Cultura

Facundo Pastor: “Soy bastante desconfiado de las historias oficiales”

"Para mí ese vuelo, ese helicóptero desviado, es el portal hacia la tragedia argentina" dijo el autor de "Isabel, lo que vio, lo que sabe, lo que oculta", sobre lo ocurrido el 24 de marzo de 1976, disparador de la novela. La conexión de María Estela Martínez de Perón con Mar del Plata.

Entre la obsesión por “el dato” y el gustito por la veta literaria, el periodista, abogado y escritor Facundo Pastor, publicó su tercer libro, una novela de no ficción que, a través del silencio de Isabel Perón, intenta desentrañar la historia oculta de la madrugada del 24 de marzo de 1976.

“Isabel, lo que vio, lo que sabe, lo que oculta” (Aguilar), fue una de las novedades editoriales de marzo y, a fines de ese mes ya había anunciado la segunda edición.

Además de la intensa investigación sobre los entretelones de la noche en la que Argentina entró en su etapa más oscura, lo que genera interés en la novela es la figura de María Estela Martínez de Perón.

“Me sorprendió ese interés” confió el autor en una charla con LA CAPITAL, a propósito de esta investigación que surgió a partir de la cantidad de preguntas que le disparó la foto tomada por el corresponsal de United Press International Horacio Villalobos, del helicóptero partiendo de la Casa Rosada, esa noche, hace casi 48 años. El único registro del hecho fundante del golpe de Estado e inicio de la última dictadura militar en Argentina.


“Me parece que el periodismo perdió en el último tiempo, preocupado, distraído por algunas cuestiones, la capacidad de volver a enamorarnos de grandes historias”.


“Creo que es el silencio alrededor de Isabel. En definitiva mi novela termina siendo sobre el silencio. Y creo que eso pendiente, abierto, incompleto, siempre genera conversación. Sin olvidarnos que estamos hablando de la mujer que fue presidente y que convivió 20 años con Perón” indicó haciendo un análisis sobre el interés en su figura.

– La definís como una figura incómoda…

– Isabel no sabe qué hacer con la Argentina pero la Argentina tampoco sabe que hacer con Isabel y este mismo desencuentro podríamos aplicarlo al peronismo. Es una imagen muy incómoda para el peronismo. No está claro si representa algo o a alguien, ni qué peronismo representa Isabel.

– En épocas en las que todo se plantea en códigos de blanco o negro ¿es muy difícil un personaje al que no podés clasificar en un casillero?

– Eso es un poco lo fascinante del personaje, pero Isabel no es una biografía, yo lo describiría como como un thriller político que tiene el foco puesto en Isabel, en un momento sumamente clave la historia argentina, esa madrugada del 24 de marzo, que se convierte en un exilio, en un silencio definitivo, pero la Argentina también entraba en silencio.

Para mí ese vuelo, ese helicóptero desviado, es el portal hacia la tragedia argentina.

– Señalás cómo esa imagen tan representativa resume tanto, pero a la vez genera tantas preguntas…

– Justamente, son tantas preguntas que cada uno se arma una propia respuesta. Entonces, cada uno va a buscar si el libro da la respuesta que cada uno le puso a este silencio.

Este libro no reivindica la figura Isabel Perón, yo tengo claro que ella, junto a López Rega y antes, junto al propio Perón, negociaron con los militares la desaparición de las organizaciones revolucionarias de izquierda y después son los mismos militares que aprovechan esa debilidad en la que ella quedó sumida después de la muerte Perón y después la salida del gobierno de López Rega.

– Contás cómo los militares se infiltraron en su círculo más cercano…

– Sí, fue parte de ir preparando un terreno. Cuando Perón muere se abre un escenario impensable para la Argentina. Los militares sabían que esto era posible y durante cuatro meses entrenaron a los pilotos del helicóptero e infiltraron el entorno de Isabel, para llevar adelante esa operación de inteligencia militar, con intención, con mucha planificación.

– Entre todo lo que pasó esa madrugada, está el tema del documento que le quisieron hacer firmar a Isabel, que si bien no hubiese cambiado la historia, sí el relato. Hubo una intención de construir un relato distinto.

– Me pasó con el anterior libro -Emboscada, sobre Rodolfo Walsh-, me pasó con este y me pasa muchas veces con mi trabajo todos los días: soy bastante desconfiado de las historias oficiales. Siento que las historias oficiales se construyen, se instalan y luego se va armando un camino en base a historias oficiales. A mí me llamaba la atención cómo fueron esos minutos iniciales del golpe de Estado y que la historia haya estado planteada en base a lo que los propios militares golpistas decían. Esto es un poco lo que fui a buscar a Madrid, tras los rastros de Isabel. Tenía intenciones de poder conocer un poco más que la historia oficial que los propios militares golpistas habían construido, básicamente, porque me parecía extraño que nos quedemos solamente con eso. Esto es lo que yo le hice saber a Isabel para llenar el rompecabezas que, para mí, estaba incompleto.

– Con las preguntas que le hiciste llegar a través del confesor y que dijiste que te contestó de alguna u otra manera. ¿Creés que hay una posibilidad, aún, de que accedas a ella, a su testimonio directo?

– Me pasó con el anterior libro y con este que uno piensa que el trabajo termina en el momento en que llega la caja de la editorial con los libros a tu casa, pero pasa todo lo contrario, se abren nuevas posibilidades, nuevas instancias. Así que ahí estamos. Son libros que me siguen generando trabajo.


“Tenía intenciones de poder conocer un poco más que la historia oficial que los propios militares golpistas habían construido, básicamente, porque me parecía extraño que nos quedemos solamente con eso”.


– Al final nombrás la relación de la familia de Isabel con Mar del Plata. ¿Cómo llegaste a esos datos?

– Me lo dicen cuando empiezo a insistir en qué lugar iba iba a ser enterrada ella y me dan cuenta de que su sueño era volver a la Argentina para ser enterrada en Mar del Plata y de que había un familiar directo, un hermano, enterrado ahí. Ese sueño queda trunco cuando le dictan el pedido de captura internacional por las causas abiertas. Como todo en torno a ella no se sabe mucho. Yo los tomo como datos reales aportados por ella a su entorno y por su entorno a mí. Me acuerdo que cuando publicamos, el director de la editorial me dio la definición de ‘detective literario’, que busca datos, en este caso desentrañar el enigma, el silencio.

– Como periodista y a la vez escritor, cómo te llevás con el misterio, mantener enganchado al lector…

– Creo que Isabel sigue un camino que yo había empezado con Emboscada, que es una pulsión real que hay entre el periodista y el escritor y una tensión que se da entre la obsesión del dato y a veces echar mano a recursos literarios y sentir que la literatura nos salva de algunos espacios. Me siento cómodo y me digo que en algún momento me voy a animar a escribir, directamente ficción y dejar el periodismo.

– Escribir ficción, genial. Pero ¿Realmente te parece posible que dejes el periodismo?

– De un tiempo a esta parte hay algunos cánones que nuestro trabajo supo tener que me tienen bastante nostálgico. Me parece que el periodismo perdió en el último tiempo, preocupado, distraído por algunas cuestiones, la capacidad de volver a enamorarnos de grandes historias. Entonces, ahí aparecen esas ganas de jugar y admitir que a veces está bueno que la frontera entre la literatura y el periodismo sea porosa. Y me pasó que cuando llegué a la Semana Negra de Gijón, todo el mundo me hablaba de ‘mi novela’ y para mí era una investigación periodística. Pero la respuesta fue: ‘se terminaron los géneros, la tuya es una novela de no ficción’. Paralelamente este libro me acercó al periodismo. Hice muchas entrevistas y leí mucho, y sin meternos en si es mejor o peor, el lenguaje, la construcción de un texto, el vocabulario, la profundidad de ciertas ideas… revaloricé las ganas de volver a hacer crónicas periodísticas.

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