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La Ciudad 3 de noviembre de 2026

Juan Lucas Martín: “Todavía no tenemos una estructura sólida para atender la salud mental”

El psicólogo y divulgador presentó en Mar del Plata “El Sentido”, una propuesta práctica para trabajar sobre el estrés, las emociones y las experiencias traumáticas. Habló del impacto que dejó la pandemia, y cuestionó la sobreexposición a las pantallas y las redes sociales.

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Juan Lucas Martín.

“La ansiedad presente y futura y el miedo presente y futuro son reacciones a lo que no resolví del pasado”, sostiene Juan Lucas Martín. Desde esa premisa, el psicólogo construyó buena parte de una propuesta que combina conocimientos de psicología con técnicas de respiración, meditación, regulación emocional y lo que denomina “ciencia de la compasión”.

“El Sentido” es un curso práctico de tres horas pensado para que quienes participan no solamente comprendan qué les ocurre sino que puedan llevarse herramientas concretas para utilizar después en su vida cotidiana.

“La idea es que las personas se vayan aliviadas, con un peso menos en los hombros y, sobre todo, con esperanza. Las herramientas se las llevan para practicarlas todos los días de su vida. No es solamente teoría”, explicó en una charla con “Agenda Real”, el programa de streaming de LA CAPITAL y Canal 8.

Según Martín, los problemas vinculados con la salud mental se profundizaron en todo el mundo después de la pandemia. “La ansiedad, la depresión, el índice de suicidio, todo eso aumentó un 35 o 40% a nivel global después de la pandemia en 2020. Fue muy fuerte el golpe y todavía hay personas que están con secuelas”, señaló.

Martín menciona entre ellas a quienes perdieron familiares, debieron cerrar sus negocios o atravesaron situaciones límite, pero también a quienes quedaron instalados en un estado de temor permanente, con la sensación de que en cualquier momento puede volver a ocurrir algo grave. Ese escenario.

“A nivel general no hay una estructura preparada como para atender a tantas personas. Se está haciendo lo que cada país puede, pero yo viajo por muchos países y no hay una estructura sólida”, indicó. Y agregó: “Antes no se le daba nada de lugar a la salud mental. Se le empezó a dar lugar en 2020, pero falta muchísimo”.

Martín explica que el organismo posee mecanismos naturales de respuesta ante situaciones de peligro, pero el problema aparece cuando ese sistema permanece activado aun cuando la amenaza desapareció. “El problema es cuando ese sistema de emergencia de lucha-huida está todo el tiempo encendido en el sistema nervioso. Ahí empiezan los trastornos de ansiedad, el ataque de pánico, la ansiedad generalizada, estar todo el tiempo pensando que algo malo va a pasar”, señaló.

Desde su perspectiva, determinadas experiencias traumáticas pueden permanecer asociadas durante años a sensaciones corporales. “Muchas veces el trauma se guarda en el cuerpo en forma de contractura, de dolor de estómago”, afirmó.

Martín es crítico de los abordajes que, frente al trauma, se concentran exclusivamente en el relato. “La terapia hablada, hablar y hablar sin conectar con eso, no da mucho resultado. Para otras cosas sí, pero para hablar del trauma solo lo empeora”, sostuvo. De todos modos, deja en claro que las herramientas que enseña no pretenden sustituir la intervención profesional cuando existe una patología. “Obviamente se acompaña con terapia”, aclaró.

Su interés por estas técnicas tiene también una historia personal. A los 21 años, mientras estudiaba Psicología, sufrió una hepatitis atípica que, según relató, registraba apenas diez casos conocidos en el mundo. Permaneció siete meses enfermo y después atravesó una extensa convalecencia. El tiempo prolongado en cama terminó generándole además problemas en la columna y los médicos le advirtieron que probablemente no volvería a correr, nadar ni andar en bicicleta.

“Empecé a practicar, ahí me recibí de psicólogo, empecé a hacer posgrados con estas técnicas y poco a poco empecé a regenerar mi columna. Hasta hace poco corrí triatlón muchos años”, recordó. Aquella experiencia se convirtió en un punto de inflexión.

La exposición a las pantallas

Martín advierte que la vida contemporánea incorpora además un problema adicional: un sistema nervioso sometido permanentemente a estímulos.

“Vivimos pendientes del teléfono, de las redes sociales, del laburo, de las noticias. No tenemos un minuto para hacer silencio, cerrar los ojos, plantearnos cómo estamos, qué queremos. La atención está secuestrada por todos los estímulos”, sintetizó. Y esa sobreestimulación adquiere, según advierte, una dimensión especialmente preocupante entre chicos y adolescentes. Martín cuestiona la exposición a las pantallas desde edades cada vez más tempranas y menciona como ejemplo a niños muy pequeños que permanecen durante largos períodos frente a una tablet o un teléfono. “Eso es muy malo para el sistema nervioso de los niños”, aseguró.

A esa exposición se agrega el universo de las redes sociales y la construcción permanente de modelos aparentemente perfectos de belleza, éxito, dinero o felicidad. El problema, explicó, es que los adolescentes todavía están formando las herramientas que les permiten establecer distancia frente a aquello que observan. “No tienen todavía ese criterio de discernir, entonces se creen lo que ven. Muchas veces ese ideal casi siempre no es verdad”, señaló.

El efecto puede ser paradójico: frustrarse incluso antes de intentar algo. “La envidia por las redes también. Envidia, frustración de decir: ‘Esto no lo voy a lograr nunca’. Entonces ya ni siquiera lo intento. Es una frustración anticipada”, explicó.

Frente a ese escenario, Martín vuelve sobre el pasado, pero aclara que no propone instalarse indefinidamente allí. “Hay que sanar desde el pasado. Las heridas de la infancia, no enfocándonos y quedándonos ahí. Es ir al pasado para resolver, perdonar, entender, resignificar y volver, no para quedarse años hablando del pasado, no para echarle la culpa a nuestro padre, a nuestra madre o a educadores. Es para resolver, entender por qué repito “Si no sano, repito, sin darme cuenta. Es inconsciente”.

Entre los problemas que observa con mayor frecuencia aparecen la depresión y las crisis de ansiedad. “Siempre hubo depresión, pero menos cantidad”, consideró, aunque admite que también pudo existir durante muchos años un menor conocimiento social y profesional para identificar determinados estados emocionales.

Uno de los trabajos que más lo impactó estuvo relacionado con los veteranos de la Guerra de Malvinas. Martín contó que les regaló un curso y trabajó con ellos sobre recuerdos traumáticos del conflicto. “Si alguien tiene trauma es alguien que fue a la guerra. Eso se llama T mayúscula en psicología del trauma”, explicó. Según relató, algunos participantes consiguieron reducir considerablemente la intensidad emocional asociada a determinados recuerdos.

Entre las herramientas que utiliza, una de las más sencillas es también una de las que considera más efectivas: respirar. “Es de las cosas más fáciles y rápidas que se utilizan en psicología y en medicina para calmar el sistema nervioso”, explicó. La técnica consiste en inhalar por la nariz durante cuatro segundos y exhalar lentamente durante seis. “Solo eso baja el estrés en un par de minutos”, indicó.

A esa práctica agrega otra todavía más cotidiana: agradecer. “No es obvio tener un techo, comida, bañarte con agua potable y caliente, y a veces lo damos por obvio”, reflexionó. La propuesta consiste en dedicar algunos minutos del día a reconocer aquello que se tiene y modificar, al menos momentáneamente, el foco de la atención. “Si nos dedicáramos todo lo que estamos pensando en el catastrófico futuro a agradecer, sobraría el tiempo”, planteó.

Martín encontró además en la propia geografía de la ciudad una herramienta disponible. “Tenemos el mar para meditar. Eso es un lujo, aprovéchenlo, es un lujo”, recomendó. Y dejó una frase que resume el espíritu con el que plantea su trabajo: “Nos merecemos vivir mejor. No vinimos a este mundo a pasarla mal. Todos tenemos golpes, pero tenemos que ser conscientes de que hay que hacer algo para salir”, concluyó.