Cultura

El Taller de Narrativa: Clase 26 – Novela (Cuarta parte)

En la clase 26 del Taller de Narrativa se desarrollan conceptos de abordaje de la novela moderna tomando como ejemplo obras de Nabokov, Capote y Joyce.

Emilio Teno y Mariano Taborda

La novela suele ser el género que designa a todo texto extraño, difícil de etiquetar, que supera las treinta o cuarenta páginas. Todo texto debe cuadrar dentro de un género y la novela parece ser el que recepciona todo lo híbrido, lo que no es claro. Ya desde el siglo XX la novela comenzó a expandir sus fronteras y ya no era el género limpio que se consolidó en su etapa de mayor esplendor durante el siglo XIX. En los siguientes tres ejemplos podemos advertir cómo la novela incorporó elementos que a priori estaban fuera de su órbita y cómo esos elementos constituyeron un género mucho más elástico.

Pálido fuego es una novela que el ruso Vladimir Nabokov publicó en 1962, en idioma inglés: uno de los grandes escritores “norteamericanos” era ruso. Comienza con un prólogo en el que se cuenta que un profesor universitario y poeta escribió, hacia el final de su vida, un poema titulado Pálido fuego. A continuación aparece un largo poema de novecientos versos. Luego, las anotaciones críticas y el análisis que un crítico hace del poema. La ficción está escondida, no parece haber conflicto, una trama. De a poco, en los intersticios del análisis del poema, se desliza la obsesión que el crítico tiene con el poeta y desde ahí se erige el conflicto.

“COMENTARIOS

Versos 1-4: Yo era la sombra del picotero asesinado, etc.

En esos primeros versos la imagen se refiere evidentemente a un pájaro que se estrella, en pleno vuelo, contra la superficie externa de un vidrio donde un cielo reflejado, con su color apenas más oscuro y una nube apenas más lenta, da la ilusión del espacio continuo. Podemos imaginarnos a John Shade al comienzo de su adolescencia, un muchachito de un físico sin atractivo pero por otra parte admirablemente desarrollado, que experimenta el primer choque escatológico cuando con dedos incrédulos recoge del césped el cuerpo ovoide y compacto y contempla las rayas rojo cera que adornan esas alas gris marrón y las graciosas plumas de la cola con la punta amarillo brillante como pintura fresca. Cuando tuve la suerte de ser vecino de Shade, durante el último año de su vida, en las idílicas colinas de New Wye (véase Prólogo), solía ver esos pájaros particulares alimentándose alegremente de las bayas azul pastel de los enebros que crecían en la esquina de su casa. (Véanse también versos 181-182.)”

En este primer caso, la novela contiene un discurso que no pertenece a la ficción como es la crítica literaria (el grueso de la novela son las anotaciones del crítico) y contiene también a la literatura no narrativa como es la poesía.

El prodigio técnico que James Joyce publicó en 1922, Ulises, tiene la particularidad de que cada uno de sus dieciocho capítulos está escrito con un estilo diferente. Tenemos narradores múltiples que se disputan la narración, largos pasajes del fluir de la conciencia de un personaje, cambio de estilo en el mismo narrador, y, en el capítulo quince, algo extraño, infrecuente, desconcertante. Todo ese capítulo se cuenta como una obra de teatro, se abandona la narrativa y se muda a la dramaturgia; una suerte de tragedia dos mil años después.

“BLOOM

(asombrado) ¡La mejor amiga de Molly! ¿Cómo hubiera podido usted?

MRS. BREEN

(con la lengua pulposa entre los labios, ofrece un beso de pichón) Jnjn. La respuesta un jamón con chorreras. ¿Tiene usted por ahí un regalito para mí?

BLOOM

(sin pensárselo) Casher. Un aperitivo para la cena. El hogar sin fiambre en pote está incompleto.

Estuve en Leab, Mrs. Bandmann Palmer. Vigorosa intérprete de Shakespeare. Desgraciadamente tiré el programa. Un sitio estupendo ahí a la vuelta para los pies de cerdo. Toque”.

Ya no hay narrador que se haga cargo de la narración. Son los personajes los que parlamentan y las didascalias (aclaraciones del dramaturgo para la representación del texto) ocupan el lugar del narrador. Joyce vaticinó que su novela se estudiaría durante trescientos años, expandió el horizonte de expectativas: antes de Ulises se podía hacer ciertas cosas y después de Ulises las fronteras se corrieron. Solo el molde elástico de la novela podía funcionar como teatro de operaciones de la experimentación pura. Podemos pensar al capítulo XV como la ruptura dentro de la ruptura, el texto que de pronto abandona la narrativa.

Por último podemos pensar el caso de la no ficción. Los textos literarios de no ficción tienen sus géneros propios: la crónica, el perfil, el reportaje literario. La novela incorpora también, a partir de la segunda mitad del siglo XX, a la no ficción. Textos que parten de hechos constatables, que ocurrieron, pero que trabajan la materialidad del lenguaje como si fuera una novela de ficción: a diferencia del periodismo informativo, el cómo se cuenta, la forma, es tan importante como el qué se cuenta. En 1959, en un pueblo de Kansas, Estados Unidos, dos asesinos masacraron a una familia. Siete años después, el escritor Truman Capote publicó una novela, A sangre fría, como resultado de la investigación, entrevistas a los criminales, estudio de la repercusión que esos fusilamientos de una familia inocente tuvieron en la sociedad estadounidense. Así comienza la novela:

“El pueblo de Holcomb está en las elevadas llanuras trigueras del oeste de Kansas, una zona solitaria que otros habitantes de Kansas llaman «allá». A más de cien kilómetros al este de la frontera de Colorado, el campo, con sus nítidos cielos azules y su aire puro como el del desierto, tiene una atmósfera que se parece más al Lejano Oeste que al Medio Oeste. El acento local tiene un aroma de praderas, un dejo nasal de peón, y los hombres, muchos de ellos, llevan pantalones ajustados, sombreros de ala ancha y botas de tacones altos y punta afilada.

La tierra es llana y las vistas enormemente grandes; caballos, rebaños de ganado, racimos de blancos silos que se alzan con tanta gracia como templos griegos son visibles mucho antes de que el viajero llegue hasta ellos”.

La descripción singular, la utilización del “allá” para dar cuenta de lo remoto del lugar, la condensación del aspecto de las personas, la precisión del acento, todos elementos propios de la escritura literaria, se ponen a disposición de una investigación. A sangre fría es muchas veces considerado como el texto fundacional de la no ficción, Walsh ya había hecho algo similar en Operación masacre una década antes pero la gravitación de la literatura norteamericana otorgó la distinción a Capote. Solo la novela, con sus límites expansibles, puede incorporar textos que no son de ficción.

Lecturas:

Pálido fuego de Vladimir Nabokov

A sangre fría de Truman Capote

Ulises de James Joyce

Ejercicio de escritura:

Definir el argumento de una novela y su estructura. Luego, escribir sólo la página final.

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