Lo de Lanús es un triunfo del buen fútbol. Lo de Aldosivi es el principio de un fin de ciclo de algunos jugadores, de ninguna manera debería serlo del entrenador, Fernando Quiroz.
Aldosivi hizo en Lanús muy poco. No estaba en condiciones de mucho más. Firme y bien parado en el primer tiempo, casi toda la estructura desarmada en el arranque del complemento por el gol y la expulsión.
Viene el tiempo del recambio, se asume que esta fue una etapa de transición, como el nombre del torneo. Es el momento en el que los dirigentes y el mejor técnico de la historia de Aldosivi -y siempre el más adecuado para afrontar cada etapa- deberán sentarse con tiempo para diagramar otro futuro, con otro plantel. Nunca se pudo reemplazar la jerarquía de Roger Martínez y José Sand, más allá de los esfuerzos que se hicieron desde lo dirigencial. Pero también en lo defensivo y en el sector de volantes se necesita un profundo recambio. Paradójicamente, quizá la salida de la “joya”, Santiago Rosales, aporte dinero fresco para contrataciones que refuercen todas las líneas. Sin embargo, es difícil encontrar lo mejor posible en el mercado.
Aldosivi fue ayer partenaire de un equipo que marca el camino en el fútbol argentino. Lanús tiene una idea, una propuesta estética y los interpretes adecuados para ejecutarlas. Jorge Almirón pone en cancha un equipo con más volumen de juego y más fútbol cerebral que la última etapa de vorágine de los mellizos. Este Lanús tiene dinámica pero también los atributos de juego corto y tenencia que ostentaba el anterior equipo campeón de Ramón Cabrero, justamente ayer homenajeado en La Fortaleza.
De aquel equipo queda como bandera José Sand. “Pepe” marcó ayer el segundo gol y lo festejó. Seguramente a muchos hinchas de Aldosivi no les habrá gustado. Y es legítimo este sentimiento. Más allá de los falsos códigos instalados últimamente por los que cae mal que un jugador celebre sus tantos si se los hace a un ex equipo. Sand festejó un gol que le aseguraba a Lanús nada menos que jugar la final del fútbol argentino, a la vez que lo dejaba en la cima en la disputa en la tabla de goleadores.
Independientemente de los problemas entre el representante de Sand y la dirigencia de Aldosivi en el final de “Pepe” en el club de Mar del Plata,-con algunas razones valederas de los directivos sobre la manera en la que se manejó el empresario-, la historia de Aldosivi le tendrá un lugar reservado como un jugador fundamental en el primer año de continuidad del equipo del Puerto en Primera División. Así como la historia de Lanús lo tendrá siempre como un prócer de aquel título con Cabrero y de esta enorme campaña que ya lo deja en una final y la Libertadores asegurada.
Sand es el hilo conductor, entonces, entre dos historias contrapuestas. Un jugador irreemplazable en un club que pasó la transición y tiene que apuntar a un tiempo nuevo; y el emblema del equipo que hoy está en el otro extremo, que marca el camino, bien emparentado con la verdadera identidad del fútbol argentino. No es poca cosa en tiempos en los que se discute hasta lo obvio, la importancia de la tenencia de la pelota. O que se pueda o no festejar los goles.
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