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La Ciudad 26 de marzo de 2020

Incertidumbre entre los que no fueron alcanzados por las medidas del Gobierno

Son monotributistas, pequeños comerciantes y los que tienen un básico pero viven de las comisiones. Si no trabajan, no cobran. Su vida cambió desde la cuarentena.

Cristian, viajante de una distribuidora de artículos de ferretería, junto a los productos que comercializa.

Son monotributistas, pequeños comerciantes y los que tienen un básico pero viven de las comisiones. No fueron alcanzados por las medidas del Gobierno nacional y tienen otro denominador común: sino trabajan, no cobran. Viven con incertidumbre y temen por el quiebre en la cadena de pagos.

Lejos de los empleados públicos o de la red de contención que tienen algunos privados, existe una gran parte de trabajadores argentinos que en circunstancias extraordinarias (como la actual de la pandemia del coronavirus) se encuentran a la intemperie tanto económica como sanitaria a la hora de cumplir con las obligaciones cotidianas.

Marcelo tiene una peluquería en pleno centro y contó que “desde el martes de la semana pasada” su clientela se redujo “a la mitad”. “No puedo cerrar, porque si no genero no llevo plata a mi casa y tengo que pagar las cuentas, los impuestos y el alquiler”, dice.

Ante la imposibilidad de bajar la persiana optó por “dar turnos uno por hora y así no tengo mucha gente en la peluquería”.

En cuanto a la medida del Gobierno nacional de otorgar 10 mil pesos a los monotributistas y trabajadores en negro explicó: “Ya me dijo la contadora que, por mi categoría, no me llega. Pero ella confía en que habrá otra medida que nos abarque a mí y a muchos que están en la misma situación”.

Pablo heredó de su abuelo Guido su oficio de constructor dedicado a la madera y era monotributista pero se endeudó y todavía no pudo saldar la deuda. “Así que ahora trabajo en negro”, reconoció.

La pandemia del coronavirus lo encontró con “trabajo por terminar en exteriores y en lugares como Sierra de los Padres”. “Así que ahí voy, pero en quince días se acaba”.

Además, adelantó: “No creo que me llame algún cliente, así que aprovecharé para terminar trabajos atrasados y estar con mis hijos. Y después habrá que seguir remándola. No sé qué va a pasar, porque si no entra plata no se puede pagar nada y chau cadena de pagos“.

Golpeados desde hace tiempo por la crisis que parece endémica del puerto local, en el Sindicato de Obreros de la Industria del Pescado (SOIP) la situación con la pandemia e incluso la cuarentena obligatoria es de “desesperación”.

“Empezamos el año mal con cierres de fábricas y seguimos peor. Tenemos un padrón con casi 3 mil afiliados pero son más de 5 mil personas ‘monotributistas’, que en realidad están en negro sin ningún tipo de cobertura”, explicó la secretaria general, Cristina Ledesma.

Después del anuncio del Gobierno nacional, de otorgar 10 mil a determinadas categorías de monotributistas y trabajadores informales, la gremialista señaló que “muy claro no lo tienen los funcionarios”. “Hablé con varios y nadie sabe, no hay precisiones. Así que habrá que esperar”, dijo.

Sin registro

Si bien cumple con el aislamiento social preventivo obligatorio a pesar de estar exceptuado por el trabajo que desempeña, Cristian (44 años) explicó: “Mi jefe dispuso que no salgamos, aunque algunas distribuidoras tienen guardias pequeñas, pero él prefiere que no nos arriesguemos ni pongamos en peligro nuestra salud”.

Padre de cuatro hijos, es viajante de una distribuidora de artículos de ferretería. “Tengo de base un sueldo básico de empleado de comercio, porque además tengo las comisiones, pero ahora que no salgo a trabajar, ni a vender ni a cobrar lo vendido no sé qué voy a hacer porque se va a reducir sensiblemente”, advirtió.

El trabajo ya se le había reducido la semana pasada “en un 50 por ciento”, calculó. “Para colmo también vendo pelotas de tenis, pero los clubes están cerrados y no tengo a quien vender y tengo la mercadería parada. Junto a los artículos de ferretería”, contó.

Otra cuestión es la falta de precios. “Mi jefe no se quiere desabastecer, porque no tenemos precio de referencia y no sabemos si vendemos, después a cuánto vamos a tener que comprar. Ya hay problemas con la cadena de pagos”, dijo.

Jesús empuja un carrito cargado con zoquetes, medias y calzoncillos, productos que cotizan entre los 150 y 200 pesos, que los comercializa en la calle o en estaciones de servicio, sin posibilidad de emitir factura alguna.
“Desde la peste vendo un 10 por ciento de lo que vendía. Si hacía mil pesos por día, ahora hago cien. No sé qué va a pasar”, explicó desde el playón de una estación de servicio mientras acepta un café invitación de los playeros.

El grupo “Monotributistas organizadxs”, que nuclea a quienes tienen esa condición y suman 3,2 millones según la AFIP, así como a trabajadores precarizados y cuentapropistas, lanzó un petitorio por la plataforma Change.org pidiendo al Gobierno nacional “medidas de emergencia”.