Hot dogs a US$2 en Atlanta: la excepción a los precios del Mundial
El estadio Mercedes-Benz ofrece panchos a dos dólares, muy por debajo del resto de las sedes. La política de precios responde a una decisión del empresario Arthur Blank que mantiene valores bajos en alimentos dentro del recinto.
Aficionados en uno de los sectores de comidas del estadio Mercedes-Benz en Atlanta (Estados Unidos). Foto: EFE | Jairo Mejía.
ATLANTA, Estados Unidos.- El estadio Mercedes-Benz de Atlanta es la única sede mundialista en la que los aficionados pueden experimentar algo único: un “hot dog” (pancho) por dos dólares, cuatro veces menos que en otros coliseos, gracias a la rebeldía del dueño del Atlanta Falcons, que convirtió en su bandera el evitar los precios abusivos.
El Mundial más caro de la historia está escandalizando a los aficionados no solo por los precios de las entradas sino por la imposibilidad de llevar comida o agua a los estadios, donde los precios de una hamburguesa y una bolsa de papas fritas pueden ascender a los 24 dólares, como el caso del estadio de Houston (Texas).
En el BMO de Toronto, un pancho cuesta 20 dólares canadienses (14 dólares estadounidenses, alrededor de 21 mil pesos argentinos) y una simple gaseosa casi 11 dólares.

Pero Atlanta es una excepción donde la “inflación” de la FIFA no consiguió imponerse.
Arthur Blank, el milmillonario dueño de Atlanta Falcons (NFL) y de Atlanta United (MLS), se negó a que el organismo que preside Giani Infantino imponga los precios en su estadio.
Hace diez años, Blank, fundador del gigante de bricolaje Home Depot, se propuso mantener precios razonables en su estadio, donde un pancho y una cerveza no pasa de los 10 dólares, algo inaudito en el deporte de masas estadounidense.
Recientemente, las redes se llenaron de críticas durante las finales de la NBA porque un pancho (el estándar del aperitivo deportivo) superó los nueve dólares y una cerveza los 16.
“La verdad es que me sorprendió lo barato que es. Veníamos preparados para pagar mucho más y son unos precios que no se ven en ningún estadio”, explica Rob, un libanés-estadounidense de Detroit que fue con toda su familia a animar a España.
Legisladores estadounidenses de ambos partidos quieren poner fin a los abusivos precios en los estadios, ya que, aunque sean negocios privados, la mayoría recibe subsidios públicos.
Al tener “audiencias cautivas”, las leyes podrían regularlos al operar en una especie de monopolio temporal en el que los aficionados no tienen ninguna alternativa si quieren calmar el hambre o la sed.
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