Inflación, producción, política y guerra
Panorama político nacional de los últimos siete días.
Manuel Adorni.
Por Jorge Raventos
El porcentaje de inflación de febrero que esta semana reveló el INDEC decepcionó a la Casa Rosada y al Palacio de Hacienda. El índice de 2,9 por ciento extendió a 10 meses el período en el que la tendencia de los precios no es descendente, sino que asciende o, en el mejor de los casos, mantiene su nivel anterior como ocurrió esta vez, cuando el índice de febrero igualó al de enero. “Al menos la cifra inicial no fue un 3”, comentó con ironía un analista que el Presidente ya ha caracterizado como “econochanta”. En rigor, es posible que el 3 presida la cifra de marzo que se anunciará dentro de un mes: sobre la lógica de los precios internos se hará sentir seguramente el influjo de la crisis energética disparada por la guerra contra Irán.
En cualquier caso, el gobierno puede ufanarse todavía de sus éxitos antiinflacionarios. La inflación interanual a febrero de 2026 asciende a 32,7 por ciento, algo menos de la mitad de la interanual a febrero de 2025, que fue de 66,9 por ciento. Pero desde mayo del último año los precios ascienden en lugar de bajar. El gobierno se ve simultáneamente apremiado a tomar en cuenta la creciente queja de sectores de la producción y del trabajo, preocupados por la caída de empresas industriales y la pérdida de empleos registrados
Primavera en Nueva York
La Semana Argentina en Nueva York, un evento que congregó funcionarios, empresarios argentinos y potenciales inversores estadounidenses, tuvo mucha más miga que la picardía del jefe de gabinete, Manuel Adorni, de subir a su esposa de garrón a un vuelo oficial, pero en la atmósfera de denuncismo que impera en la política argentina desde hace algunos años, las conductas sesgadas (particularmente algunas de ellas) adquieren más notoriedad que las cuestiones importantes. Y el caso Adorni obtuvo más difusión que las conversaciones y negociaciones allá ocurridas.
La semana de promoción de Argentina tuvo una trascendencia que supera largamente los errores cometidos. Habrá que ver los resultados concretos, pero en principio la presencia conjunta del gobierno nacional y de una decena de gobernadores provinciales de distintas fuerzas políticas trabajando en común para seducir inversores ha sido un paso en la buena dirección.
Los inversores potenciales necesitan, para hundir capital en el país, convencerse de que Argentina no va a cambiar abruptamente de rumbo el día que Javier Milei deje de estar en la Casa Rosada. Así, la presencia de ese ramillete de gobernadores que acudió junto al gobierno nacional a las sesiones en Nueva York, aportó pruebas de que empiezan a sentarse las bases de políticas de Estado relacionadas, por ejemplo, con el respeto a la inversión y el control del gasto público. “Más allá de los cambios de gobierno, hay políticas de Estado que deben mantenerse. Esa estabilidad es clave para generar desarrollo, empleo y crecimiento”, expresó, por ejemplo, el mandatario salteño Gustavo Sáenz, un peronista que en 2023 acompañó como candidato a vicepresidente a Sergio Massa.
El ministro de Economía, Luis Caputo, tuvo la sensibilidad política de subrayar el significado de esa presencia conjunta: “No digo que todos deben pensar de manera libertaria –señaló con cierta audacia conceptual-, pero todos tomamos el mismo camino. Algunos un poquito más a la izquierda, otros un poquito más a la derecha, pero todos estamos de acuerdo en que la ruta es esta”.
Ese era un mensaje que los inversores querían escuchar. Mucho más ubicado –hay que decirlo- que el del jefe de Caputo, el Presidente, que utilizó ese escenario facilitado por el banco J.P.Morgan para críticar ásperamente a empresarios argentinos a los que ha decidido maltratar, como el siderúrgico y petrolero Paolo Rocca y el número uno de Aluar y Fate, Javier Madanes Quintanilla. ¿Era acaso ese el ámbito para una deposición que podía reservarse para un escenario doméstico?
¿Y a mí por qué me miran?
Si se tratara de puntualizar errores que perturbaron una iniciativa globalmente positiva, esa desubicación discursiva de Milei superaría en relevancia el enredo de Adorni, quien sin embargo recibió interpelaciones más filosas, probablemente suscitadas, como él mismo intuyó tardíamente, por el argumento que esgrimió para justificarse (“Vengo una semana a deslomarme a Nueva York, quería que mi mujer me acompañe”). Para empeorar su situación, emergieron datos sobre otro reciente viaje familiar a Punta del Este en un avión privado, con lo cual los vuelos del jefe de gabinete se transformaron en trending topic en las redes y treparon a primeras planas y a programas de televisión.
Más allá de que anteriormente el propio Adorni haya alimentado la lógica de las denuncias por casos más o menos análogos, hay que coincidir con su presunción actual de que está siendo objeto de “una operación”. La exposición pública que le ha reportado su condición de vocero de Milei vuelve cualquier traspié suyo en blanco posible de un cuestionamiento con repercusión segura. Es el precio de la fama. Por otra parte, su condición de cuadro destacado del equipo de Karina Milei en la interna libertaria convierte sus vulnerabilidades en un flanco por el cual pueden golpear quienes están enfrentados con ella. Fuego amigo.
La secretaria general de la Presidencia sostiene a Adorni como su candidato in pectore a disputar la jefatura de gobierno de la Ciudad Autónoma. Otros libertarios que se propongan esa candidatura se beneficiarían con las desgracias del jefe de gabinete. Otro u otras.
Mahiques también es blanco
Pero Adorni no es el único amigo de Karina Milei vapuleado desde las redes y desde algunas empresas. El recién llegado ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, es otro que legítimamente podría sospechar que hay una campaña contra él. En virtud de su antiguo relacionamiento con entidades del fútbol continental (empezando por la propia AFA) circula por los medios (particularmente por algunos) la conjetura (y el recelo) de que Mahiques tenga el objetivo íntimo de evitarle dificultades judiciales a las máximas autoridades del fútbol argentino, Claudio Chiqui Tapia y Pablo Toviggino.
“No vengo a salvar a nadie”, tuvo que declarar el ministro ante esa presión. El “nadie” es amplio y ambiguo, ya que también se le adjudica a Mahiques la presunta misión de controlar los expedientes judiciales más inquietantes para la Casa Rosada: las alegadas coimas de la causa de la Agencia Nacional de Discapacidad y la investigación sobre el lanzamiento de la criptomoneda $Libra.
Los críticos más empecinados de Mahiques, de la AFA (¿y también de Karina Milei?) sostienen que el ministro, a través del tesorero de la Asociación del Fútbol, Pablo Toviggino, podría en su momento acercar tres senadores de Santiago del Estero para facilitar, sin negociación con el bloque justicialista, la elección en la Cámara Alta de los dos jueces que en su momento completarán la Corte Suprema.
Así, quienes apuntan contra el ministro, conectan en el mismo disparo a la dirigencia del fútbol y a la posibilidad de que Karina Milei termine definiendo los rasgos de la Justicia argentina de los próximos lustros.
La política que importa
Entretanto, en Medio Oriente se sigue desarrollando una guerra que ya hace sentir sus consecuencias en el planeta entero e influirá, naturalmente, sobre la Argentina. Transcurridas casi tres semanas desde el primer ataque de Israel y Estados Unidos a Irán, este país sufre un castigo inenarrabl, pero muestra una gran capacidad de resistencia y respuesta: mantiene clausurado el estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20 por ciento del petróleo mundial,. golpea sobre instalaciones militares y petroleras de la región, determina una constante presión alcista sobre el precio del petróleo y, si la guerra continúa, la perspectiva de una catastrófica crisis energética (y, por lo tanto, productiva) mundial.
Donald Trump expuso durante este período distintos objetivos para esta guerra. El que más destacó fue la necesidad de rendición incondicional de Irán y el establecimiento de un gobierno iraní que le permita a Trump regir una transición política. Esto no parece estar ocurriendo hasta ahora. No está claro cuánta presión militar puede obligar a la conducción político-religiosa de la República Islámica a una rendición o a una negociación.
El tiempo corre para todos los actores de la guerra, pero exige en particular a Trump, que llegó a la presidencia con la promesa de no embarcarse en guerras interminables y en las elecciones de medio término del próximo noviembre se juega el manejo del Congreso que flanqueará la última mitad de su mandato.
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