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Cultura 15 de junio de 2026

Grandes libros, pequeños lectores: “Siempre nos estamos yendo”, de Verónica Sukaczer

Una novela que fue publicada para jóvenes, pero cuya narrativa extensa y compleja desata efectos a cualquier edad.

Portada de Siempre nos estamos yendo.

Siempre nos estamos yendo
Verónica Sukaczer
Nube de Tinta
Buenos Aires
2021

“Esa sensación, la de observar y entender, me hizo sentir viva”.

Por Mila Cañón (*)

La novela de Sukaczer se instala en esos espacios que habitan en los bordes, de límites imprecisos, de género distópico; una historia extensa bien tejida que se queda para siempre en la biblioteca simbólica, personal. Una novela de literatura juvenil que no.

Mientras el afuera se quema, dos hermanitas huyen. Son dos niñas solas, Zinnia y Jazmín. Son infancias en peligro, pero son valientes. El relato agobia, enternece. El lector corre detrás de los personajes que como en muchos cuentos infantiles se van sumando a la caravana, sufre, lee para seguirlos, aunque la narración se detiene en las cursivas, en los giros hacia el pasado y exige atención, adelanta poco en un presente distópico en el que “el mundo se rompe”, y muestra un pasado de sueños posibles que ya no serán.

El lector transpira la lectura porque el límite hacia adelante no aparece, el agobio de su supervivencia y los aliados en el camino que también son amenazas, es el agobio de los personajes niños de Ammaniti en Anna, tal vez de la serie The Last of Us. Leer es leer en diálogo, con otros autores, discursos, y claro, y construir  comunidades de lectores.

La migración que “es lo mismo que decir que no sos de ningún lugar, un ser sin patria, sin identidad, sin futuro”, se materializa hacia el final de la novela, cuando Zinnia, que representa su rol de hermana mayor, se rompe cada noche y se recupera –se rearma– para seguir, a pesar del miedo. Su construcción como narradora es otro de los ejes del relato, una operación delicada de una novela que quema. Es la hermana mayor de esta novela –juvenil pero no– que une las piezas dispersas, relata para unir el rompecabezas, para no olvidar mientras huyen, pero además para calmar y calmarse, arrullar y consolarse, velar. Las palabras simbolizan el pasado y le cuentan al lector partes de la historia a modo de recuadros.

Siempre nos estamos yendo es/parece una novela publicada para jóvenes pero su narrativa extensa y compleja desata efectos a cualquier edad. Los personajes no encuentran el límite, ni avizoran el futuro que se torna, entre el camino y el tiempo, inalcanzable.

Al fin, el lector joven, experto, el mediador de lecturas, el adulto atrapado en el impulso de esta ficción compleja y desafiante, más allá de  las marcas del mercado, puede ver lo que no, en Siempre nos estamos yendo.


(*) Miembro de la ONG Jitanjáfora. Redes sociales para la promoción de la lectura y la escritura. Para más recomendaciones literarias de textos infantiles y juveniles, visitar la sección Grandes libros, pequeños lectores de LA CAPITAL, escrita por especialistas que son miembros de Jitanjáfora, haciendo clic acá.