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Opinión 8 de agosto de 2026

La apuesta a la reelección obliga a buscar aliados

Panorama político nacional de los últimos siete días

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Por Jorge Raventos

Contrariando el diagnóstico previo de la jefa del bloque libertario en el Senado, Patricia Bullrich, el oficialismo debió resignar el último jueves dos capítulos centrales de su ya miniaturizado proyecto de defensa de la propiedad privada para poder ufanarse de su aprobación.

Los capítulos que fueron abdicados eran aquellos a los que el oficialismo otorgaba la mayor importancia. El capítulo III habilitaba la venta de tierras a ciudadanos y empresas extranjeros, el artículo IV, por su parte, tendía a eliminar restricciones al cambio de uso de terrenos incendiados. Las modificaciones que impulsaba el Gobierno no colocaban ningún impedimento a la quema de campos para cambiar su uso, venderlos por un precio más bajo o llevar adelante grandes proyectos inmobiliarios..

El motivo de la resignación de esos puntos por el oficialismo fue que no consiguió consenso de las fuerzas provinciales que suelen colaborar con el gobierno en el Congreso. En términos propagandísticos, el hecho de que el gobierno insistiera, durante las sesiones preparatorias y durante el debate, en que las actuales limitaciones al cambio de uso de tierras incendiadas habían sido impuestas por Máximo Kirchner terminó convirtiéndose en un bumerán: el retiro del Capítulo IV fue así acreditado como una victoria del kirchnerismo sobre los libertarios, lo que, si bien parcialmente verídico, no se ajusta a la realidad: lo decisivo fue el voto de las fuerzas provinciales que, desde el propio bloque libertario, son acusadas de “tibias”.

Espíritu nacional y brochazos nacionalistas

El punto III del proyecto (venta de tierras a extranjeros) parecía controvertido ya cuando se presentó y su situación se volvió irremontable después de la vigorización del espíritu argentinista que impulsaron los episodios del Mundial de Fútbol así como la llamada “campaña antiargentina” que se lanzó casi coincidentemente con la victoria deportiva sobre Inglaterra y con la exhibición en el estadio de la bandera que reivindicaba la soberanía argentina sobre las Malvinas.

Mientras proponía un proyecto para facilitar la venta de tierras (inclusive en las fronteras) a extranjeros, el presidente Milei denunciaba la existencia de una campaña internacional contra el país y atribuía reiteradamente responsabilidades al gobierno brasileño y a sectores del Partido Demócrata estadounidense. Asimismo, modificaba por decreto la legislación migratoria para habilitar sanciones contra extranjeros acusados de agraviar al país.

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Más allá de la discusión jurídica, la contradicción resulta reveladora y cabe atribuirla a cambios en el clima político. Un gobierno que ha construido su identidad alrededor de la libertad individual, la reducción del poder estatal y el desdén por argumentos soberanistas, aparece ahora recurriendo a un discurso con brochazos nacionalistas y a instrumentos regulatorios que habría cuestionado en otras circunstancias y que omitía en el proyecto de venta de tierras.

Parece el síntoma de un oficialismo que comienza a sentir el desgaste de la gestión y procura espasmódicamente fortalecer un relato identitario para conservar iniciativa política.

Variación del clima

Las variaciones de clima constituyen el telón de fondo de la etapa que atraviesa hoy la Argentina. Las encuestas muestran un deterioro persistente de la imagen presidencial. La evaluación negativa del gobierno supera ampliamente a la positiva y la percepción sobre la situación económica personal también empeora. La inflación dejó de ocupar el centro absoluto de las preocupaciones cotidianas; hoy crecen inquietudes vinculadas con el empleo, el disgusto por el bajo nivel de actividad, los salarios y las dificultades para sostener niveles de consumo, que siguen deteriorándose..

Ese desgaste no se señala únicamente desde la oposición. También se manifiesta dentro del propio oficialismo y en sectores que simpatizan claramente con la línea del gobierno. En el núcleo central de los libertarios se apunta sobre todo contra la falta de sentido político de Federico Sturzenegger, que empuja medidas audaces y disruptivas sin tomar en consideración la relación de fuerzas en la que se mueve el oficialismo. Las críticas a Sturzenegger son, si bien se mira, silenciosas objeciones al propio Presidente, que es quien más alienta las temerarias ocurrencias de su ministro de Desregulación.

Las diferencias públicas entre dirigentes de primera línea como las tensiones permanentes con la vicepresidenta Victoria Villarruel revelan un proceso de fragmentación interna incentivado por los costos del ejercicio del poder.

Sería un error, sin embargo, interpretar estos síntomas como el anuncio de un cambio político inevitable.

La principal paradoja del momento argentino consiste precisamente en que, aunque el gobierno pierde apoyo en la opinión pública, conserva una considerable capacidad para ordenar el debate económico.

Después de décadas en que el déficit fiscal, la emisión monetaria y la inflación convivían con relativa naturalidad dentro del sistema político, la administración Milei consiguió modificar algunas de las premisas centrales de esa discusión. El equilibrio de las cuentas públicas, la disciplina monetaria y la reducción de la inflación pasaron, de ser banderas exclusivas del oficialismo a convertirse, con distintos matices, en objetivos compartidos por buena parte del arco político.

Ese desplazamiento constituye probablemente la transformación más profunda producida desde 2023.

La discusión ya no enfrenta a quienes desean estabilidad con quienes prefieren inflación. Esa alternativa perdió vigencia. El debate comienza a organizarse alrededor de otra pregunta: cómo preservar la estabilidad macroeconómica y, al mismo tiempo, recuperar crecimiento, producción y empleo.

Numerosos sectores industriales enfrentan dificultades para competir en un contexto de apertura comercial y apreciación cambiaria; el empleo privado muestra escaso dinamismo y amplios sectores sociales no perciben todavía mejoras concretas en su situación cotidiana. La estabilidad, condición necesaria para el desarrollo, todavía no se traduce en una expansión suficientemente vigorosa de la producción ni en una recuperación sensible de los ingresos, ni, para una amplia mayoría, en incremento de la capacidad de consumo.

En ese contexto el gobierno ha fijado como prioridad política la lucha por la reelección. Analistas que respaldan el rumbo oficial miran las cosas con preocupación. “Creo que la reelección del Presidente depende de que el resto de la economía crezca al menos 2% de acá en adelante. -considera, por caso, Miguel Ángel Broda- ¿Va a crecer ese 2%? Lo veo difícil, porque los motores están muy averiados”,

Otro especialista apreciado en la Casa Rosada, Ricardo Arriazu, observa con inquietud los tiempos que requiere la concreción de las reformas de Milei: “Esto va a generar bolsones de descontento, bolsones de desempleo y de pobreza, justo en la zona políticamente más intensa”. Para Arriazu es preciso que el gobierno practique política económica más que esperar un automatismo de los mercados; “se trata de un fenómeno que requiere estudio y una respuesta de política pública, no una resolución espontánea. Hay que pensar cómo se resuelve el problema. Hay que pensarlo”, dijo ante una distinguida audiencia empresarial.

Milei puede exhibir éxitos relevantes en materia macroeconómica (habrá que ver qué inflación descubrió el INDEC en julio, un mes en que la inflación porteña trepó un punto sobre la del mes anterior). En cualquier caso, encuentra crecientes dificultades para convencer a una parte de la sociedad de que esos avances mejorarán efectivamente su vida cotidiana. Sin embargo, esa pérdida de apoyo no encuentra todavía un beneficiario claro.

La oposición está fragmentada y carece de un programa alternativo consistente. Las distintas expresiones del peronismo, el radicalismo y los sectores surgidos de la antigua coalición de Juntos por el Cambio coinciden en señalar los costos sociales del ajuste, pero aún no consiguen ofrecer una síntesis convincente entre estabilidad macroeconómica y desarrollo productivo. Ese vacío explica por qué, a más de un año de la elección presidencial, el escenario permanece abierto.

Tres episodios influyentes

Las proyecciones electorales muestran al oficialismo lejos de la fortaleza que exhibía al comienzo de la gestión, pero también exhiben una oposición incapaz por ahora de consolidar una alternativa competitiva.

En ese contexto, tres acontecimientos internacionales contribuirán a moldear el clima político argentino durante los próximos meses. El primero será la elección presidencial brasileña.

Brasil continúa siendo el principal socio económico de la Argentina. La disputa entre Lula da Silva y la candidatura que representa al bolsonarismo no definirá únicamente el rumbo del mayor país sudamericano; también influirá sobre el equilibrio ideológico del Mercosur y sobre el margen de acción internacional del gobierno argentino.

El comportamiento de Milei en su reciente visita a San Pablo y su insistencia en los ataques personales a Lula han disparado una crisis diplomática que se agravó. Brasil decidió que su embajador no volviera a Buenos Aires y mantener la relación al nivel de encargados de negocios. La Casa Rosada y sus voceros alegan que Milei, al viajar a dar su apoyo a Flavio Bolsonaro, no hizo nada demasiado diferente a lo que en su momento hizo Lula respaldando la candidatura de Alberto Fernández o visitando a Cristina Kirchner después de su condena. Sin embargo, lo que se le imputa a Milei no es un presunto delito de opinión o su preferencia por Bolsonaro, sino el maltrato y las ofensas inferidas al Presidente de Brasil y a un juez de la Corte, Una cosa es opinar diferente (lo que es legítimo) y otra muy distinta es lanzar improperios e insistir con ellos. Una victoria de Lula en octubre consolidaría un liderazgo regional contrapuesto al impulsado por Milei, que se siente naturalmente destinado a monitorear una red latinoamericana de gobiernos y movimientos políticos afines con Donald Trump y quiere anotarse el mérito de incorporar a ese equipo un Bolsonaro victorioso.

Pocos días después del comicio brasilero tendrán lugar las elecciones legislativas de medio término en Estados Unidos. Donald Trump constituye hoy el principal aliado internacional de Milei y la administración del republicano enfrenta un escenario más complejo que el de comienzos de año. La guerra iniciada contra Irán viene durando mucho más de lo que la Casa Blanca predijo, incrementó significativamente el gasto militar de su país. elevó los precios internacionales de la energía (particularmente el de la gasolina para los automovilistas estadounidenses) y generó tensiones dentro de un electorado que había acompañado al republicano con la expectativa de una agenda concentrada en las cuestiones internas y alejada de aventuras militares exóticas.

Si, como anticipa la mayoría de las encuestas, el Partido Republicano sufriera un retroceso importante en noviembre, decaería proporcionalmente el peso político de uno de los principales respaldos del gobierno argentino.

Iglesia y mileísmo: la visita de León XIV

Finalmente, durante ese mismo mes de noviembre, León XIV realizará su primera visita a América del Sur, incluyendo una escala de varios días en la Argentina.

El viaje excede ampliamente la dimensión religiosa. Representará un acontecimiento político y cultural de enorme impacto simbólico. Después de años de una relación compleja entre Javier Milei y la Iglesia Católica, la presencia del Pontífice ofrecerá una imagen de convocatoria nacional difícil de ignorar en medio de una sociedad atravesada por las tensiones económicas y por el inicio anticipado de la campaña presidencial. La tradicional concurrencia de fieles a San Cayetano los 7 de agosto se incrementó notablemente este año: un índice no estadístico de la situación social.

El obispo de la ciudad de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, pronunció frases muy firmes Aseguró que los argentinos el pueblo argentino “no quieren resignarse a que el trabajo sea una mercancía y que haya que tener dos o más empleos para llegar a fin de mes, o caer en la trampa de los créditos que endeudan y asfixian a muchísimas familias”. Un cuestionamiento a la precarización laboral, al endiosamiento del mercado y a la idea de que los abusos financieros que han elevado sideralmente la morosidad de los más humildes son “negociaciones entre privados”. García Cuerva reflexionó sobre la paciencia extrema que muestra la sociedad y criticó que “pasiva y silenciosamente nos resignamos a que las cosas aumenten: el boleto de transporte público, las tarifas, los alquileres, los alimentos”.

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Es a priori obvio que hay una marcada distancia entre los principios que orientan la gestión libertaria y la doctrina social de la Iglesia que encarna León XIV, inminente visitante del país. La presencia del pontífice estimulará, probablemente, la emergencia de los valores y las corrientes profundas que discurren en el alma de la multitud, cuya intensidad sólo se percibe excepcionalmente.

Aunque ninguno de esos episodios que confluyen prácticamente en el mismo momento del calendario. determinará por sí mismo el resultado de la elección argentina, todos contribuirán a configurar el contexto político en el que esa elección empezará verdaderamente a decidirse. Por eso, es posible que a partir de finales de este año el paisaje político empiece a mostrar otra configuración y otro balance. En cierto sentido, hay ha empezado a cambiar: observando la preocupación oficialista después de la frustrada ofensiva en el Senado y la decisión de priorizar los acuerdos con los aliados, los gobernadores más dialoguistas seguramente se sienten más empoderados y en capacidad de poner condiciones de todo orden –económicas, financieras y políticas- al gobierno central. Si el gobierno quiere tener chances de ganar la reelección deberá empezar a hacer ejercicios de cogobierno.

La paradoja argentina puede resumirse en una frase. El gobierno llega al segundo tramo de su mandato simultáneamente más fuerte y más débil. Más fuerte porque consiguió instalar un nuevo consenso alrededor de la estabilidad macroeconómica, el equilibrio fiscal y el combate contra la inflación. Más débil porque todavía no logra convertir esa estabilidad en crecimiento sostenido, empleo de calidad y expectativas compartidas de progreso.

Esa tensión atraviesa hoy a todo el sistema político. El oficialismo conserva la iniciativa intelectual en materia económica, pero pierde apoyo social cuando se excede en su “batalla cultural”. Las oposiciones –tanto la más como la menos colaborativa- registran el desgaste del gobierno, aunque todavía no consiguen articular una propuesta capaz de combinar disciplina macroeconómica con desarrollo productivo y cohesión social.

El fenómeno más importante de estos años no sería que Milei conserve apoyo electoral, sino que ya ha conseguido desplazar el centro de gravedad del debate económico argentino, constituyendo una nueva hegemonía cultural, que no incluye toda su receta ideológica, sino los tres o cuatro puntos de sentido común que hasta su irrupción el sistema político tradicional había desdeñado o ignorado.

En definitiva, la elección de 2027 probablemente no enfrentará dos modelos económicos antagónicos, como ocurrió en otras etapas de la democracia argentina. La verdadera disputa será otra: quién logra administrar con mayor eficacia un consenso nuevo —el de la estabilidad— y, al mismo tiempo, ofrecer una respuesta creíble a la demanda persistente de crecimiento, empleo, movilidad social, solidaridad y bienestar que todavía evoluciona en silencio.

¿Habrá un mileísmo pragmático, corrido hacia el centro y dispuesto a abrir su gobierno o surgirá un proyecto alternativo que sintetice las preocupaciones populares y el núcleo decisivo de las innovaciones que auspició Milei?