Cultura

Ernest Hemingway, a 60 años de su muerte: la rebeldía hasta el fin

Escritor, periodista, corresponsal de guerra, amante del juego, cazador, boxeador, viajero incansable y bebedor empedernido, el estadounidense Ernest Heningway -Premio Nobel de Literatura, autor de “Por quien doblan las campanas- tuvo una actitud de desafiante rebeldía a lo largo de toda su vida, incluido sú último gesto de quitarse la vida 60 años atrás, el 2 de julio de 1961.

Considerado como una de las figuras más emblemáticas de la “Generación Perdida”, Hemingway fue primero cronista enviado en 1914 a reportear la Primera Guerra Mundial: los cuerpos mutilados y los actos de cobardía fraguaron su espíritu y establecieron la dirección de su obra literaria.

Años después se casó con Hadley Richardson y viajó a París en busca de la mejor literatura de su tiempo: por entonces, repartía sus días entre la escritura de crónicas de la vida social -con las que se ganaba la vida- y la correción de su libro “Fiesta”, en el que describe su paso por Pamplona (España) y la imborrable impresión que le dejaron las corridas de toros.

Su ingreso al canon de la literatura se produjo con la aparición de “Adiós a las armas” (1929), inspirada por los recuerdos de la guerra, y en donde desarrolla una suerte de alter ego a través del protagonista Frederic Henry.

Los primeros años de la década del 30 marcan su deslumbramiento por el territorio africano que tuvo correlato en historias como “Las verdes colinas de Africa”, “Las nieves del Kilimanjaro” y “La corta y feliz vida de Francis Macomber”.

Luego, estableció en España como corresponsal de guerra y colaboró con las actividades propagandísticas del gobierno republicano.

La experiencia de lucha contra el fascismo marcó a fuego su escritura y dio lugar a uno de sus libros más famosos, “Por quién doblan las campanas”.

Centrada en un grupo de guerrilleros republicanos que resisten el avance falangista, la novela se transformó en un alegato sobre la tragedia del pueblo español envuelto en llamas.

El compromiso militante no fue la única fuente donde abrevó su talento literario: su afición por la pesca motivó también alguna de las mejores páginas de su vida, como “El viejo y el mar”, inspirada en sus visitas a la humilde aldea de pescadores de Cojimar (Cuba) y sus travesías en busca del pez espada.

Junto a las excursiones mar adentro, el escritor cultivó otra pasión que con frecuencia derivó en exceso: las noches de alcohol en “La Bodeguita del medio” o “El floridita”, en la Habana, donde en vano trató de olvidar la melancolía y la insatisfacción que le causaba no poder escribir como en los mejores tiempos.

Tras la guerra, en 1953, Hemingway recibe el Premio Nobel de Literatura por su obra y se dedica a cultivar su propio mito: fanfarrón y generoso, jamás podrá hacer otra cosa que responder al estereotipo de héroe romántico que se rebela a su destino.

En 1960, abandona Cuba y se radica en Idaho, cerca de sus afectos de la infancia y de los escenarios de sus primeras aventuras, donde funciona actualmente el Museo Ernest Hemingway.

El 2 de julio de 1961, antes de que languidezciera su cordura y su salud física, elucubró un último gesto rebelde: el fusil en la boca y la muerte que llegó cuando él lo decidió. Había nacido el 21 de julio de 1899.

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