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Interés general 24 de septiembre de 2026

El “lore” de un final anunciado: salía a robar armado, quería morir y terminó matándolo la policía

Gustavo Buenahora tenía 23 años, había salido de Batán en marzo y desde mayo había vuelto a robar armado. Tras el asesinato de su hermano, su familia asegura que repetía que quería morir e “irse con él”. Dos semanas después de su muerte a manos de un policía, la investigación busca determinar qué ocurrió sobre aquel techo de Avellaneda al 7500.

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Por Fernando del Rio

Lore. Así se le dice ahora. Lore. Hasta no hace mucho se le llamaba trama a todo aquello que subyacía en una historia, que la construía, pero en estos tiempos de sustituciones, códigos digitales y urgencias, se le dice lore. Y eso, el lore, es lo que hoy, dos semanas después, puede explicar el momento en que Gustavo Buenahora (23) decidió subirse a una motocicleta robada y trepar armado a un techo para escapar de un policía del que no pudo escapar y que lo mató de un disparo.

Buenahora ya conocía la cárcel a pesar de su corta edad. No era un extranjero del mundo del delito y hasta acreditaba un par de condenas. En marzo de este año había salido de Batán después de unas temporadas donde había cumplido pena por algunos delitos no demasiado graves. Lejos de haberle servido la estadía en prisión para reflexionar, acaso recomponerse, Buenahora persistió en la delincuencia. Desde mayo había vuelto a robar y sus vínculos le habían permitido andar armado.

En la madrugada del 9 de septiembre también salió a robar, esa vez junto a dos delincuentes y el primer objetivo fue una vivienda. Se cree, porque aún no se pudo confirmar, que en ese domicilio se apoderó de un revólver calibre 38.

Gustavo Buenahora.

Gustavo Buenahora.

A las 6.30 y con los mismos cómplices se dirigió hasta Rivadavia al 7700 donde interceptó a un joven en su motocicleta Bajaj Rouser 135. Las cámaras de seguridad muestran a solo dos de ellos corriendo y acorralando al motociclista para robarle el vehículo y darse a la fuga a toda velocidad con dirección a la avenida Colón. De allí, después de dar algunas vueltas, Buenahora se fue a lo de su hermana, pero no la encontró.

“El andaba robando desde mayo, había salido del penal en marzo y después le pasaron algunas cosas. Aunque andaba armado y robaba, no era una persona violenta. Él lo que quería era irse con nuestro hermano”, dijo la mujer al prestar declaración ante la fiscal Florencia Salas.

“Él lo que quería era irse con nuestro hermano”

“Irse con nuestro hermano” significa morir. La vida en los márgenes sociales entrega este tipo de historias, donde los tributos, los rituales y los códigos de la violencia se retroalimentan: una pérdida puede ser compensada replicando aquello mismo que la produjo, hasta perpetuar una vida incluso en la muerte. Buenahora estaba en prisión cuando el 15 de noviembre de 2024 se enteró que su hermano, Luciano Quiroga, había sido asesinado en la Villa Gascón. Quiroga vivía en situación de calle y recibió un disparo en el abdomen que lo llevó a morir en el quirófano del Hospital Interzonal.

Moto robada y que manejaba Buenahora.

Moto robada y que manejaba Buenahora.

 

Buenahora aseguraba todo el tiempo que no le importaba demasiado vivir. Su padre también lo dijo: “Yo hablé con mi hijo y me decía que no quería vivir más, que lo perdonara si iba a cometer un error pero que se quería ir con el hermano, que no sabía que iba a pasar pero que lo perdonara. Lo único que quería era irse con el hermano fallecido Luciano”.

Un par de horas más tarde de no encontrar a su hermana Buenahora fue descubierto por la policía a bordo de la moto robada. Estaba en la plaza de Roca y Coronel Suárez, corazón del barrio Belisario Roldán, y allí comenzó una persecución que empezó a terminar en San Lorenzo y Armenia cuando chocó la moto contra un árbol. Buenahora fugó a pie, se metió en una casa cuyo dueño lo sacó a la vereda y de allí corrió hasta una losa de Avellaneda al 7500 a la que se trepó.

Uno de los policías que lo seguía era el subteniente Leonardo Sir, quien se había subido a la moto y había continuado la persecución arriba de ella. Al verlo subir al techo extrajo su arma reglamentaria y disparó. La primera versión policial indica que Buenahora esgrimió su arma en dirección y apuntó en lo que, de haber sido así, sería la inconfundible acción previa a un disparo.

Esa secuencia final es la que ahora la fiscal Salas busca resolver para determinar si el policía actuó según los protocolos o si cometió algún acto que deba ser penado. Un video captado por una adolescente desde un edificio cercano muestra, parcialmente, cómo Buenahora corría cuando se escucha la detonación.

La autopsia reveló que el proyectil calibre 9 milímetros salido de la pistola Bersa Thunder Pro atravesó el cráneo de Buenahora de atrás hacia adelante, ingresando por el occipital derecho y saliendo por parietal izquierdo. El cuerpo quedó sobre la losa y, a unos pocos centímetros, el revólver calibre 38.

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El lugar del hecho en Avellaneda al 7500.

Cómo suele suceder en estos casos, la Comisión Provincial por la Memoria se presentó en el expediente para saber si se trató de un caso de gatillo fácil. La familia de Buenahora hizo distintas manifestaciones, por un lado una hermana reclamó Justicia y que “hubiera preferido que le den en las piernas y esté preso porque a pesar de todo no era mala persona y era chiquito”. En cambio el padre dijo algo mucho más profundo: “Yo pienso que él se entregó y se hizo matar. Él ya nos venía diciendo que no quería vivir más. Se hizo matar. Yo vengo a declarar porque quiero justicia. Si mi hijo hizo las cosas mal, yo si hubiera estado en la situación de que me apuntan como un arma, también hubiera disparado. Yo no voy a justificar a mi hijo si él hizo las cosas mal y que termine pagando un inocente. Yo la pasé mal por algo que no cometí (NdR: fue acusado de un homicidio culposo pero la Justicia lo sobreseyó luego), a mí me pesó mucho esa causa que tuve. Si el policía hizo su trabajo y es inocente, actuó bien. Yo creo que mi hijo se quería matar y por eso actuó así. No creo que esto sea una causa de gatillo fácil”.

“Yo pienso que él se entregó y se hizo matar. Él ya nos venía diciendo que no quería vivir más”

El policía Sir, que cuenta con la asistencia del abogado Martín Bernat, está desafectado y en los próximos días será citado a prestar declaración indagatoria. La fiscal Salas, en tanto, espera los últimos peritajes y las medidas de prueba pendientes para tomar una decisión respecto a si debe mantener al policía acusado de un homicidio calificado que podría depararle una prisión perpetua o si es eximido de responsabilidad penal.