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Arte y Espectáculos 17 de julio de 2019

Falleció el creador del detective Montalbano

El italiano Andrea Camilleri tenía 93 años, vivía en Roma y estaba ciego. Llegó a vender más de 30 millones de ejemplares.

El escritor siciliano Andrea Camilleri, uno de los mayores representantes de la novela negra mediterránea, creador de la célebre saga del detective Salvo Montalbano y uno de los autores más populares de Italia, con más de 30 millones de ejemplares vendidos, falleció este miércoles a los 93 años en Roma.

Camilleri (Porto Empedocle, Sicilia, 1925) murió en el hospital Santo Espíritu de la capital italiana, a donde había sido ingresado el 17 de junio pasado por un paro cardiorrespiratorio que lo tuvo inconsciente y con asistencia respiratoria mecánica desde entonces.

Nacido en 1925 en Porto Empedocle, la costa siciliana, Camilleri escribió más de 100 libros que fueron traducidos a 40 idiomas y entre los cuales destacan los policiales que protagonizó el singular y poco ortodoxo detective siciliano, Salvo Montalbano, en novelas como “El perro de terracota”, “La voz del violín” o la más reciente, que acaba de publicarse en español, “El carrusel de las confusiones”.

Ciego hace años por un glaucoma y fumador de unos 60 cigarrillos al día, el escritor italiano tenía listo hace tiempo el final de la serie dedicada al comisario siciliano, según señaló en una entrevista con Télam en 2017, y esperaba publicarlo cuando “no pueda escribir más”.

Fue con la novela “La forma del agua”, que editó en 1944 a sus 69 años, cuando marcó el punto de partida de la célebre serie policial que hasta el momento integran 28 títulos y cuyo nombre del personaje principal, Salvo Montalbano, tomó como un homenaje al escritor español Manuel Vázquez Montalbán y sus libros del detective Carvalho.

Sin embargo la carrera de Camilleri comenzó mucho antes de alcanzar la etiqueta del gran narrador de la novela negra mediterránea: dio clases en la Academia de Arte Dramático, durante cuatro décadas fue guionista y director de teatro y televisión y debutó como novelista en 1978 con la novela histórica “El curso de las cosas”.

Su primer libro, “I teatri stabili in Italia (1898-1918)”, lo publicó en 1959; allí aparecen varias referencias a la Argentina, país que visitó en épocas de Raúl Alfonsín, cuando presentó un espectáculo en el Teatro Nacional Cervantes y que lo llevó a decir, con humor, acerca de la inmigración local: “Acá son todos hijos de italianos, o casi”.

En el libro “Montalbano & Montalbán”, que reúne las conversaciones entre Camilleri y su amigo y admirado Vázquez Montalbán, el italiano se refería a sus primeros pasos literarios: “Empecé a escribir instintivamente, a los diez, doce años. Naturalmente escribía poesías, esas que todos escriben, a la madre, a Mussolini… yo soy del 25, imaginate…vivíamos toda el aura del fascismo, del Imperio”.

“Era hijo único -agregó- y a menudo sufría enfermedades infantiles, como la escarlatina; debía estar en cama y leía comics, `Gordon Flash`, entre otros. Los libros de mi padre eran los de Conrad, Melville, con ellos comencé. Más tarde tuve la suerte de encontrar en el colegio una profesora inteligente que me dijo (yo ya había descubierto a D`Annunzio), `hay más lecturas para hacer`. Y me hizo leer a Montale, Ungaretti, Saba, un verdadero hallazgo”.

En 2003 Camilleri fue nombrado gran oficial de la Orden del Mérito por Italia; en 2008 ganó el Premio RBA de Novela Negra con “La muerte de Amalia Sacerdote”, su primer thriller sin la presencia de Montalbano; y en 2013 se alzó con el Premio de Novela Negra Pepe Carvalho, un destacado galardón que recibieron figuras como Petros Markaris, Michael Connelly y Henning Mankell.

Desde que perdió la vista, lo que impidió que pudiera leer y escribir sin ayuda, Camilleri dictaba sus últimos libros a su asistente Valentina Alferj, quien trabajaba con él en su departamento del barrio de Prati en la ciudad de Roma.

En el último tiempo se había mostrado en contra de la política inmigratoria del actual gobierno italiano y a inicios de junio llegó a decir que el ministro del Interior, Matteo Salvini, le daba ganas de “vomitar”.

Pero sus posiciones políticas no eran nuevas: en 1944 se había afiliado al Partido Comunista y aunque ya no tenía la credencial, cada vez que le preguntaban, respondía “siempre seré comunista”.