Esta selección de poemas de la bailarina, coreógrafa y docente radicada en Mar del Plata forma parte de su primer libro de poemas, publicado a fines del 2025.
Por Montserrath Oteguí (*)
Si tuviera el lenguaje de las cosas mudas
y le pudiera poner un nombre
a este desvío del tiempo.
A veces la tristeza es una coraza que cambia de rostros,
eso que falta no es lo que está negado:
es lo que se tiene adentro y no se puede ofrecer.
Yo solo era una niña triste
que amaba
la poesía.
Habrá un eterno silencio que llevará tu nombre
y un sueño dormido que sellará mi boca
una esquina vacía que me atará las manos
una parcela de tierra que será siempre sombra
habrá azules aspirando volar en tus ojos
un latido gris que morirá en las fauces
un corazón sediento que coserá su sangre
tu desvelo marfil en tu sinfín de noches.
Camino sola
y soy del viento,
llevo clavado un verso como una sombra.
Camino triste
y gastaron mi sangre,
nadie decoró un corazón con despedidas.
Lo único que pide el amor
es ser amado:
es esta su única ley
y también su cárcel.
Llegará un invierno al corazón,
y sabremos de lluvias y maleza.
¿En qué idioma habla el cielo
cuando nos cubre de silencio?
Tierra arrasada,
lo que el vacío minó.
Algo en el aire nombrando:
quien no puede amar,
tampoco dejará que crezca nada.
Todo porque un poema no basta.
Porque nadie resume un corazón en tres versos.
Quizás ahí estemos varados.
No se sabe decir nada acerca de lo esencial.
Explico porque no llego.
Enseñarle a una mano la locura.
No alcanza el cuerpo.
Nadie supo dar lugar a una tristeza demasiado real.
Una venda y un silencio.
Negado el grito.
Cambiemos de lugar.
Supongamos que el azar.
No pretender.
No divulgar.
Construirlo desde una noche o una lluvia.
Hubiera querido decir otra cosa,
pero todo se resume a lo que siempre nos falta.
Sucede que me quiebro,
que se me rompen las manos
buscando un verbo,
que tiemblo a escondidas:
sucede que me rindo.
¿Es el dolor de perder lo que
alguna vez se amó,
o esa tristeza (que se llora)
de lo que nunca existió?
Puedo morir inerte
por no sentir nada.
Que una palabra sea bella
no alcanza para un poema.
La poesía habla cuando la vida calla,
cuando al borde del sortilegio
se esgrime el miedo y la templanza.
La poesía elige a sus poetas
como musa del aire y de acuarela.
El primer desgarro,
el gesto impávido,
el golpe final,
vencido el llanto.
La poesía crea la ceremonia
de lo que será la herida y su enmienda.
El artista atraviesa los infiernos
antes de poder contar un cielo.
No te contaré mis demonios,
te contaré qué hice con ellos.
No te hablaré del miedo,
te diré cómo vencerlo.
El arte nada tiene que ver
con lo que esperas,
tiene que ver con lo que has podido hacer,
pese.
El arte no tiene que ver
con tus proyecciones,
estamos hablando
de trascender.
Eres el vehículo que transporta
una verdad que puede ser comprobable.
A nadie le importa a cuánto has renunciado por ser quien eres:
esta es la cruda verdad del artista.
No es acerca del dolor,
no es acerca de nuestra valentía.
Es trabajo:
duro trabajo de transformación.
El arte no espera confesiones:
(siempre son tristes y además cansan).
El arte aspira a lo que es,
no a lo que debe ser.
No eres un héroe por haber salido de las tinieblas.
Cuenta lo que has visto y punto.
Sin conclusiones.
La belleza no te necesita.
Si puedes soportar eso,
entonces sal ahí afuera y de todos modos
inténtalo.
Esta noche
haré una danza
para dejar el sol encendido:
desde un tal vez
(o para siempre).
Era una carta de amor
a lo infinito de un verbo,
un latido se mueve
aunque nadie lo vea.
Se trataba de renunciar
a algo más.
Había nacido un amor que duró media tarde.
A veces hablo con palabras demasiado antiguas:
belleza y puñal.
No había manchas en esa pureza,
en ese triste canto.
Se trataba de renunciar
a algo mucho más etéreo.
Mi voz dejó
de habitar un nombre.
Escribir fue un acto de rebelión
contra mi destino de no.
(*) Montserrath Oteguí es bailarina, coreógrafa, directora, docente y poeta, nacida en Buenos Aires y radicada en Mar del Plata, con una destacada trayectoria nacional e internacional. Esta selección forma parte de su primer libro de poemas, Lo infinito de un verbo (Maremium Editorial), que invita a una experiencia íntima y espiritual, donde la palabra poética se abre como espacio de reflexión y resonancia interior. El libro será presentado el próximo domingo, 22 de marzo, a las 19 en Espacio Chauvín (San Luis 2849), con entrada gratuita. La apertura estará a cargo de María Laura Coppie y, luego, la autora leerá poemas, acompañada por música original del pianista Leopoldo Gaillour, compuesta especialmente para esta presentación.