“Franco”: Mauricio Macri revisita la figura del padre que moldeó su vida y su destino político
El expresidente abandona el análisis político para reconstruir a Franco Macri, el empresario que fue su mayor maestro y su principal antagonista.
Franco Macri saluda a su hijo Mauricio el día que asumió como presidente de la Nación.
Después de “Primer tiempo” y “Para qué”, Mauricio Macri vuelve a escribir. Pero esta vez abandona el terreno de la política para adentrarse en una historia mucho más personal. En “Franco. Vida de mi padre. La historia de mi mayor maestro y mi gran antagonista”, el expresidente construye el retrato de quien considera la figura más determinante de su vida: Franco Macri, el inmigrante italiano que levantó uno de los grupos empresarios más importantes de la Argentina y cuya personalidad dejó una marca indeleble en su familia.
Desde las primeras páginas, Macri deja en claro cuál es el propósito del libro. Explica que la idea nació mientras escribía “Primer tiempo”: “Ejercité la memoria, y mientras lo hacía, mi padre aparecía una y otra vez”. Ese ejercicio terminó convirtiéndose en una necesidad: contar quién había sido realmente Franco Macri y recuperar una historia que, según el autor, quedó muchas veces reducida a simplificaciones políticas.
La primera definición ya anticipa el tono de toda la obra. Mauricio escribe “Fue mi héroe”, aunque inmediatamente agrega que también fue el hombre que más lo desafió. Esa dualidad atraviesa las 224 páginas del libro. Franco aparece como un empresario brillante, intuitivo, capaz de construir un imperio desde la nada, pero también como una personalidad dominante, obsesiva y muchas veces devastadora para quienes lo rodeaban.
Más que una biografía tradicional, el libro funciona como una exploración del vínculo entre padre e hijo. Mauricio reconoce que aprendió de Franco la disciplina, la cultura del esfuerzo, la ambición y la perseverancia, pero también admite que pasó gran parte de su vida intentando emanciparse de una figura que parecía imposible de superar.

Uno de los pasajes más reveladores resume esa contradicción con una frase que el propio Macri repitió durante la presentación del libro: “Me amaba, pero a la vez me quería destruir”. En pocas palabras condensa una relación marcada por la admiración mutua, la competencia permanente y una exigencia que nunca parecía encontrar límites.
El secuestro sufrido por Mauricio en 1991 ocupa un lugar central en el relato. El autor sostiene que aquel episodio modificó definitivamente la relación entre ambos. Si hasta entonces Franco imaginaba a Mauricio como el heredero natural del grupo empresario, después del secuestro comenzó una etapa distinta, atravesada por diferencias cada vez más profundas acerca del futuro de las empresas y del propio proyecto de vida de su hijo. La política terminaría ampliando esa distancia.
El libro también recorre la extraordinaria expansión empresarial de Franco Macri durante las décadas de 1960, 1970 y 1980. Mauricio describe el crecimiento del holding familiar como el resultado de una capacidad excepcional para detectar oportunidades de negocios y asumir riesgos que otros no se animaban a correr. Sin embargo, evita convertir el relato en una hagiografía. Habla de los errores, de las apuestas fallidas, de los conflictos internos y del progresivo deterioro que sufrió el empresario durante sus últimos años.
En ese sentido, uno de los méritos del libro es que intenta mostrar a Franco como un personaje lleno de contradicciones. Mauricio lo define como “el empresario número uno de la Argentina”, pero al mismo tiempo sostiene que fue alguien que terminó “esforzándose por destruir lo que había logrado”, una reflexión que funciona casi como una tragedia clásica sobre el éxito y el poder.
La obra también tiene un claro componente reivindicatorio. Macri sostiene que la figura de su padre fue objeto de una construcción política que, según él, deformó su verdadera historia empresarial. En entrevistas concedidas con motivo de la publicación del libro explicó que quiso “contar la verdadera historia de mi padre, sin ocultar nada”, porque considera que durante años se instaló una imagen parcial de Franco Macri.
Con un tono introspectivo
Narrativamente, el texto sorprende por un tono más introspectivo que el de sus dos libros anteriores. Hay menos análisis político y más memoria personal. Menos discusión sobre gobiernos y más escenas familiares. Mauricio Macri reconstruye conversaciones, silencios y episodios cotidianos que ayudan a comprender no solo quién fue Franco, sino también cómo se fue formando el carácter del propio expresidente.
Para quienes siguen la trayectoria política de Mauricio Macri, Franco ofrece algunas claves para entender aspectos de su personalidad pública: la austeridad emocional, la obsesión por la gestión, la dificultad para expresar afectos y una permanente necesidad de demostrar capacidad frente a la figura paterna.
El resultado es un libro que puede leerse desde distintos planos. Es la biografía de uno de los empresarios más influyentes de la Argentina contemporánea; es el relato de una familia atravesada por el éxito, los conflictos y las disputas por el poder; y es, sobre todo, la confesión de un hijo que intenta comprender al hombre que más admiró y con quien nunca dejó de competir.
En definitiva, “Franco. Vida de mi padre” es menos un ajuste de cuentas que un intento de reconciliación con la memoria. Mauricio Macri no absuelve a su padre ni lo condena. Lo humaniza. Lo muestra brillante y autoritario, visionario y destructivo, generoso y despiadado. Esa complejidad, precisamente, es lo que convierte al libro en algo más que una biografía empresarial: es un ensayo íntimo sobre la influencia que un padre puede ejercer sobre el destino de un hijo, incluso cuando ese hijo llega a convertirse en presidente de la Nación.
