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La Ciudad 14 de junio de 2026

El PRO en Mar del Plata: pasó “Nacho” Torres y desembarca Macri, y los primeros seis meses de gestión de Agustín Neme

Todos los entretelones de lo que es noticia en Mar del Plata.

 

La botadura del buque San Severo en el astillero Contessi dejó bastante más que una ceremonia industrial. Entre empresarios pesqueros preocupados por la caída de la rentabilidad, trabajadores inquietos por el futuro del sector y dirigentes que aprovechan cualquier ocasión para hacer política, apareció una figura que no suele verse demasiado por estos pagos: el gobernador de Santa Cruz, Ignacio “Nacho” Torres. El mandatario patagónico -que incluso se reunió con el senador provincial Guillermo Montenegro- llegó para acompañar la presentación de una embarcación que operará en aguas de Rawson, pero su presencia tuvo inevitablemente una lectura política. No solo porque representa a una de las nuevas figuras emergentes de la generación sub-40 de la política argentina, sino porque apareció en un escenario donde abundan los reclamos hacia el Gobierno nacional por la situación de la pesca. Hubo saludos, fotos, recorridas y conversaciones reservadas. También algunos regalos que todavía siguen comentándose en los corrillos portuarios. Pero el dato central fue otro: mientras el sector reclama respuestas, uno de los gobernadores con mejor imagen del país eligió mostrarse cerca de una actividad que atraviesa uno de sus momentos más delicados.

 

 

Y cuando todavía no se habían apagado los ecos de esa visita, empezó a correr otra fecha en las agendas políticas locales: el próximo viernes 26 llegará Mauricio Macri. La coincidencia temporal resulta interesante. Porque si Torres intenta construir volumen político desde la gestión y proyectarse hacia el escenario nacional, Macri viene atravesando un proceso distinto: recuperar centralidad política después de meses en los que muchos lo daban por amortizado. El expresidente llegará a Mar del Plata en un momento particularmente sensible de la relación entre el PRO y Javier Milei. Aquella sociedad que parecía avanzar sin demasiados sobresaltos empezó a mostrar fisuras cada vez más visibles. En el macrismo aseguran que siguen respaldando el rumbo económico del Gobierno. Pero también dejan claro que una cosa es acompañar las reformas y otra muy distinta aceptar una subordinación política completa.

 

 

La tensión se hizo más evidente en las últimas semanas, cuando el PRO tomó distancia de la estrategia oficial para enfrentar el escándalo que involucró al ex vocero presidencial y actual jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Mientras la Casa Rosada cerró filas y convirtió la defensa del funcionario en una cuestión de lealtad política, en el entorno de Macri aparecieron cuestionamientos, pedidos de explicaciones y críticas cada vez menos disimuladas. Detrás del episodio asoma una discusión más profunda. En el PRO creen que el Gobierno está entrando en una etapa donde ya no alcanza con exhibir logros económicos. También empiezan a pesar cuestiones vinculadas a la calidad institucional, la transparencia y los mecanismos de construcción de poder. Por eso la visita de Macri tendrá una lectura que excede largamente las fronteras de General Pueyrredon.

 

Milei asiste a la Cámara de Diputados durante el informe de Manuel Adorni

 

El fundador del PRO llega para enviar un mensaje hacia dos direcciones. Hacia adentro de su partido, para evitar una diáspora definitiva hacia La Libertad Avanza. Y hacia la Casa Rosada, para recordar que el macrismo todavía conserva activos políticos, territoriales y legislativos que Milei necesita más de lo que algunos libertarios están dispuestos a admitir. En los cafés donde todavía se mezclan dirigentes del PRO, libertarios desencantados, radicales sin destino fijo y peronistas observadores, la conclusión es bastante parecida. Torres vino a mostrarse como parte de lo que viene. Macri viene a demostrar que todavía no se fue. Y entre ambas visitas quedó flotando una pregunta que empieza a escucharse cada vez más seguido: quién ocupará el centro de la escena política cuando termine la luna de miel del mileísmo. Por ahora nadie tiene la respuesta…

 

 

Los primeros seis meses de Agustín Neme al frente de la municipalidad dejaron una certeza y varias incógnitas. La certeza es que el intendente logró algo que no era obvio cuando se sentó en el despacho principal: construir autoridad propia sin romper con la sombra de Guillermo Montenegro. Las incógnitas son más complejas y tienen que ver con la sustentabilidad política de ese modelo, la situación financiera del municipio y la capacidad de transformar el discurso en resultados concretos. Cuando Montenegro pidió licencia para asumir como senador provincial, Neme heredó una gestión con dificultades económicas, una mayoría legislativa más frágil de lo que parecía y el desafío adicional de gobernar sin haber pasado por el filtro de una elección ejecutiva. La pregunta que recorría la política local era sencilla: ¿sería apenas un administrador transitorio o intentaría construir un liderazgo propio? Seis meses después, la respuesta parece inclinarse hacia la segunda opción.

 

Axel Kicillof

 

La estrategia elegida combina continuidad y diferenciación. Continuidad porque mantuvo intactas las principales banderas del montenegrismo. Diferenciación porque empezó a imprimirle un estilo propio, más territorial, más enfocado en la gestión cotidiana y menos asociado a la confrontación permanente que caracterizó a su antecesor. Aunque hay un punto donde ambos coinciden plenamente: la necesidad de construir un adversario político claro. Y ese adversario es Axel Kicillof. La confrontación con la Provincia se transformó en el principal elemento de cohesión de una alianza local que convive con tensiones crecientes. Radicales, libertarios, dirigentes del PRO y funcionarios municipales pueden discrepar sobre muchos temas, pero encuentran en la crítica al gobernador un terreno común. La discusión por la VTV, el reclamo por Punta Mogotes, los cruces por seguridad y las acusaciones de discriminación en la distribución de recursos forman parte de una narrativa cuidadosamente construida. Una narrativa que tiene una particularidad llamativa: mientras cada conflicto con la Provincia se transforma en una bandera política, las diferencias con el gobierno nacional suelen quedar fuera del radar oficial. La contradicción aparece cada vez que se observan algunos casos concretos.

 

 


El municipio reclama con firmeza la restitución de Punta Mogotes, pero no cuestiona que Nación avance con la concesión privada del complejo Chapadmalal. Critica la falta de fondos provinciales, pero evita confrontar con la administración de Javier Milei por la paralización de la obra pública o por el incumplimiento del convenio de financiamiento de la educación municipal. No es una casualidad. Es una definición política. Neme sabe que buena parte de la gobernabilidad actual depende del entendimiento alcanzado con La Libertad Avanza. Y sabe también que cualquier confrontación abierta con la Casa Rosada pondría en riesgo un esquema legislativo que hasta ahora le permitió conseguir casi todo lo que buscó en el Concejo Deliberante. Mientras tanto, la gestión intenta mostrar resultados concretos en los temas que considera prioritarios para los vecinos.

 

 

La seguridad ocupa el primer lugar. Allí aparece la continuidad más visible con Montenegro. Patrulleros, camionetas para la Patrulla Municipal, futuros cuerpos motorizados y un discurso de mano dura que apunta a los delincuentes, los trapitos y las personas que generan conflictos en el espacio público. El problema es que la realidad suele ser más compleja que los slogans. Mientras el gobierno insiste con endurecer los controles y promete mecanismos para impedir que determinadas personas permanezcan en la ciudad, los números muestran que la situación social se agravó. El relevamiento municipal detectó una cantidad de personas en situación de calle muy superior a la registrada hace apenas unos años. Un dato que obliga a preguntarse si el problema puede resolverse únicamente desde la lógica de la seguridad.

 

 

La otra gran apuesta está mucho más cerca de la gestión tradicional: calles y luminarias. No es casual que Mariano Bowden, uno de los funcionarios de mayor confianza del intendente, concentre semejante responsabilidad desde el Emvial. Tampoco es casual que los recursos provenientes de las nuevas tasas municipales estén dirigidos precisamente hacia esos objetivos. Neme parece haber llegado a una conclusión sencilla: los vecinos pueden discutir sobre ideología, pero terminan evaluando a un gobierno por cuestiones mucho más tangibles. El bache que desaparece, la luz que funciona o la esquina que deja de estar oscura suelen tener más impacto electoral que cualquier debate político. Por eso el municipio apuesta al bacheo exprés, a producir su propio asfalto en frío y a acelerar el recambio de luminarias LED. Son obras pequeñas en términos presupuestarios, pero con una enorme capacidad de visibilización. La ausencia de grandes proyectos de infraestructura también refleja una realidad incómoda: la era de las obras financiadas por Nación parece haber quedado atrás y el municipio no tiene espalda económica para reemplazarlas.

 

 

En ese contexto, Neme intenta construir un perfil de intendente gestor. Más cercano, más presente en los barrios y menos asociado a las disputas partidarias. Sus colaboradores aseguran que allí está la clave de su proyecto político. La incógnita es si alcanzará. Porque el equilibrio que hoy sostiene al oficialismo tiene fecha de vencimiento. A medida que se acerque 2027, La Libertad Avanza querrá más protagonismo, el radicalismo -tuvo internas este domingo con una participación que sorprendió a los mismos “boinas blancas”- profundizará sus diferencias y el fantasma de un eventual regreso de Montenegro seguirá sobrevolando cada decisión importante. Por ahora, Neme parece cómodo administrando esas tensiones. Pero la política enseña que gobernar con aliados que ya piensan en la próxima elección es bastante más difícil que conseguir votos en el Concejo. Los primeros seis meses le permitieron consolidarse como heredero. Los próximos determinarán si puede transformarse en algo más que eso.