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Cultura 4 de diciembre de 2019

Marcela Chiquilito, dueña de pequeñas grandes historias que se hacen novelas

La escritora marplatense Marcela Chiquilito presentó recientemente su tercera novela, "Plegaria para el olvido", en la que pone en juego, como en sus trabajos anteriores, formación como historiadora, búsqueda de la mejor narrativa y afán por cosechar testimonios que den a los relatos la mayor verosimilitud posible.

por Oscar Lardizábal

Historia (del país y de la ciudad), ficción y personajes reales forman la urdimbre sobre la que se desarrollan las novelas de Marcela Chiquilito.

Acierta con esta receta a juzgar por el movimiento de sus títulos en las librerías y por los seguidores que va sumando en las redes sociales.

La también autora de “Retazos de Almas” y “Semillas de Mandarina” está todavía muy lejos de ser una escritoria a tiempo completo. Por el contrario, confiesa que escribe en los momentos libres, muchas veces “homeopáticos”, que le dejan su labor docente (es profesora en los colegios San Antonio y Nuestra Señora del Carmen) y el disfrute y el compromiso con la familia, a la que ante todo quiere nombrar para agradecerle el apoyo a su vocación literaria: “Estoy casada con Gerardo Gutiérrez Cuevas y tenemos tres hijos, Candela de 19, Manuel de 16 y Pedro de 9”.  En principio escribe a mano en el ambiente cómplice de un café ocasional.

—¿Cuándo y en qué circunstancias comenzó tu aventura de combinar historia y literatura?

—Las dos vocaciones vienen de cuando era chica pero tras recibirme de profesora de Historia comencé a preparar la tesis para la licenciatura investigando sobre la actividad cultural de los anarquistas en Mar del Plata, especialmente sobre el teatro libertario que hacían en la Biblioteca Juventud Moderna. Decidí no concretar la licenciatura pero convertí esa tesis en mi primera novela, “Retazos de Almas”.

“Retazos de Almas” es la historia de una costurera anarquista que descubre la pasión por los libros en la Biblioteca Juventud Moderna. Trabajando horas y horas sobre la máquina de coser sostiene a su familia, y en el relato es testigo de los grandes acontecimientos del país: la crisis del anarquismo, la emergencia del peronismo y un país signado por la violencia y el autoritarismo que diezma a su familia ya en la última dictadura militar. El conflicto está centrado entre dos militancias, la de Belia, el anarquismo, y la de sus hijas, el peronismo de izquierda.

—¿Qué testimonio destacarías de los que obtuviste para tu primera novela?

—El de Nilda Fernández, que era anarquista, una de esas mujeres luchadoras que contribuyó a la formación del Sindicato del Pescado. Ella denunció y luchó contra las pésimas condiciones de trabajo que determinaban que esas mujeres terminaran muy enfermas, en tiempos en los que no existían ni las botas ni las tarimas de madera, y debían trabajar con los pies sobre los suelos mojados. Entrevisté a Nilda Fernández tiempo antes de que falleciera. Nilda aparece nuevamente como personaje en “Plegaria para el olvido”.

—Es evidente que tu interés histórico se centra en el Siglo XX.

—Es más que interés, es pasión por la historia argentina del Siglo XX, y especialmente por las décadas del 30 y del 40′, la emergencia del peronismo, las luchas obreras, temas que voy tratando en las novelas. Y con este marco, me enfoco en la microhistoria, es decir en las historias de lo cotidiano que nos dan cuenta de la realidad social y en particular de la vida de las olvidadas de siempre en las distintas épocas: las mujeres, por supuesto.

—Contanos por favor sobre tu estrategia de escritura. ¿Partís de un hecho histórico o de imaginar un relato de ficción?

—Hasta el momento cada novela me ha llevado unos dos años de elaboración. Primero conformo en mi pensamiento la historia literaria y luego escribo observando el contexto histórico, para lo cual, entre otros recursos, me valgo de los testimonios que obtengo mediante entrevistas personales. En esto, los emulo un poco a ustedes, los periodistas. Siempre con ese primer planteo de relato literario, también voy a los archivos para “meterme” en el clima de la época viendo los grandes titulares, qué se comía, qué se veía, qué se escuchaba en la radio, y así sentir –te menciono ejemplos– desde un comunicado oficial tras un golpe militar hasta lo que en cada mañana se hablaba en el recordado programa de Víctor Abel Giménez. En el Archivo Histórico Municipal siento que estoy en un lugar mágico.

—Entonces hablamos también de historia oral.

—Sí. Digamos que trato de hacer literatura con la sensibilidad que te aporta la historia oral. Para mí no es lo mismo inventar un personaje que crear uno dándole la sensibilidad que te brinda quién vivió directamente los acontecimientos. Además, gracias a la historia oral a veces se comienza a echar luz sobre episodios o situaciones que la historia formal todavía no abordó.

—Veamos la reseña de tu segunda novela “Semillas de Mandarina”.

“Semillas de Mandarina” comienza en el año 1981 en las ciudades de Maipú y Mar del Plata. Finaliza al año siguiente durante la Guerra de las Malvinas. Un diario escrito por Isabel, la madre de la protagonista, nos permite adentrarnos en la historia de muchas mujeres obligadas a migrar de Italia hacia la Argentina durante la Segunda Guerra Mundial, y no pocos de ellas casadas por contrato por decisión de los padres. Es una ficción sobre la inmigración pero nutrida de testimonios orales de mujeres que debieron enfrentar esa situación.

—¿Qué testimonio subrayarías en “Semillas…”?

—El de las peripecias auténticas de Tíndara, personaje secundario en la novela. Se trata de una siciliana que como tantas debieron emigrar de Italia en plena guerra, enfrentar solas un viaje de dos meses, cruzar el mar y llegar a la Argentina para recién aquí conocer a quien habría de ser su marido, respetando y cumpliendo de tal modo el matrimonio acordado por las familias de ambos.

—Imagino en vos el propósito de mejorar de manera permanente, y sobre todo en cuanto a la escritura. ¿Tenés modelos como referencia?

—Lo veo como un proceso de permanente formación, aprendiendo, puliendo. Durante tres años hice talleres de novela con Gabriela Exilard, quien tuvo el gesto de presentar “Plegaria para el olvido”, junto a la editora Mariana Boh. ¿Modelos? En novelas históricas me gustan los trabajos de la misma Gabriela Exilard y de María Correa Luna. Actualmente participo de la clínica de novela de Sara Bonfante. Trato de hacerme el tiempo para leer. Ser lector es una condición para mejorar la escritura Busco que esa escritura genere realismo. En este sentido admiro las obras de García Márquez y Cortázar como también el realismo impregnado de humor en los escritos de Fontanarrosa.

—Concluyamos con la reseña de tu último libro “Plegaria para el olvido”.

Es 1945 y el mundo ya no volverá a ser el mismo. Cae Alemania y la flota germana queda a la deriva. Dos submarinos nazis se entregan en la Base Naval de Mar del Plata. “La Ruta de las ratas” está en marcha. Eva Expósito, Esther Abramsky y Manuel Mansilla deberán salir del laberinto de la soledad para hacerle frente a la Spinnebe, “La telaraña”, un complejo entramado de complicidades políticas y negociados que puso al resguardo a las fortunas nazis, y a los peronajes más representativos del Tercer Reich.

—¿”Plegaria para el olvido” entra, como hablábamos antes, en espacios aún no totalmente esclarecidos por la indagación histórica?

—La Historia es una ciencia que se está reconstruyendo todo el tiempo, porque se siguen buscando fuentes y se revé aquello que fue realizado en un tiempo determinado. “Plegaria para el olvido” desarrolla un tema sobre el que hay un vacío histórico, porque la presencia de nazis en la Argentina es un asunto que ha sido abordado, salvo casos particulares, más por aficionados a la historia que por historiadores profesionales. La mayoría de esos trabajos de ciencia histórica arrancan a partir del 45, pero “Plegaria…” tiene una trama en los años 30, cuando, según nuevas hipótesis, ya comenzaban a esteblecerse vínculos determinantes entre el nazismo y grupos argentinos.

—¿De qué hablará tu próxima novela, la cuarta?

—(ríe…) Se trata de una segunda parte de “Semillas de Mandarina”. Está ambientada en el año 87 y dos personajes históricos que aparecen son los presidentes Arturo Illia y Raúl Alfonsín. El título definitivo aún no está pero ronda el de “Persiguiendo las agujas del tiempo”.

—Lo que vos hacés en todo momento…

—(Vuelve a reír…)