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Arte y Espectáculos 27 de enero de 2026

Iñaki Urlezaga, en rol de director: “Trabajo con el ADN ajeno”

"Agradezco ayudar a otros a que sean la mejor versión de sí mismos", dijo el exbailarín y actual director de ballet. En el Auditorium, una sala que conoce a la perfección, presentará un destacado programa clásico mañana y el viernes.

Iñaki Urlezaga.

Con la dirección artística de Iñaki Urlezaga, este jueves y viernes a las 21.30 subirá a escena “Noche de clásicos y de película” en la sala Astor Piazzolla del Teatro Auditorium.

El espectáculo garantiza dos noches con un repertorio de títulos como “Romeo y Julieta”, “La Traviata”, “El lago de los cisnes”, “Carnaval veneciano”, “El día que me quieras” de Carlos Gardel, que culminará con una selección musical.

En su faceta como director artístico y coreógrafo, Urlezaga se desempeña activamente en espectáculos de danza que fusionan el ballet clásico con el tango, en los que combina talento consagrado y emergente, con el sello de su creatividad y visión artística.

En diálogo con LA CAPITAL, Urlezaga comentó la programación que traerá a esta ciudad: “‘El carnaval de Venecia’, que es un dúo bien del clasicismo puro, tutú variación y coda, la fiel originalidad de la danza clásica. Continúa ‘Carmen’, con el fragmento más importante que es el dúo de amor, entre ellos, dos del ballet de la coreografía de Alonso, muy icónico en la danza más expresionista de la segunda mitad del siglo pasado. Otro que, para los amantes del ballet, siempre es venerado y esperado es el segundo acto de ‘El lago de los cisnes’. Después, ‘Melodía’, que es un fragmento muy lindo de la ópera de Gluck. Estará también ‘El balcón de Romeo y Julieta’ y termina con la muerte y el final de ‘La Traviata'”.

-¿Por qué siempre volvemos a los clásicos?

-Estos formatos de clásicos en una noche, con estos fragmentos representativos, los hago por primera vez. Nunca jamás en la vida había realizado esta temática artística. En este caso, fundamentalmente, fue un pedido del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires. Ellos querían que Mar del Plata tuviera una cartelera ecléctica.

Creo que hacer clásicos sigue siendo un reto, es lo más difícil de hacer. Se trabajó mucho para que esto lograra tener su excelencia y su posibilidad de disfrute del público mediante la ‘expertise’ de los artistas. Porque hacer clásicos siempre es de un rigor artístico escénico y te diría personal muy fuerte. Con los sucesivos años que se van viviendo a lo largo del tiempo, ya hay cada vez más artistas en la retina del público que han bailado exquisitamente bien estos dúos. Entonces, es inevitable la comparación, es inevitable la idealización que el público tiene sobre estos clásicos.

-¿Qué emociones te produce volver a Mar del Plata y a la sala Piazzolla, que es un escenario que has vivido muchas veces?

urlezaga- foto

-Adoro Mar del Plata. Para mí, Mar del Plata es el Auditorium, porque yo debuté con 15 años en el Auditorium. Yo conozco tanto el Auditorium como el Auditorium me conoce a mí. Y es hermosísimo este teatro que tiene una sala fervorosa, porque son mil butacas, que cuando se llena es un sonido hermosísimo de recibir, a la vez de un silencio hermoso también. Un silencio que está lleno de todo. Por otro lado, tiene unas dimensiones escénicas que también permiten hacer estos clásicos, con músicos arriba del escenario. Te da la posibilidad de que sea un lugar importante en la Provincia. Es un enclave: te da la posibilidad de hacer algo pasajero y veraniego, liviano sin ningún tipo de pretensiones artísticas, pero también te da la posibilidad de hacer un clásico y revisitar algo con otro tipo de mirada. Todo esto se puede llevar adelante porque la estructura edilicia del teatro te permite hacer realmente una variedad de puestas según el estado de ánimo que cada artista se encuentre en su carrera. Porque uno va creciendo, mutando y sacándose capas, atraviesa distintos períodos de expresividad artística. Es la vida misma.

-¿Cómo te sentís desde el rol de director artístico? ¿Qué características particulares tiene ese rol?

-Es trabajar con el ADN ajeno. Cuando uno baila mucho, trabaja mucho consigo mismo y con el coreógrafo que tengas enfrente, pero trabajás desde vos. Y cuando sos un director o coreógrafo, trabajás mucho con el otro porque tu resultado depende de lo que vos logres hacer de la otra persona. Entonces creo que es un momento de mayor comunicación, de una mayor apertura para poder entender continuamente qué es lo que le está sucediendo al otro como para poder ayudarlo en eso que le sucede.

-Cuando miras para atrás y ves tu carrera con todos tus logros, ¿cómo te sentís? ¿Qué extrañás de tu etapa como bailarín?

-Extraño el físico y que me responda de la misma manera. El bailarín tiene una destreza física, un dominio hermoso y profundo de su cuerpo. Y eso es maravilloso porque te da una plasticidad, te da una organización física, una conformidad con vos. Se extraña también ese colágeno, por decirlo como los chicos jóvenes. Eso también es parte del paso del tiempo. Las articulaciones se endurecen por más que siga haciendo movimientos. Ese recuerdo tal cual lo fue es un recuerdo. Agradezco esa posibilidad que tuve de bailar lo que quise y como lo hice. Y haber recibido el amor del público. Siempre uno quiere más de lo que le ha gustado. El ser humano en ese sentido es imperfecto. Agradezco lo que tuve y sigo adelante con esta capacidad hermosa que la vida me dio, este talento de poder ayudar a los otros a que sean la mejor versión de sí mismos. Y en lo personal, me gratifica mucho porque veo la felicidad en los otros.