CERRAR

La Capital - Logo

× El País El Mundo La Zona Cultura Tecnología Gastronomía Salud Interés General La Ciudad Deportes Arte y Espectáculos Policiales Cartelera Fotos de Familia Clasificados Fúnebres
Deportes 22 de septiembre de 2026

La carta que escribió Tulio Crespi antes de morir

El reconocido armador de autos de carrera falleció a los 88 años.

Agregar La Capital en

Tulio Crespi, leyenda del automovilismo argentino, murió a los 88 años. Fue constructor, preparador y creador de autos de competición, desarrolló proyectos en distintas categorías y llevó algunas de sus creaciones hasta Europa. También se animó a manejar uno de sus propios autos, debutó y ganó.

Es que Crespi comenzó como preparador durante los años 60 y en 1963 se animó a dar un paso más: construyó un monoposto con motor NSU, se puso al volante y ganó en su primera carrera, disputada en el autódromo de Buenos Aires. Con el paso de los años, su fábrica en Balcarce se convirtió en uno de los puntos de referencia para la construcción de autos de carrera.

Allí nacieron los chasis Tulia y diferentes monopostos destinados a categorías formativas. Su trabajo tuvo una presencia especialmente importante en la Fórmula Renault Argentina, aunque también estuvo relacionado con el Turismo Carretera, el TC 2000, la Fórmula 2 Nacional y la Fórmula 3 Sudamericana.

Por eso la noticia de su muerte causó profundo pesar en el mundo del automovilismo. El Club Mercedes Benz Argentina, “Juan Manuel Fangio” hizo llegar una nota a esta redacción enviando sus “condolencias a la familia Crespi por el fallecimiento de Tulio Crespi, gran colaborador de las actividades del Club, quedará por siempre en nuestros corazones”. La nota lleva la firma de Guillermo Casanello y Mario Miccio, presidente actual y socio fundador respectivamente.

Crespi dejó escrita una carta antes de morir que su familia hizo pública.

La carta de Tulio Crespi

Si están leyendo esto, es porque me tocó largar mi última carrera.

Quiero que sepan que me voy en paz, tranquilo, después de pelearla como pude con esta enfermedad que me tocó al final del camino. Pero no quiero que hablen de eso. No quiero que me recuerden por cómo me fui, sino por cómo viví.

Viví 88 años haciendo exactamente lo que amé. ¿Cuánta gente puede decir eso?

Nací prácticamente en Chacarita con un martillo en la mano. Fui creciendo, laburando, aprendiendo de los fierros, y con mucho sacrificio me fui a Balcarce a hacer mi vida y mi historia. Ahí construí todo lo que soñé de pibe.

Gracias.

Gracias a mi familia, que me bancó siempre. Que me perdonó las horas en el taller, la grasa en las manos, los domingos en el autódromo en vez de en casa. Sin ustedes, nada de lo que hice hubiera tenido sentido. Ustedes fueron mi verdadero campeonato.

Gracias a mi equipo de trabajo, a mis empleados y a mis proveedores, que juntos creamos las primeras piezas únicas de un auto de competición. Cada chasis, cada soldadura, cada pieza hecha a mano lleva el esfuerzo de todos. Nada lo hice solo.

Gracias a todos los pilotos que confiaron en mí. A los que se subieron a un Crespi sin saber si iban a llegar, pero con la ilusión intacta. Cada triunfo suyo fue mi triunfo.

Gracias al ambiente del automovilismo. A los mecánicos, a los chapistas, a los rivales que fueron amigos, a los que me enseñaron cuando yo no sabía nada y a los chicos que hoy venían a preguntar. Yo nunca me creí más que nadie. Fui un laburante del fierro, un artesano que tuvo la suerte de convertir su pasión en su trabajo.

No estén tristes por mí. Sigan haciendo ruido. Sigan armando autos en talleres chiquitos pensando que pueden ganarle a los grandes, porque yo pude y lo hice.

Dejo mi fábrica en manos de mis hijos para continuar mi legado. Queda todo ahí, para que siga girando.

Gracias por estos ochenta y ocho años de confianza. ¡Viva la vida, vamos que se puede!

Gracias, gracias, gracias