Cultura

Frediani descifra a Julio César: “Buscamos héroes pasados porque hoy faltan”

El escritor italiano presenta "La sombra de Julio César", la primera parte sobre la exitosa trilogía dedicada al emperador romano.

Por Gonzalo Sánchez

ROMA, Italia.- Mucho se ha escrito sobre Julio César y, aún así, sigue apasionando. Por eso, Andrea Frediani se animó a indagar en sus gestas y publicar una trilogía, “Dictator”, cuya primera parte sale esta semana en español: “Tenemos una carencia de héroes, por eso los buscamos en el pasado”, alega a EFE el novelista ante las ruinas del Foro Romano.

“Cuando en la Historia vemos a alguien genial, nos inspira. En la actualidad tenemos un poco una carencia de héroes y por eso vamos a buscarlos al pasado, por eso la novela histórica tiene éxito. Julio César fue uno de los héroes más fascinantes”, justifica.

Frediani (Roma, 1963) escribió en italiano en 2010 una exitosa trilogía sobre César, “Dictator”, y su primera parte, “La sombra de Julio César“, se publica en el extranjero por primera vez, editada en español por Espasa.

Hace una década su editor, que ya había publicado otras obras suyas sobre Trajano o la batalla de las Termópilas, le encargó una obra sobre el militar romano más famoso pero, para aceptar, tenía que aportar algo nuevo.

Una amistad rota

“Me pidieron una trilogía sobre César, a lo que respondí que no porque todos habían escrito sobre él. ¿Qué podía aportar de nuevo? Sin embargo luego empecé a pensar en que había un tema del que nadie había escrito: su amistad con Tito Labieno”, explica.

El libro, una novelización de tono épico, arranca en el 88 a.C, cuando dos niños, César y Labieno, se conocen en las peligrosas calles de la Suburra, entre el estruendo de las tropas de Sila.

El primero emprendería años más tarde una fulgurante carrera militar en Hispania y la Galia con Labieno como leal lugarteniente, pero la relación entre ambos saltaría en pedazos con la toma de Roma, en la guerra civil, pasándose al bando enemigo, el de Pompeyo.

En “La sombra de Julio César”, Frediani aporta su propia teoría, recurriendo a lo que el medievalista Jacques Le Goff denominaba “imaginación científica”, es decir, narrar la historia “rellenando los huecos” de las distintas fuentes con episodios “verosímiles”.

Todo para adentrarse en la sombra de César, “uno de los tres personajes más importantes del mundo occidental” junto a su hijo adoptivo y primer emperador, Augusto, y Constantino.

El protagonista representa un auténtico punto de inflexión, ya que su ascenso se produce en un momento en el que el cambio de régimen en Roma era casi necesario por el desmadre del sistema republicano.

“La República ya no funcionaba y hacía falta alguien que pusiera a todos de acuerdo. Julio César, aunque lo intentó, no lo logró porque era un autócrata, pero indicó el camino a Augusto”, sostiene Frediani.

Y el Imperio, que siguió al sistema monárquico iniciado en el año de la fundación, 753 a.C, y al republicano, se convirtió en “la institución más longeva de la Historia”, al extenderse hasta el final de la Edad Media gracias a su parte oriental de Bizancio.

Un ejemplo de ambición

Cayo Julio César seguramente sentía el papel que la Historia le reservaba, asegura el novelista. Plutarco y Suetonio narran el episodio en el que el militar, en su primer encargo en la Hispania Ulterior, lloró ante una efigie de Alejandro Magno en Gades, la actual Cádiz.

Su pesar era que a sus 32 años, la edad a la que murió el macedonio, su gloria todavía parecía inalcanzable.

“Él sí se sentía un hombre de la providencia. Además, como toda su dinastía, estaba convencido de descender de Venus, de los dioses. Percibía la decadencia de Roma y quería hacer algo para resolver la situación. No lo logró, pero marcó el camino”, explica Frediani.

Sus gestas y galones son todavía hoy anhelados por todo hombre o mujer de poder que se precie, porque si algo representaba aquel conquistador era “un modelo para todo aquel que sea ambicioso”.

Por eso, defiende el autor, es importante estudiar la Historia, máxime ahora, en un contexto intoxicado por las mentiras que pululan en internet: “Si no conoces la historia ni siquiera conocerás los mecanismos del presente”, augura, apuntando a la guerra en Ucrania.

César fue “un gran comandante” pero también “probablemente un genio” que había viajado, hablaba idiomas y escribía sobre sus conquistas.

Pero aquel soldado patricio, cruel y clemente como solo los romanos saben ser, acabó traicionado por los políticos, incluso por aquellos que se habían beneficiado de él.

“Era una persona terriblemente ambiciosa o puede que suscitara muchísima envidia porque era muy superior al resto”, afirma Frediani.

En cualquier caso César sigue generado admiración: nunca faltan flores frescas en el altar del Foro Romano donde fue cremado, después de sucumbir a los cuchillos de la traición en el Senado, en los Idus de Marzo del 44 a.C.

EFE.

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