6 de noviembre de 2018
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El último juicio de los papeles de Kafka y sus dilemas éticos

El debate moral surge en torno a si los manuscritos deben ser propiedad privada o estatal, si deben estar en Israel o en Alemania, si debieron quemarse como él pidió.

Benjamín Balint desgrana en su último libro el juicio de los papeles de Kafka. Foto: EFE | Laura Fernández Palomo.

por Laura Fernández Palomo

El escritor israelí Benjamín Balint desgrana en su último libro el juicio de los papeles de Franz Kafka, un litigio decisivo que tuvo lugar en Jerusalén sobre la propiedad de sus manuscritos, y en el que explorar los límites de los derechos morales y los dilemas éticos que suscitó el caso.

Balint presentó en Jerusalén “Kafka’s Last Trial: The Case of a Literary Legacy” (W.W. Norton) (El último juicio de Kafka: El caso de un legado literario), apoyado en los argumentos legales del largo proceso judicial, que terminó en 2016, y que ha abordado como un texto literario de “voces y diálogos” lleno de “dilemas éticos”.

El problema comienza cuando Max Brod “traiciona y desobedece” el último deseo de su amigo Franz Kafka (Praga, 1883-1924) y, en lugar de quemar los manuscritos como este le pidió, viaja con ellos a Palestina y “pasa el resto de su vida, no sólo editando y publicándolos, sino rescatándolos”, sostiene el autor en una entrevista con Efe.

“Rescata a Kafka de Kafka. Rescata los manuscritos de la ocupación alemana trayéndolos a Palestina en 1939”, donde más tarde quedarán en manos de la entonces secretaria y amante de Brod, Esther Hoffe, que los legará más tarde a su hija, Eva, una de las partes litigantes, que luchó por mantenerlos en su casa de Tel Aviv.

El debate moral surge en torno a si los papeles de Kafka deben ser propiedad privada o estatal, si deben estar en Israel o en Alemania, si debieron quemarse como él pidió o deben hacerse públicos.

Tras la muerte de Brod (Tel Aviv, 1968), Esther Hoffe vendió en Londres, en 1988, uno de los escritos, el manuscrito original de “El proceso” por dos millones de dólares, que fue adquirido por el Archivo de Literatura Alemana de Marbach, y poco después reclamado por la Biblioteca Nacional Israelí.

La apropiación por parte del Estado de una propiedad privada es una de las cuestiones que indaga Balint en esta obra.

El autor también destaca que en el litigio se plantea la disputa entre los dos países, Israel y Alemania, que llevaron “su propio pasado y su relación con él a un confrontación en el juicio”.

“Desde la perspectiva alemana, no tiene sentido que Kafka pertenezca a Jerusalén. Kafka murió en 1924, no era sionista, nunca puso un pie en Palestina y murió antes de que se creara el Estado de Israel”, plantea el autor.

“Desde la israelí, Alemania debería ser el último lugar donde Kafka debería estar. Es el país que mató a sus tres hermanas durante la Shoa (Holocausto). No ha sido el mejor protector de Kafka ni de su familia”, propone.

El libro plantea también preguntas simbólicas sobre patrimonio cultural, prestigio nacional, pero también sobre la identidad múltiple del escritor.

“¿Es Kafka un escritor que pertenece al canon alemán, de literato moderno y solo sucede que era judío o es un escritor judío que escribió en alemán?”, cuestiona.

Criado en Estados Unidos y residente en Jerusalén desde 2004, este joven escritor, plantea una sucesión de preguntas trascendentes, a las que no da respuesta, y otorga la misma legitimidad a las tres partes litigantes: Israel, Alemania, y la heredera de Hoffe.

“La pregunta es por qué cada una de las partes lo desea. No solo por dinero, sino por prestigio nacional y esa cuestión la dejo abierta. Los manuscritos van a ser digitalizados, que además consta en la sentencia del Tribunal Supremo (israelí). ¿por qué es importante entonces tener los originales?”, comenta.

El Supremo israelí dictaminó en 2016, tras un proceso legal de ocho años, que el legado de Franz Kafka -compuesto por cientos de manuscritos literarios y epistolares- dejen de estar en manos privadas y pasen a pertenecer a la Biblioteca Nacional de Israel, al entender que Brod no quería que su propiedad “fuera vendida al mejor postor, sino que encontrara el lugar correcto en un santuario literario y cultural”.

Para documentar la historia del juicio y las preguntas que este abrió, Balint asistió a las vistas del juicio en la Corte Suprema y tuvo la oportunidad de entrevistar a una esquiva Eva, para quien esa propiedad era “una cuestión de patrimonio familiar”.

El “Último juicio de Kafka” (que la editorial Ariel sacará el próximo año en español) no es un libro sobre el afamado escritor, pero sí sobre su figura después de la vida, su percepción en Alemania e Israel y su aparente deseo de que “hubiera querido que su obra estuviera en ninguna parte”.

“Sin embargo le da los manuscritos a alguien que sabe que no es capaz de destruirlos”, sigue Balint abriendo interrogantes.

“¿Qué tengo en común con los judíos? Ni siquiera tengo algo en común conmigo mismo”, recuerda otra cuestión que se hizo el mismo Kafka antes de convertirse en uno de los escritores más importantes del siglo XX cuyo legado se disputó en los tribunales.

EFE.

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