba lo mejor. A los 46 minutos, Gallego ejecutó un tiro libre corto, Alonso envió el centro pasado y Ruggeri peinó la pelota hacia el medio. Francescoli infló el pecho, dejó caer el balón, giró en el aire y ejecutó la chilena perfecta, la que se repetiría hasta el cansancio en los años siguientes.
“La preparó, la midió, la dejó para la historia”, narró Carlos Asnaghi, relator de Canal 13. “Fue probablemente el gol más bello que haya recibido la Selección de Polonia”, describió tiempo después el diario Polsat Sport.
“Esa noche no pude dormir”, admitió recientemente el arquero polaco Jozef Wandzik, contactado por LA CAPITAL.
El propio Enzo habló sobre aquel momento con este medio: “A medida que pasa el tiempo y se hace todo más lejano, esta historia de la chilena en Mar del Plata se hace más importante. Ese gol quedó en la memoria de mucha gente. Para mí obviamente siempre está presente”.
Entre los testigos más cercanos hubo dos alcanzapelotas que luego hicieron su propio camino en el fútbol. Uno fue Mariano Mignini, entonces de 10 años y jugador de las inferiores de Kimberley. “Estaba detrás del arco y aparezco en un video de River inolvidable cantando el gol. Son recuerdos imborrables. Estar al lado de los jugadores y sacarme fotos era todo lo que uno soñaba de chico”, contó el ex mediocampista, hoy entrenador del club marplatense.
Otro niño privilegiado fue Damián García. “Tenía once años y estaba detrás del arco donde Enzo hizo esa maravilla. Ver tan de cerca a los jugadores que marcaron mi infancia y presenciar, desde el mejor lugar, un gol inmortal, fue algo hermoso. El sueño del pibe“, recordó uno de los técnicos más ganadores del fútbol marplatense.
Francescoli se retira acompañado por los alcanzapelotas. Entre ellos, Mariano Mignini y Damián García.
Las miles de personas que lo vivieron desde la tribuna tampoco lo olvidaron. “Estaba en la platea descubierta. Terminé como diez escalones más abajo, abrazado con desconocidos. Perdí la radio de mi suegro y mis anteojos”, relató Roberto Ganguzza. Y no sólo lo celebraron los hinchas de River. “Fue la primera explosión de estadio que recuerdo. Tenía diez años. Vi en línea recta cómo la pelota entraba al arco”, contó Andrés Ellena, santafesino e hincha de Unión, de vacaciones en “La Feliz”.
Los que se fueron antes aún se arrepienten. River y Polonia ofrecieron un espectáculo mayúsculo, inolvidable. Y la chilena de Enzo Francescoli enamoró a todos. Dicen que los amores de verano son los más recordados. Y algunos, como este, siguen siendo eternos.
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