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Estrena la nueva obra de Mariano Moro: “Burdel y convento”, entre la “oposición feroz” y “coincidencias sorprendentes”

Protagonizada por Any Messore y María Bernatene, aborda la que el autor y director considera la relación "más visceral de todas": la de madre e hija, además de memoria, deseo, tradición y supervivencia.

Arte y Espectáculos 13 de julio de 2026

“Puede haber coincidencias sorprendentes entre un burdel y un convento”, aseguró Mariano Moro, sobre “Burdel y convento”, la obra que escribió y dirige y que estrenará este viernes 17 de julio, a las 21 en Mar de Fondo. La propuesta protagonizada por Any Messore y María Bernatene, y con asistencia de dirección de Chiki Graziano, tendrá una segunda función el sábado a las 20.30, en el mismo lugar. La obra se sirve de dos espacios de “oposición feroz” para hablar de la relación madre/hija -“la más visceral de todas”, señala- y también sobre el choque entre religiosidad, memoria y deseo, la violencia, la complicidad y la economía del cuerpo femenino, así como las tensiones entre tradición y supervivencia.

En una celda de convento, Sor Esther ensaya versos sagrados cuando irrumpe su madre, Rubí (Encarnación), dispuesta a abrir viejas heridas y secretos. A través de una conversación áspera, brutal y llena de humor, madre e hija exploran identidades que se resisten a encajar: Perla/Esther y Encarnación/Rubí.

Con un tono satírico y poético, Burdel y Convento propone una mirada aguda sobre cómo se heredan traumas, se negocia la dignidad y se plantea la posibilidad de ser auténticas, incluso cuando el mundo parece dictar otro destino.

Moro escribió la obra “a pedido” de las actrices que se pusieron en sus manos. “Any Messore me buscó hace un tiempo con la inquietud de trabajar conmigo y de explorar dramáticamente la relación madre e hija. Tuvimos primero una experiencia muy feliz en Microteatro, haciendo ‘Lo veo todo’ de Alberto Rojas Apel con ella, María Bernatene y Marcelo Goñi, y ahí Any se fascinó con María, a quien yo admiro desde hace mucho, por su empuje y múltiples talentos. Me hicieron saber que querían trabajar juntas en una obra contundente y que para ello se pondrían en mis manos”, relató el autor y director.

Con esas referencias, “mi imaginación se puso a fermentar, quise dar una buena plataforma para que tengan lugar los extremos conflictivos de una relación madre/hija, quizá la más visceral de todas, y que estas dos actrices fabulosas pudieran canalizar la tremenda fuerza y creatividad, los incontables recursos que manejan”.

El proceso de escritura fue, según Moro, “intenso, pero rápido y fluido, casi fulminante”. “Quedé atrapado por los personajes y la situación, muy motivado imaginando a Any y a María encarnándolos, y no se me trabó en ningún momento”, compartió.

-El título propone dos espacios que parecen opuestos. ¿Qué representan cada uno en el contexto de la obra y cómo se unen?

-Los espacios son de oposición feroz, con algo que viene del Medioevo, la opción entre la vida mundana y la vida retirada; el sexo, el dinero y lo pragmático desencantado como opuestos a lo espiritual caritativo, aunque puede haber coincidencias sorprendentes entre un burdel y un convento, y lo del agua y el aceite no aplica bien para las cosas humanas.

-¿Hay crítica social, drama, algún giro de humor?

-Siempre tuve sentido del humor y siempre me serví de él para afrontar las cosas más difíciles. Con el tiempo aprendí que no hace falta reírse de todo, como sí hacía en mis comienzos teatrales. Lo mismo casi que nos hace reír nos hace llorar, se trata de transitar con arte los pasajes. Más que crítica social, que nos puede tentar a bajar línea, cosa que deploro, intentamos asumir la complejidad de nuestro tiempo desnortado y estallado, cómo incide eso en nuestra propia fragmentación. Lo obvio del teatro es la oposición entre los personajes, pero lo sutil va en las ondulaciones de la propia interioridad. Cabe añadir que las dos actrices son muy cómicas, así que sí, nos reímos bastante.

-¿Cuáles son los principales conflictos que atraviesan los personajes?

-El amor-odio, la necesidad de autoafirmación, el reclamo de reconocimiento, los celos, la demanda insaciable de afecto, el miedo al abandono, la enfermedad y la muerte.

-La obra pone en escena universos femeninos muy marcados. ¿Qué te interesaba indagar sobre esas mujeres y sus decisiones?

-El mundo de la prostitución y los burdeles tiene algo de mítico a la vez que representa en extremo la compra venta, la vulneración de la intimidad y su bastardeo; está también allí siempre flotando la idea de la redención por amor, como en “María Magdalena” o “La Dama de las Camelias/La Traviata”; la vida religiosa parece algo muy demodé, sin embargo sigue existiendo en los márgenes. Yo hice antes tres obras de tema religioso (“Jesucristo”, “Teresa” y “Pobrecito”) que me acercaron a mucha gente de fe, incluso a pasar pequeñas temporadas en monasterios y conventos, azorándome al ver caer mis propios prejuicios con respecto a la vida de frailes y monjas. Algunos detalles que me marcaron de esos días pasaron directamente a esta obra.

-¿Cómo fue el proceso de llevar el texto a los ensayos?

-Ensayamos mucho y muy intensamente. Yo exijo mucho e intento dar mucho también. Por suerte he aprendido a relajarme, creo que eso posibilita que nos despleguemos todos, y coincidamos. Se intenta que los conflictos luzcan en escena y no nos carcoman a nosotros. Con la guía clara que da el lugar donde todo sucede, una celda de convento, todos aportamos lo nuestro para la puesta, que busca máxima intimidad, abierta al espectador.

-¿Cómo fue el trabajo con las actrices para darles profundidad a los personajes que interpretan?

Las protagonistas: Any Messore y María Bernatene.

Las protagonistas: Any Messore y María Bernatene.

-Ambas son muy trabajadoras y geniales, nos queremos y nos divertimos. Yo soy muy apasionado y sentí que puedo llegar muy lejos con ellas. Me vienen aguantando bien. Rezamos para seguir así, con el estreno en ciernes, cosa que excita la locura de todos en este oficio nuestro.

-A lo largo de tu trayectoria has transitado distintos géneros, ¿donde ubicarías a Burdel y convento dentro de tu “cuerpo de obra” dramatúrgica?

-Yo diría que es un melodrama divertido, entendiendo el melodrama como la tragedia de la gente común, donde se desenmascara algo que solemos ver al confrontarnos con nuestros padres. Ni ellos ni nosotros hemos crecido demasiado, seguimos siendo niños, jugamos a ser adultos, el juego es un poco absurdo, y nos tenemos que reír.

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