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Interés general 9 de diciembre de 2018

Escenas de la vida salvaje

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por Claudio Rodríguez

Si hay algo que no tiene una explicación racional es una pasión. Madrugar y pasar frío o calor, viajar miles de kilómetros para tener una vivencia que nos acompañará por el resto de nuestras vidas, un antes y un después, un conectarse con uno y su entorno. Es difícil de transcribir en palabras, pero aún así se puede compartir y contagiar.

Con ese fin hace más de 12 años que nuestra familia viaja por Argentina filmando y retratando escenas de la vida salvaje para mostrar las bellezas naturales y los animales que comparten nuestra tierra.

Pero hace algunos años nuestra tierra comenzó a parecernos familiar y decidimos aventurarnos en nuestro mar

Así surgió @AvesMardelplata, un punto de encuentro para fotógrafos y avistadores de naturaleza en el que nos internamos hasta 40 kilómetros mar adentro, en un arco de más de 100 kilómetros, partiendo desde el Puerto de Mar del Plata.

En estas salidas fotográficas nos aventuramos en busca de aves pelágicas, aves que transcurren su vida mar adentro, regresando a tierra sólo en época reproductiva en busca de soporte para sus nidos, hecho que solo ocurre cada uno, dos o hasta tres años, según la especie.

Su escala de tamaños puede variar entre los 20 y 25 centímetros, con un peso aproximado de 30 gramos (los animales de sangre caliente más pequeños que se reproducen en la Antártida), hasta las aves de mayor envergadura que hoy vuelan sobre la tierra, con sus más de 3 metros y medio de alas desplegadas y 12 kilos de peso.

Estas criaturas se han adaptado tanto a la vida oceánica por lo que pueden dormir flotando entre las olas o descansar en vuelo. También son capaces de beber agua de mar para satisfacer sus necesidades hídricas.

Desde la cubierta del barco podemos llegar a observar albatros, petreles gigantes, gaviotines y escúas. También pardelas y paíños, bandadas de pingüinos, así como otras especies marinas.

En nuestra última salida tuvimos la suerte de encontrarnos con un endemismo reproductivo de algunas islas remotas de Nueva Zelanda, un albatros corona blanca, que anidan en Disappointment, Auckland, Adams y otras islas del lejano país y viajan miles de kilómetros desde allí para alimentarse en nuestro mar.

También hicieron su asombrosa aparición dos albatros reales, con sus colosales alas desplegadas, sobrevolando el mar como un prehistórico planeador. Luego de la algarabía inicial que nos despertó su presencia, sólo se escuchó el silencio de nuestra admiración, los clicks de las cámaras y alguna ola rompiendo contra el casco de la embarcación.

A mi mente vinieron nuevamente las palabras de Robert Cushman, hermanados por esta onírica visión, quienes compartimos su presencia podemos decir: “He visto al albatros“. Experiencia mística.

En nuestras salidas hacia la aventura, nunca sabemos de antemano las sorpresas que el océano y sus fantásticas criaturas nos depararán. Navegamos hacia lo salvaje y dejamos que el mar ruede los dados y nos muestre su fauna sin rejas, libre y extrema, en el ambiente más extenso pero menos conocido del Planeta.

Es así como también hemos fotografiado y filmado lobos marinos, delfines, ballenas y orcas.

En esta oportunidad, una manada de cientos de delfines comunes nos acompañaron una parte del viaje. ¿Cómo no conectar y empatizar con estas inteligentes y maravillosas criaturas que parecen estudiarnos y seguirnos con curiosidad? Un regalo de la naturaleza.

Y qué mejor que compartir estas salidas con mis tres hijos.  Transmitirles el amor y el respecto por nuestra fauna y nuestro país. Vivenciarlo en estos épicos momentos y de paso llenar las tarjetas de memoria de nuestras cámaras para poder compartirlo. Esta es nuestra pasión y nos gusta mostrarla.

Fotos: Claudio Rodríguez, Sol Rodríguez Astorino, Lautaro Rodríguez Astorino y Tomás Rodríguez Astorino.