Elisa Carricajo: “El tarot es un lenguaje muy emancipador”
Antes de presentar este domingo en la Feria Invierno su libro "Esto también es Tarot", la actriz, dramaturga e integrante de Piel de Lava dialogó con LA CAPITAL sobre cultura pop, literatura y espiritualidad.
La actriz, dramaturga y escritora Elisa Carricajo presentará este domingo a las 15 su primer libro como autora solista en la Feria Invierno.
Por Rocío Ibarlucía
¿Qué tienen en común Los Redondos, Astérix, las improvisaciones teatrales, una abuela que reza antes de un examen y un mazo de tarot? Para Elisa Carricajo, mucho más de lo que parece. Actriz, dramaturga, directora e integrante del grupo de teatro independiente Piel de Lava, la artista regresa a Mar del Plata para presentar Esto también es Tarot (Hijas de Kore), su primer libro como autora solista, en la Feria Invierno.
Lejos de la futurología y de los discursos de autoayuda, el volumen propone una lectura del tarot como lenguaje narrativo y como herramienta para pensar el presente. Entre la divulgación, la literatura y su experiencia personal, el libro se pregunta cómo construimos conocimiento, quiénes están autorizados a interpretar ciertos saberes y qué sucede cuando esos lenguajes circulan en una cultura popular capaz de apropiarse de cualquier símbolo y volverlo propio.
La primera parte del libro reúne reflexiones sobre espiritualidad, cultura pop y formas alternativas de conocimiento, mientras que la segunda transforma cada uno de los arcanos en una pieza literaria. El resultado puede leerse de corrido o abrirse al azar, como quien mezcla cartas antes de una tirada.
La presentación, que se realizará este domingo a las 15 en la sala Nácar del Teatro Auditorium, tendrá además un componente especial para la autora. Nacida en Mar del Plata, Carricajo vuelve a una ciudad que sigue ocupando un lugar central en su imaginario creativo. Y a la que define como “cachivachera”, algo que ama, en el sentido de que “está hecha de capas” en las que conviven tiempos e imaginarios diversos. Una definición que, curiosamente, también podría aplicarse al tarot.
Del mazo regalado a la escritura
—Contás que venís de una formación muy ligada a la razón y a una familia de abogados. ¿Cómo fue ese recorrido que te llevó de esa educación más racionalista a interesarte por el tarot?
—Me pasó que me regalaron un mazo. Dicen que el primer mazo te lo tienen que regalar, que de alguna manera se te presenta. Así que el interés vino por eso, pero también por ciertos límites del estudio. Yo estudié Comunicación en la UBA y sentía que había llegado con el estudio hasta un lugar, porque hay cosas de las teorías sociales que están muy cerca de los lenguajes espirituales, pero no los enuncian así. También porque vengo del campo del teatro donde las prácticas son colectivas. Muchas veces implican trabajos con el estado, con entrar en estado. Entonces apareció el interés por estudiar algo que fuera de ese otro campo del lenguaje.
Y la astrología me resultaba muy mental y muy compleja. En cambio, el tarot tiene algo muy narrativo: las imágenes cuentan historias. Ahí sentí que estaba muy cerca de las cosas que a mí me gustan y que hago, como el teatro y el cine. Empecé a sentir que era el lugar por donde estudiar también estos otros lenguajes, que no son los de la ciencia ni los de la razón y que, para las personas que no tenemos formación religiosa, son una forma de pensar muy diferente.

El libro fue publicado por Hijas de Kore, dentro de su colección Destinos cruzados, dedicada a “la articulación, interpretación, poesía y prosa del Tarot y sus múltiples derivas”.
—¿Y cuándo apareció la escritura como una herramienta para comprender mejor el tarot y para “hacerlo cuerpo”?
—Creo que viene por el lado de mi formación artística, sobre todo en la actuación y en una escritura ligada al cuerpo. Hay algo de poner en práctica que, para mí, es la forma de entender. Es como cuando estás en el proceso de creación de una obra, charlando durante horas y en un momento decís “pasemos a probarlo”. Cuando lo probás, toda esa información que tenés dando vueltas en la cabeza hace cuerpo. En el teatro es más claro, porque hace cuerpo literalmente. Pero yo creo que en la escritura pasa lo mismo.
Al tarot lo empecé a estudiar haciendo unos resúmenes, pero esos resúmenes empezaron a tener cosas personales, no el sentido autobiográfico, aunque también las hay, sino asociaciones. Por ejemplo, esta carta me hace acordar a esta película que me encanta. Hay un acto creativo ahí, porque implica juntar dos cosas que quizás no se te hubiera ocurrido relacionar.
Es lo mismo que hace la gente que crea un mazo. El otro día, por ejemplo, me mandaron una carta hermosa de El Mundo con Los Redondos, a raíz de la muerte del Indio. Y me pareció muy atinada, porque creo que, si existiera un tarot del rock, ellos tendrían que estar en esa carta. Entonces, a alguien se le ocurrió decir: “Voy a juntar lo que entiendo de Los Redondos con el significado de esta carta”. Eso es lo que hace la gente cuando dibuja los mazos. Y yo lo empecé a hacer a través de la escritura y así se me volvió más fácil recordar las cartas o entenderlas.
—¿Por qué decís que es muy atinada la asociación de Los Redondos con el arcano de El Mundo? ¿Qué significados tiene esa carta?
—Porque la carta de El Mundo es la última carta del viaje del héroe. Es ese lugar al que se vuelve después de las aventuras. Yo en el libro lo asocio con el banquete del final de Asterix, pero también es la totalidad, lo completo. Y me parece que, sobre todo a la luz de los últimos días, Los Redondos es una banda que reúne una gran cantidad de cosas: la capacidad de ser popular y masiva, con ser profunda, con un tipo de liderazgo, con una forma de proponer la independencia. Y a la vez es muy casa para todos. Es un lugar que conocemos, no es un lugar lejano, alto, sino que es un lugar cercano al corazón de muchas personas. Entonces es algo muy elevado y a la vez muy cotidiano. Me pareció una genialidad esa combinación.
Tarot, ficción y cultura pop
—En el libro establecés vínculos entre el tarot y el trabajo artístico. ¿En qué se parecen el tarot y el teatro?
—Creo que hay algo que tenemos muy entrenado las personas que trabajamos en el campo del arte, que es la posibilidad de darle espacio a lo intuitivo. Y eso es muy importante para tirar las cartas, aunque después pienses y analices.
Hay algo del acto de tirar las cartas que es un juego y un chiste, pero a la vez es profundo y es verdad, que se parece mucho a pasar a improvisar en teatro. Es una capacidad que ya la tenés habilitada: darle importancia a cosas que parecen no importantes y confiar en que sí lo son. En los procesos creativos confiamos en lo que va pasando, en lo que asociamos, y ese es también el ejercicio que hay que hacer para leer las cartas: estar permeable a lo que llamamos las sincronías.
—¿Te interesó más el tarot como máquina de producir relatos que como sistema predictivo?
—Totalmente. Además me interesó escribir literatura, algo que no me había permitido antes. El tarot funciona como una gran narración que habilita relecturas, reversiones y procedimientos creativos en sí mismos. Por eso la gente no deja de rediseñarlo. Hay mazos inspirados en cualquier cosa: series, bandas de rock, ciudades. Incluso existe un tarot de Mar del Plata, que seguramente usaremos alguna carta en la presentación en la Feria Invierno.
¿Falopa espiritual o un regreso a los orígenes?
—Hoy muchas personas recurren al tarot, la astrología, la carta natal, constelaciones familiares u otras formas de espiritualidad alternativas. ¿Qué creés que estamos buscando ahí y qué dice ese fenómeno sobre nuestra época?
—En el libro hablo de la “falopa espiritual” y de la necesidad de ser cuidadosos porque las personas están vulnerables. Pero también lo veo desde un lugar muy positivo. Porque estamos rodeados de relatos sobre el fin del mundo que viene desde muchas perspectivas. Te lo puede decir alguien que es militante ecológico o alguien de la ultraderecha, como Elon Musk, que se quiere ir a vivir a Marte porque dice que acá ya no vamos a poder sobrevivir.
Ante todos estos relatos apocalípticos, aparece una necesidad de decir: “Bueno, si nos vamos a ir, ¿para qué vinimos?”. Entonces creo que las búsquedas alrededor de la espiritualidad empiezan a preguntarse por el origen. Tal vez ahí esté la potencia de los relatos del fin del mundo: que nos lleven a preguntarnos por el origen, por el sentido, por el propósito, por el para qué estamos acá. Son preguntas que creo que nunca se responden del todo, pero activarlas siempre lleva a cosas buenas.
Un saber de brujas de barrio
—En el libro recuperás la tradición de las “brujas de barrio”. ¿Por qué te parecía importante rescatar esa herencia femenina ancestral? ¿Existe también una tradición similar en tu propia familia?
—Creo que tiene que ver con que, en medio de esta formación más racional y científica, una de mis abuelas, que era católica pero no iba a la iglesia, fue la que me enseñó la tradición de los santos y de los protectores. Ella nunca tiró el tarot, creo que ni lo hubiera hecho; le debía parecer algo de brujas. Pero me enseñó esa espiritualidad a través del angelito de la guarda, la virgencita, la medallita, ella rezando cuando rendía un examen. Entonces yo creo que aprendí algo de ahí. Y es linda la idea de que haya seres que nos protegen y a los que podemos pedir ayuda. Es una idea hermosa para tenerla, por lo menos como ficción.
También hubo un diálogo con las editoras y una reflexión sobre qué son estos saberes en este momento. Porque sigue habiendo mucho desprecio hacia ellos. Yo me río de todo esto, pero siento que por momentos aparece un comentario del tipo “le dan cualquier cosa a la gente”. Como dice Calibán y la bruja (de Silvia Federici) que cito en el libro, si nos ponemos más cabezotas, estos saberes fueron despreciados pero tiene una enorme potencia poder recuperarlos.
Porque, en definitiva, son saberes que habilitan otras formas de sanación, de medicina, de cuidados y de espiritualidad que no son las hegemónicas. Son los saberes que vienen por abajo de la mesa, cosas que se cuentan en la cocina mientras se lavan los platos.
Y es una experiencia que me parece que tenemos todas a mano. Todas tuvimos alguna mujer, alguna bruja de barrio, alguna señora que te leía las cartas. Yo también aprendí de esas señoras, de las señoras en YouTube que tienen canales y explican tarot. Algunas son buenísimas y se vinculan con el tarot desde ese lugar intuitivo. Hay mucho para aprender ahí.

Elisa Carricajo nació en Mar del Plata y vive en Buenos Aires, donde ha desarrollado una extensa trayectoria en cine, teatro y televisión.
—Entonces, ¿hasta qué punto el tarot permite salirse y cuestionar las formas dominantes de conocimiento, y hasta qué punto cae en la banalidad de ciertos manuales de autoayuda, como vos decís, de la falopa espiritual?
—Sí, creo que esa es la dificultad. Pero últimamente vengo pensando que es un sentido que hay que disputar. No hay que ubicarse en que esto es algo que hace gente distinta. Es un sentido que hay que disputar porque es de todos.
Cualquiera puede rediseñar un tarot. Hay un tarot de Mardel, hay un tarot de Sailor Moon, hay un tarot de Twin Peaks, y a mí me encanta Twin Peaks. Ese ejercicio popero de no respetar del todo, que es lo que hace el pop, le viene bien a algunas cosas de los lenguajes sagrados, porque a veces son muy excluyentes. En general hay lenguajes sagrados que están muy banalizados y bajados a tierra, pero no muchos que tengan este ejercicio de que cualquier persona los pueda rediseñar. Hay manuales de autoayuda, pero no te invitan a escribir tu propio manual de autoayuda. Es otro ejercicio.
Ahí me parece que el tarot pega la vuelta. Hay tantas voces que hablaron de eso que, bueno, algunas son buenas, otras son malas, algunas son falopa. Incluso dentro de los mismos mazos hay cosas buenísimas y cosas que son un desastre. Y eso también es hacernos cargo de que todos podemos hablar esa lengua, y no de que siempre tenemos que escuchar a un líder que habla en esa lengua. Porque si no, las cosas se dan de una manera muy parecida a lo que pasa en algunas religiones, que no siempre nos enseñan a crear nuestro propio lenguaje espiritual.
Es un juego en el que vos lo tirás y vos lo tenés que interpretar. Entonces, estás haciendo siempre un ejercicio creativo de juntar una cosa con otra. Es un lenguaje muy emancipador, que es hacer, hacer, hacer, y en ese hacer hay errores, hay cualquerismos pero hay una invitación también a emanciparse.
“Mar del Plata es irrespetuosa con todo, el tarot también”
—Volvés a tu ciudad natal para presentar el libro. ¿Cuánto hay de Mar del Plata en tu mirada artística?
—Mirá, yo me fui a los 18, pero tengo mucho vínculo con la ciudad. Está mi familia, mis amigas, entonces es un lugar que nunca dejé de habitar del todo, si bien no volví a vivir ahí.
Y justo este libro tiene algo de la fascinación por el pop que yo relaciono mucho con Mar del Plata. Y que se relaciona con el cocoliche, yo amo lo cachivachera que es la ciudad. Es una ciudad construida por capas. Hay un imaginario de los años 30 que llega a la ciudad y la piensa de una manera; después, durante el peronismo, hay otro imaginario; durante los años 60, otro. Cada tiempo va imaginando una ciudad distinta y eso va quedando. Tenés los edificios de venecitas al lado de las casas de los aristócratas, al lado del museo, al lado del lobo de mar, al lado de la escultura de no sé qué. Todo eso, sumado a la enorme belleza del paisaje y al mar como referencia permanente, conforma una identidad que siempre está atravesada por muchas cosas, por muchas lógicas y por el pop. Porque es una ciudad de souvenirs. Hay todo un imaginario de la ciudad que tiene que ver con el turismo, pero también con que es una ciudad donde conviven muchas cosas. No tiene un estilo, no es una sola cosa: es todo.
—¿Y esa superposición la ves en tu trabajo?
—Totalmente. Creo que siempre, sobre todo en el trabajo con Piel de Lava, hay un enorme respeto por la cultura popular, por el humor. Si bien somos un grupo de teatro independiente y no aspiramos a algo masivo, hay un gran respeto por lo icónico y una búsqueda en torno al humor y a las formas teatrales más convencionales. Además, me formé viendo teatro en la temporada de Mar del Plata. Esa es mi escuela. Después hubo un montón de cosas que complejizaron, sofisticaron o transformaron eso. Pero hay algo de esa maravilla del evento, de los colores, del cocoliche y de la mezcla que está en todo lo que me gustó siempre y que está muy presente en el libro. Es como si el libro fuera también una cosa así, porque el tarot es un poco así. Del mismo modo que Mar del Plata es irrespetuosa con todo, en el sentido de que todo entra, el tarot también funciona así.
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