Cultura

Grandes libros, pequeños lectores

Para que no nos deje de importar. Mila Cañón, Florencia D'Antonio, Ana Clara Hermida, Carola Hermida (2016) Libros que importan. La literatura para niños en la educación primaria. Mar del Plata: Punto de fuga/19.

María José Troglia

Integrante de ONG Jitanjáfora

Este libro se origina y se sostiene en una doble certeza: una es la del poder de la literatura, el poder de acariciar, de borrar y dibujar de nuevo, el poder de los sueños, de la magia y lo inesperado, de posibilitar nuevas, creativas formas de sociabilidad; la otra es que todos los niños tienen derecho a conocer, apropiarse, dejarse modelar por la literatura y el arte.

Esas certezas (que pueden leerse bien en los paratextos de Libros que importan) remontan otras que subyacen en la política pública de lectura sostenida en la última década, que se expresa entre otras propuestas en la compra y distribución de libros: el derecho a educarse, el derecho a la igualdad de oportunidades para aprender, para crear, para disfrutar, para ser más libres, para involucrarse en los tiempos que nos toca vivir y la intención de equiparar la posibilidad de todos los chicos de acceder a materiales literarios de calidad, que no se encontraban en las bibliotecas escolares sino en las librerías.

El libro es el resultado de un trabajo colectivo y plural que sintetiza una investigación realizada en el marco de una convocatoria para proyectos de investigación del Infod (Instituto Nacional de Formación Docente) en 2013. Se tomaron como objetos de análisis el Operativo Nacional de Entrega de Libros (2011-2012) y el Programa para el Acompañamiento y la Mejora Escolar (2012). El propósito fue indagar ambos programas estatales de distribución de literatura y la repercusión que tuvieron en tres escuelas de la ciudad de Mar del Plata: la EP Nº 8, la EP Nº 74 y la EP Nº 29.

El trabajo, firmado por Mila Cañón, Carola y Ana Clara Hermida y Florencia D’Antonio, recoge características y resultados de estos programas, a los que investiga con una mirada seria y abarcativa, siguiendo el recorrido que los libros trazan desde que son seleccionados por especialistas, hasta que llegan a las escuelas y se ponen a circular.

Para ello, es preciso revisar los supuestos que subyacen en las elecciones de títulos, de autores, de colecciones, que constituyen los envíos; analizar los diversos mecanismos de distribución de los libros y, -esto es tal vez lo más significativo para los potenciales lectores de este libro- descubrir qué prácticas lectoras habilitan esos materiales y cómo sería posible diseñar itinerarios interesantes y creativos poniendo en diálogo esos libros con las prácticas lectoras reales, que tienen lugar en el día a día en las aulas de nuestras escuelas primarias.

El libro es hablado por varias voces que permiten reconocer un entramado complejo de actores vinculados a la lectura: desde lo político, pasando por lo académico y anclando en la práctica docente y en las escenas de lectura, se insiste en la voluntad de poner a circular los libros y de desplegar las oportunidades para “dibujar mapas, tender puentes, crear caminos”, para leer entre líneas, para hacer dialogar los textos, para escribir, para recomendar, para andar entre los libros.

Libros que importan se organiza en cinco capítulos que recorren desde lo más general hasta lo más localizado en las prácticas reales, analizando los materiales, imaginando posibles itinerarios, recogiendo narrativas y escenas lectoras, lo que permite visualizar este entramado en que los supuestos ideológicos que sostienen a un proyecto político, desde la perspectiva de la inclusión educativa y social, se pueden enlazar con las prácticas lectoras de los niños y de sus maestros.

Las entregas de libros a las escuelas y a las bibliotecas siempre debe ser celebrada, pero también debe venir asociada a otras decisiones: acompañar a los maestros y a los mediadores de lectura en la tarea de poner a circular esos materiales, sugerir formas en que los libros se encuentren y dialoguen, entramarlos en proyectos áulicos, institucionales o comunitarios, compartir los efectos que provoca la lectura, sacarlos de la escuela y hacerlos entrar en las casas de las familias para que la experiencia de leer y mirar un libro no se reduzca a la mediación del maestro y al contexto escolar, con sus propios modos de apropiarse de los libros y la lectura.

Por eso, este libro también debe ser celebrado, para que los libros no duerman en sus cajas o se acoplen a protocolos de lectura que los encorseten o los empobrezcan, las autoras nos hacen pensar, nos ayudan a reconocer, nos invitan a crear y nos comprometen en una tarea que nos debe importar a todos: hacer que los libros sigan estando en las escuelas, que los chicos sigan teniendo oportunidades para aprender, para imaginar, para creer en el futuro.

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