Empleo, previsibilidad y oportunidades: el desafío de crecer para incluir
Por Blas Taladrid, presidente de UCIP.
En los últimos meses, la agenda laboral argentina ha vuelto a ocupar un lugar central a partir de la reforma impulsada desde el Congreso y reglamentada por el Poder Ejecutivo. Desde el sector productivo, y particularmente desde las PyMES que representamos en la Unión del Comercio, la Industria y la Producción (UCIP), valoramos que el debate vuelva a poner el foco en un tema clave: cómo generar más y mejor empleo en la Argentina.
Ahora bien, es importante ser claros: el empleo no se genera solamente a partir de cambios normativos. El empleo se crea cuando hay empresarios que invierten, crecen y detectan nuevas oportunidades de negocio. Sin ese motor productivo, ninguna reforma alcanza por sí sola.
En ese contexto, uno de los problemas estructurales que enfrentamos es el alto nivel de litigiosidad laboral. A nivel nacional, se registran más de 630.000 juicios laborales en trámite, lo que representa una proporción significativa respecto del empleo formal. Una parte importante de esos litigios se concentra en el sistema de riesgos del trabajo, que en los últimos años ha mostrado niveles récord de demandas. Este escenario genera incertidumbre, incrementa costos indirectos y condiciona la toma de decisiones, especialmente en las pequeñas y medianas empresas.
Plantear este tema no implica cuestionar los derechos de los trabajadores, que deben ser plenamente respetados. Por el contrario, implica reconocer que el sistema necesita mayor previsibilidad y equilibrio. Cuando las reglas son claras y estables, se facilita la contratación formal y se reduce la conflictividad.
La reforma laboral avanza en esa dirección al intentar ordenar aspectos vinculados a la litigiosidad, actualizar criterios indemnizatorios y dar mayor seguridad jurídica. Desde nuestra mirada, se trata de un paso positivo. Sin embargo, su impacto en la generación de empleo será necesariamente gradual y estará condicionado por el contexto económico general.
Porque junto a la litigiosidad, existe otro factor determinante: el nivel de actividad. Hoy muchas empresas enfrentan un escenario complejo, donde la caída del consumo y la retracción de la economía limitan la posibilidad de ampliar planteles. A esto se suma un costo laboral que sigue siendo elevado. Entre cargas sociales, aportes y costos asociados, el empleador debe afrontar un nivel de contribuciones significativo sobre el salario bruto, lo que impacta directamente en la competitividad y en la posibilidad de generar empleo formal.
Frente a este escenario, es necesario ampliar el análisis y avanzar con una mirada más integral. Desde UCIP creemos que uno de los ejes centrales debe ser la empleabilidad. Es decir, la capacidad de las personas de acceder, sostener y desarrollarse en el mundo del trabajo.
En ese sentido, la capacitación cumple un rol estratégico. No alcanza con generar condiciones para contratar: también necesitamos que las personas cuenten con las habilidades que hoy demanda el sistema productivo. La articulación entre educación, formación laboral y necesidades del sector privado es clave para reducir la informalidad y mejorar la calidad del empleo.
Muchas veces observamos una brecha entre los perfiles que buscan las empresas y las capacidades disponibles en el mercado. Reducir esa distancia no sólo favorece la inserción laboral, sino que también potencia la productividad de las empresas y la competitividad del entramado PyME.
Asimismo, avanzar en la formalización del empleo requiere no sólo simplificar normas, sino también generar incentivos concretos para que tanto empleadores como trabajadores opten por el sistema formal. En esto, la capacitación, la reducción de costos no salariales y la mejora del contexto económico juegan un papel central.
En definitiva, el desafío que tenemos por delante es construir un sistema laboral moderno, equilibrado y orientado al crecimiento. La reforma es un paso en esa dirección, pero debe formar parte de una agenda más amplia que incluya desarrollo productivo, estabilidad macroeconómica y fortalecimiento del capital humano.
Porque, en última instancia, el verdadero motor del empleo es el crecimiento.
El empleo no se decreta: se construye cuando hay oportunidades, inversión y personas preparadas para aprovecharlas.
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