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Florencia Álvarez: “Buscaba una historia que incomode porque eso genera reflexión y cambio”

"Otra mujer" fue publicada en marzo en el sello VeRa tras haber ganado una mención en el concurso Lidia María Riba de VR Editoras. En esta ficción también expone sobre el tiempo, el consumo problemático de drogas, la complejidad de las relaciones humanas, la culpa y las segundas oportunidades.

Cultura 7 de mayo de 2023

Por Claudia Roldós

“Me estoy permitiendo disfrutar todo lo que está pasando y sigo metida en la piel de estos personajes”. Florencia Álvarez, la escritora marplatense que hace poco más de un mes vio publicada su primera novela en el sello VeRa de VR Editoras, todavía no puede creer las repercusiones de la historia que comenzó a crear como un ejercicio personal de reflexión.

El resultado fue “Otra mujer”, que no solo envió “a último momento” al “Certamen Literario de Novela Romántica-VeRa. Premio Lidia María Riba“, el año pasado, sino que obtuvo una mención y la publicación fue parte del reconocimiento.

Con 22 años y en plena cursada de la licenciatura en Psicología, Álvarez es una apasionada de la lectura desde chica y se lanzó a escribir esta historia al sentirse interpelada por temas como la salud mental, el consumo problemático de sustancias y la culpa. “Comenzó como un juego”, en un intento de encontrar respuestas a sus propias preguntas sobre estas cuestiones, en realidad.

“Ni en mis sueños más increíbles me hubiera imaginado esto que está pasando ahora”, reconoció en una charla con LA CAPITAL la autora, a días de viajar a la Feria Internacional del libro, donde firmará ejemplares en el stand de la editorial el 13 de mayo.

Sobre la génesis de esta “novela oscura” -como la describió la escritora Patricia Suárez, una de las jurado del concurso-, contó que “una noche estaba pensando sobre el paso del tiempo y lo que puede sucederles a otras personas mientras uno siente que no pasa nada. Iba a ser una simple reflexión, un descargo para ordenar algunas ideas que estaba teniendo, y, de repente, apareció un nombre: Emilia. Fue casi inconsciente el momento en el que escribo ese nombre y comienzo a formar la historia que quizás no iba a terminar nunca. Ahí entra la pieza clave: Belén, mi mejor amiga. Le compartí el primer capítulo, me alentó y, quizás, un poco en broma, me exigía saber qué pasaba en la vida de Emilia. Y seguí escribiendo.

– ¿Cómo llegaste al certamen Lidia María Riba?

– A los pocos días de comenzar este ida y vuelta de un PDF con mi amiga, me aparece la publicidad del concurso. Con muchísimo miedo se lo conté, necesitando que alguien me dijera que podía. Obviamente, mi amiga confió a ciegas en mí y me obligaba a escribir porque quedaba muy poco tiempo para el cierre del certamen. El último día envié la historia, con una inseguridad y un miedo casi paralizador. Por suerte, fue la primera vez que gané esa pelea mental con la inseguridad y el resto fue un sueño.

– ¿Te planteaste dejar un mensaje esperanzador sobre la salud mental?

– Creo que cualquier manifiesto de arte busca, quizás inconscientemente, dejar un mensaje. Entré a esta historia sin pensar con exactitud qué quería transmitir, pero sabía cuál era el tema que quería tratar. Y creo que la salud mental siempre deja un mensaje por el simple hecho de ponerlo sobre la mesa. No me siento preparada para denominarlo un mensaje esperanzador, porque, de cierta manera, es una carga pesada. Pero, al mismo tiempo, tengo que admitir que me llena de felicidad y orgullo leer las opiniones de las personas que lo están leyendo y que me cuentan todo aquello que las hizo reflexionar. Elijo hablar sobre salud mental porque aunque ahora estemos más ávidos de saber sobre el tema y menos prejuiciosos, siento que todavía incomoda un poco. Pero yo me animé a usar esa incomodidad a favor. Buscaba que la historia incomode porque eso genera reflexión y cambio. El consumo problemático sigue siendo un tema tabú y siento que a través del arte, tenemos el privilegio y, un poco también, la necesidad de mostrar lo que queramos. Yo quería leer sobre consumo problemático y, especialmente, en una mujer, así que me di el gusto de crear todo aquello que yo quería encontrar en una historia de amor.

– ¿Cuánto tienen que ver tus estudios universitarios, con el abordaje de la novela?

– Me falta mucho camino por recorrer en mi carrera, es una profesión muy amplia y que está en constante cambio. Siento que me ayudó un poco con respecto a los personajes, pero tuve que hacer una gran investigación extra para tratar la salud mental. Yo me anoté en Psicología con la idea de atender pacientes con consumos problemáticos, por lo tanto, siempre trate de interiorizarme todo lo que podía en el tema. Cuando decidí que la psicología iba a ser un personaje más de esta novela -porque el impacto que tiene es tan grande y está tan presente que yo la considero una gran protagonista- entendí que no podía tomármelo a la ligera. Realmente, lo tomé como un trabajo de investigación.

– ¿Cómo fuiste trabajando el paralelismo entre los dos personajes principales, Emilia y Belén?

– Fue el desafío más grande que afronté a la hora de escribir. En un principio, Emilia era mi única protagonista y con el correr de las páginas decidí que Belén tenía que ser igual de importante. Pero yo estaba escribiendo en tercera persona y quería hacer una clara distinción entre una y la otra para que los capítulos no se hagan confusos. Sin embargo, fue casi imposible. Emilia y Belén estaban tan conectadas que no había forma de despegarlas. El destino de estos personajes no tenía otra forma de ser porque la conexión entre ellas, yo siento que traspasa. Mientras escribía sus historias, no me daba cuenta el parecido entre las dos. Recuerdo que cuando lo releí fue un impacto, porque había creado dos personajes que se parecían tanto, que se encontraban por casualidad y existe esta historia de sanación que no podría haberse dado si no se tenían la una a la otra. Todo esto, en un contexto donde ninguna quería ceder, ninguna quería pedir ayuda. Fue increíble cómo se dieron las cosas, incluso para mí, porque de no querer hacer personajes parecidos pasé a crear un espejo, una simbiosis, que le dio al libro el eje principal.

– ¿Cómo te nutriste para abordar la psicología de los personajes adictos, sus reacciones, sus corazas?

– Con mucho estudio. Afronté el desafío personal de abordar un tema del que no hay tanta información al alcance de la mano, con el mayor de los respetos. En nuestra sociedad, hay mucho estigma alrededor de los adictos. Escuchamos insultos, comentarios por lo bajo, críticas, pero jamás se pregunta a una persona qué le está pasando. Existe la creencia de que lo hacen para aliviar otros dolores, de que lo hacen para divertirse, en fin, miles de teorías, pero cada persona es un mundo. Todos hemos tomado malas decisiones. Entonces, lejos de querer romantizar este problema, intenté dejar de demonizarlo, mostrar que esto sucede, incluso más de lo que uno cree, y que hay salida. Pero siempre lo hice con respeto y mucha información, yo quería que los allegados a esta problemática lean el libro y que no tengan quejas con respecto a cómo está abordado el tema. Con respecto a las reacciones y corazas fue muy difícil porque yo tenía el deber de combinar todo aquello que les estaba pasando con una historia de amor y superación. Y lo cierto es que muchas veces, se ve todo negro y no hay lugar para pensar en el mañana. También intenté relatarlo, pero desde el punto optimista de este narrador omnisciente. Escribir sobre esta enfermedad fue un desafío del cual estoy muy orgullosa de haber afrontado.

– Una de las cuestiones que atraviesa la novela y afecta a los protagonistas y personajes secundarios es la culpa. ¿Cómo abordaste el tema? ¿Ha ido cambiando la dimensión religiosa de la culpa?

-Dentro de la gran investigación que hice para escribir sobre esto, leí mucho esa palabra. La culpa es algo que acompaña constantemente a las personas, pero si a ese sentimiento, casi cotidiano, le agregamos una adicción es supercomplejo. Creo que, si bien hoy en día, ya no se piensa la culpa asociada a un castigo, seguimos manteniendo esta dimensión un tanto religiosa. Hacemos algo mal y sentimos culpa, es como ese “pecado” que no nos deja vivir en paz. No me metería tanto en el terreno religioso porque lo desconozco, pero sí te puedo hablar de esta dimensión psicológica que le inculqué a la culpa a lo largo de todo el libro. Si buscamos en internet, encontramos miles de vivencias con respecto a la drogadicción, vas a notar que en ellas siempre resuena la culpa. En el libro, los personajes sienten que tomaron malas decisiones, y que las mismas tienen consecuencias. En esa vorágine de decepciones que experimentan los personajes, están culpándose a ellos mismos todo el tiempo. Incluso, aquellos que no son pacientes del centro de rehabilitación, como Belén y Sergio, están constantemente culpándose por los errores que tuvieron. Lo que buscaba con la escena final, especialmente, donde Lucía puede volcar esa culpa en otro lugar es mostrar esto mismo, que las personas vamos a sentir culpa todo el tiempo, en mayor o en menor medida, está en cada uno lo que decide hacer con ese sentimiento.

– Hablabas del tema del tiempo que atraviesa la novela. ¿Creés que el paso del tiempo es uno de los grandes temas/dilemas de la sociedad actual?

– Para mí es un factor super importante en la vida de todos nosotros. La preocupación con respecto al pasar de los años lo podés encontrar en todas las generaciones de todas las sociedades. Creo que la sociedad actual intenta llevarlo un poco mejor, pero fracasamos en ese intento, porque el correr del tiempo está siempre latente. Nosotros mismos nos obligamos tomarnos cierto tiempo para todo lo que hacemos. “La carrera se tiene que hacer en tal cantidad de años”, “a cierta edad te tenés que casar”, “es imposible que a esta edad no hayas hecho estas cosas”… Y, así mil ejemplos. Emilia estuvo al borde de la muerte y, de todas maneras, siente que está perdiendo el tiempo, y creo que ese es el dilema, cualquier persona que pueda empatizar con Emilia está inserta en este mandato sobre que hay que tomarnos cierto tiempo en hacer las cosas. El problema con esto es que no tenemos una noción exacta de cuánto tiempo es mucho tiempo, y eso nos preocupa, estamos tan enfocados en mirar hacia el futuro que el presente está completamente desdibujado. No tomé el concepto de tiempo como una crítica, sino como una ilustración. Es lo que nos sucede a todos y está bueno que sepamos que es parte de la vida, pero también hay que tener claro que no hay que tenerle miedo, y la línea entre la incertidumbre y el miedo es muy fina. Por eso, toda esta reflexión ocupa un rol fundamental en la novela y me encantó compartir esa preocupación que, al final, tenemos todos.

– En la novela aparece el personaje de Marcela, ¿Pensaste específicamente en correrte del clásico abordaje de “la otra”?

– Por supuesto que sí. Estamos atravesando un momento como sociedad que me siento orgullosa de vivir. Las mujeres que me antecedieron, tal vez, no iban a pensar nunca en este concepto de sororidad, de unión, de hermandad que compartimos hoy en día. Yo leo muchos libros y hace años, “la otra” era la villana, hacía poner celosa a la protagonista, “obligaba” al protagonista masculino a ser infiel. Hoy, todo eso quedó obsoleto. Somos cada vez más las autoras que mostramos este presente feminista en nuestros libros. Construir el personaje de Marcela fue un placer de principio a fin. Yo sabía cómo quería que sea la historia de Sergio y Belén, tenía claro cómo tenía que terminar, y el personaje de Marcela no iba a tener tanta participación como tuvo, pero, a medida que lo escribía, empecé a pensar que faltaba la impronta feminista que quería dar, y no quería presentarla por el narrador, quería un personaje que demuestre la deconstrucción que estamos atravesando todas las personas. Marcela, en sí, es una idealización, porque a mí todavía me faltan muchos prejuicios que romper para poder parecerme a ella, pero quería mostrar todos los tipos de amor y fue perfecta para eso, porque ella amaba libremente y, al final, es la forma más sana y linda de amar.

– Hay, también, un abordaje de distintas formas de maternidad, familia, lazos que trascienden la amistad y, en definitiva, distintas formas de amor. ¿Cómo concebís vos estos temas? ¿Cuánto te representa la frase de la contratapa “el amor siempre es la respuesta”?

– Eliminaría la palabra “siempre”, para ser sincera. El amor acompaña, sana y ayuda pero, no siempre es la respuesta. En el libro se puede ver cómo es necesaria la ayuda profesional también. No quiero desmerecer al amor porque es parte de todos nosotros. Como dice Fito, nadie puede vivir sin amor, pero hay muchas otras cosas que son necesarias para vivir. El foco lo pondría en esto que decís sobre las distintas formas de amor y me gustaría que la frase de la contratapa se interprete de esta manera. Hay tantas formas de amar como personajes hay en el libro. Belén y Emilia construyen una relación familiar, Thiago ama de manera incondicional, Lucía ama como puede, Agustín intenta amarse a sí mismo, e incluso creo que hasta Juan Pablo también ama de una forma que él interpreta que está bien. Yo buscaba mostrar todas esas caras del amor y, en especial, mostrar el amor propio que, yo creo, es el más importante de todos.

– Patricia Suárez, jurado del concurso la definió como “novela oscura”. ¿Qué te parece ese análisis? ¿Es un camino literario en el que te interese seguir profundizando?

– Me encantaría seguir por este camino. Patricia y mi editora, Susana, me enamoraron cuando la tildaron de oscura. Encuentro algo muy complejo y rico para seguir explorando, porque romántica y oscura son dos términos que no se mezclan normalmente. Me encanta ese choque conceptual y creo que todo se debe al narrador. Al escribir en tercera persona es difícil contar sentimientos porque, además con el ritmo rápido que tiene la novela, no te podés demorar mucho en ellos. Sinceramente, el narrador que elegí me ayudó mucho y, en lo personal, me dio una nueva perspectiva de la historia romántica. Me cuesta escribir un romance dulce, me siento incomoda en mis propias palabras, así que cuando Susana me dijo que deje de lado la dulzura y me enfoque en la forma fría de narrar, estuve feliz. Así que sí, me encantaría seguir profundizando desde este punto porque no solo me entretiene mucho, sino que también me intriga, quiero ver hasta dónde puedo llegar sin que deje de ser una novela de amor.

Certamen de historias que hablen de amor

La primera edición del “Certamen Literario de Novela Romántica-VeRa. Premio Lidia María Riba” fue lanzada en octubre de 2021, convocando a autores de historias que hablen de amor. El nombre del concurso es en homenaje a la escritora y editora que cofundó y dirigió VR Editoras y el objetivo “celebra su capacidad de poner en palabras los sentimientos”.

A través del certamen se eligieron diez novelas finalistas que representen el espíritu que guió la obra de Riba: contar historias transformadoras a través de libros que hacen bien.
El concurso es para obras inéditas, de ficción contemporánea –no histórica– “en la que los protagonistas vivan una historia de amor”.

La obra ganadora obtiene un premio en dinero, un objeto artístico, símbolo del concurso, creado especialmente y la publicación de la novela dentro del sello VeRa de VR Editoras.

El jurado está integrado por las escritoras Cristina Bajo, Viviana Rivero y Patricia Suárez y la obra ganadora se anunció en la Gala Romántica, en la Feria del Libro de Buenos Aires, edición 2022.



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