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Deportes 4 de diciembre de 2016

El campeón del aguante

Kimberley se consagró gracias a su arquero. Entre River y las expulsiones le empinaron la cuesta. De claro favorito pasó a estar contra las cuerdas. Pero Zappacosta atajó un penal en los noventa, dos en la tanda decisiva y en ella metió el suyo. Así los de Mignini se quedaron con el Clausura.

Foto Osvaldo Braillard

por Sebastián Arana

En el escenario menos pensado. Se llevaron una sorpresa quienes esperaban una consagración tranquila de Kimberley. Errores propios y circunstancias puntuales lo bajaron del pedestal y lo metieron paulatinamente en el peligroso terreno de jugar el último cuarto de hora del partido con el marcador igualado y con dos hombres menos. Virtudes que tienen más que ver con el aguante que con el juego lo sacaron de tan peligroso trance y le posibilitaron llegar a los penales. Y las manos de Zappacosta, en definitiva, le permitieron aferrar la copa de este Clausura 2016 de la Liga Marplatense de Fútbol.

El arquero fue el héroe de esta consagración 7-6 por penales que desniveló el 1-1 de los noventa reglamentarios. Entonces fue clave para “bancar la parada” atajándole un penal a Cristian Castagnino cuando el marcador todavía estaba 1-0. Y en la tanda detuvo otros dos (en el restante que falló River lo salvó el travesaño cuando Budroni lo había engañado) y metió el suyo con la enorme presión de saber que si fallaba el título se iba para la avenida Juan B. Justo.

Kimberley, en consecuencia, disputará el próximo sábado -casi con seguridad en la cancha de San Lorenzo (ver aparte)- la Súper Final ante Banfield para definir el más importante de los títulos del año.

El partido tuvo la paridad que pocos esperaban. Pero le faltó la calidad que muchos creían asegurada.
El pecado original fue del propio Kimberley, impotente para establecer diferencia alguna en la media hora inicial. Ni siquiera la tan mentada superioridad física. River le disputó un partido de igual a igual, muy cerrado, sin refugiarse exageradamente en el fondo.

El elenco de Mignini falló pases, perdió anticipos y no tuvo desbordes. Toda posibilidad fue clausurada por la seguridad de Amodio y Luna, impasables para Goiburu, Rondanina y compañía.

Esa solidez defensiva de River se prolongaba en el criterio de Alves, de lo mejor del partido. Pero, a su vez, al mediocampista le faltaron interlocutores válidos para llevar el partido más cerca de Zappacosta.

Más allá de un cabezazo desviado de Rondanina, poco pasó en la media hora inicial. Pero a los 31′ Pampín (inflexible con las tarjetas) le mostró la segunda amarilla a Cebada y Kimberley quedó con uno menos.

Ese cuarto de hora final de la primera parte fue lo mejor del partido. River se animó y los de Mariano Mignini tuvieron algún espacio más para generar aproximaciones peligrosas. De todos modos, en una de estas manos pegadas al cuerpo que con el cambio reglamentario suelen interpretarse intencionales cuando no lo son, el gol lo encontró en una circunstancia fortuita. Barreiro tiró un “sombrero” que rebotó el brazo pegado al cuerpo de Paraschuk. Pampín cobró penal y Rondanina lo convirtió. Tras cartón, tras una genialidad de Goiburu, Baigorria se perdió el gol que pudo definir la historia.

El segundo tiempo volvió a los carriles normales. Kimberley se preocupó de defender la ventaja y cedió la iniciativa. Casi nunca River se sintió muy cómodo con ella. Y menos fue capaz de generar peligro.
Sin embargo, los imponderables lo pusieron a tiro del vuelco. A los 17′ Coppens derribó a De Martis dentro del área y Pampín dio penal. Lo ejecutó Castagnino y Zappacosta adivinó la intención y atajó.

El cielo parecía caerse sobre River. Sin embargo, Barreiro se hizo amonestar dos veces en dos minutos y dejó a su equipo con otro menos. Y, a los 29′, Coppens resbaló en una salida de fondo, Allamanda le birló la pelota y Fares tuvo que derribar a De Martis cuando enfilaba hacia el arquero. El propio delantero se hizo cargo, no falló y dejó la pulseada igualada cuando faltaba un cuarto de hora.

Los chicos de Ramajo no pudieron aprovechar la gran ventaja de jugar con dos más la recta final. El equipo “tripero” no abandonó su línea de cuatro para controlar a Goiburu y dividió la pelota más de lo aconsejable. Así no pudo lastimar ni una vez. En consecuencia, Kimberley aguantó con uñas y dientes y logró el objetivo de llegar al Purgatorio de los penales.

Ahí, en una definición dramática, que osciló hacia un lado y otro, tuvo al as de espadas para volver a quedarse con un torneo “chico” después de tres años. Y para lograr el pasaporte para jugar por el que siempre quiso, el anual, que no gana hace cinco.

Síntesis

Kimberley 1 (7): Zappacosta (10); Guido Lucero (6), Coppens (4), Bautista Fares (6) y Juan Cebada (4); Patricio Rodríguez (6), Servera (5) y Matías Barreiro (5); Joaquín Baigorria (5); Rondanina (6) y Goiburu (5). DT: Mariano Mignini.

River 1 (6): Budroni (6); Paraschuk (5), Amodio (6), Enzo Luna (6) y Vijarra (5); Juan Alves (7), Paicil (6), Cristian Castagnino (5) y Gonzalo Junco (5); De Martis (5) y Allamanda (4). DT: Eugenio Ramajo.

Goles: en el primer tiempo, 44′ Rondanina, de penal; en el segundo tiempo, 30′ De Martis, de penal.
Cambios: en el segundo tiempo, 15′ Miguel Maldonado (5) por Junco y Jonatan Chavez (5) por Paicil, 21′ Lautaro García por Servera, 25′ Joaquín Solaberrieta por Rondanina y 42′ Cartalá por Patricio Rodríguez.
Incidencias: en el primer tiempo, 31′ expulsado Cebada; en el segundo tiempo, 19′ Zappacosta le atajó un penal a Castagnino y 24′ expulsado Barreiro.
Definición por penales: para River marcaron Maldonado, Alves, Paraschuk, Castagnino, Luna y Vijarra, Budroni desvió su remate y Zappacosta atajó los de De Martis y Allamanda; para Kimberley convirtieron Fares, Cartalá, Solaberrieta, Baigorria, García, Zappacosta y Goiburu y Budroni detuvo los de Lucero y Coppens.
Cancha: San Lorenzo (regular).
Arbitro: Juan Cruz Pampín (5).